
Últimamente quiero creer que cualquiera con un interés mínimo en la tecnología o la informática ha oído hablar del internet de las cosas o Internet of Things como lo llaman en inglés. Es esa moda muerta y resucitada de sus cenizas del nuevo milenio y que se ha convertido, hasta cierto punto, en algo con lo que ya convivimos. Coches conectados por internet de 3 o 4G, domótica con sincronización wi-fi y un sinfín de artículos y adaptaciones tecnológicas que apuntan a hacer de nuestra vida una gran conexión contínua; todo gracias a ese concepto maravilloso que llamamos INTERNET.
Sí, la tecnología recientemente ha llegado muy lejos, y la resurrección del IoT era algo esperable en algún momento de este proceso evolutivo. La idea de este tipo de conexión masiva lleva dando vueltas desde los tiempos de las novelas de ciencia ficción de mediados del siglo pasado, cuando el concepto de internet era todavía algo sobre lo que se podía especular, y principalmente se lo trataba como tema de relativa fantasía. Al final, el día ha llegado, y estamos aquí para comentar algunas de las propuestas más ridículas o inútiles que han salido o van a salir pronto entre la gama de productos del IoT. Quiero decir, ¿de qué te servirá una máquina conectada a internet que puedes programar para que te haga café caliente con una aplicación de móvil, si realmente no puedes unir las piezas del resto de tu día? A mi me resulta bastante estúpido.
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