Elon Musk ha vuelto a agitar el debate sobre el transporte en Estados Unidos con una afirmación que suena tan ambiciosa como todas las que salen de su boca: The Boring Company, su empresa de túneles, podría construir un Hyperloop entre Los Ángeles y San Francisco por menos del 5% de lo que está costando el proyecto de tren de alta velocidad de California. Con un presupuesto estimado del tren bala que ya supera los 126.000 millones de dólares, Musk habla de hacerlo por menos de 6.000 millones. La pregunta no es si la cifra suena atractiva —lo es—, sino si tiene algún fundamento real.
La declaración, publicada el 9 de abril de 2026 en su plataforma X, iba acompañada de una crítica directa al gobernador de California, Gavin Newsom, y al proyecto California High-Speed Rail, que lleva más de dos décadas en desarrollo, ha triplicado su presupuesto original y aún no ha transportado a un solo pasajero entre las dos ciudades.
¿Qué propone exactamente Musk con el Hyperloop en 2026?
La idea del Hyperloop no es nueva. Musk publicó un white paper en agosto de 2013 describiendo un sistema de cápsulas presurizadas que viajarían por tubos de vacío parcial a velocidades superiores a 1.000 km/h, cubriendo la distancia entre LA y San Francisco en apenas 35 minutos. En aquel momento, estimó el coste entre 6.000 y 7.500 millones de dólares y ofreció el concepto como diseño abierto para que cualquier empresa lo desarrollara.
Lo que ha cambiado en 2026 es el enfoque. Musk ya no habla tanto del tubo de vacío original como de un túnel subterráneo de alta velocidad construido con las tuneladoras de The Boring Company, que han reducido significativamente los costes de excavación respecto a los métodos convencionales. La empresa ya opera el Loop de Las Vegas, un sistema de transporte subterráneo con coches Tesla que conecta varias estaciones del Convention Center. Funciona, pero a velocidades muy inferiores a las prometidas por el concepto Hyperloop original.
La propuesta actual parece ser un híbrido: túneles excavados con tecnología Boring Company, pero con vehículos o cápsulas capaces de alcanzar velocidades significativamente superiores a las del Loop actual. Los detalles técnicos, sin embargo, brillan por su ausencia, como suele ocurrir con los anuncios de Musk en redes sociales.
¿Por qué el tren de alta velocidad de California es un desastre presupuestario?
Para entender por qué la propuesta de Musk genera tracción mediática, hay que mirar el proyecto que critica. El California High-Speed Rail fue aprobado por los votantes en 2008 con un presupuesto estimado de 33.000 millones de dólares. En 2026, esa cifra ha escalado hasta los 126.000 millones, y la fecha de finalización se ha aplazado repetidamente. El tramo que está en construcción activa conecta Merced con Bakersfield, dos ciudades del Valle Central que nadie asocia con el glamour del corredor LA-SF.
Los problemas son múltiples: adquisición de terrenos más costosa de lo previsto, litigios medioambientales, inflación en materiales de construcción y una burocracia estatal que multiplica los plazos. Para contextualizar, China ya comenzó pruebas con su Hyperloop en 2023, avanzando con prototipos funcionales mientras California sigue debatiendo trazados.
Este desastre de gestión es lo que convierte a Musk en un crítico creíble para muchos californianos, a pesar de que sus propias promesas de transporte tienen un historial de incumplimiento igualmente notable. El Loop de Las Vegas, por ejemplo, debía funcionar a 240 km/h y opera a poco más de 50 km/h.
¿Tiene The Boring Company la capacidad técnica para un proyecto así?
Aquí es donde la propuesta se complica. The Boring Company ha demostrado que puede excavar túneles más baratos que la competencia. Su tuneladora Prufrock ha reducido costes a una fracción de lo habitual en el sector, y la empresa tiene contratos activos en Las Vegas, Austin y San Antonio. Pero hay una diferencia abismal entre excavar un túnel urbano de 3 kilómetros y construir una infraestructura de transporte de 600 kilómetros entre dos metrópolis.
La historia del transporte de alta velocidad demuestra que la excavación es solo una parte del coste. Las estaciones, los sistemas de señalización, la seguridad, las pruebas de certificación y, sobre todo, la adquisición de derechos de paso subterráneos representan un porcentaje enorme del presupuesto total. Musk, que ya propuso en 2017 la posibilidad de unir España y Marruecos con Hyperloop, tiene la costumbre de anunciar proyectos que luego no se materializan o se reformulan drásticamente.
Por otro lado, hay que reconocer que la innovación en transporte necesita voces disruptivas, incluso cuando exageran. Sin la presión mediática de propuestas como la de Musk, proyectos gubernamentales como el tren de California difícilmente recibirían el escrutinio público que merecen. Es un equilibrio incómodo: el provocador que dice verdades a medias puede ser más útil para el debate público que el burócrata que dice verdades completas pero no genera ninguna conversación.
¿Qué dice la ingeniería sobre la viabilidad real del Hyperloop?
Más allá de las declaraciones de Musk, la comunidad de ingeniería civil tiene una opinión relativamente consensuada: el Hyperloop es técnicamente posible pero económicamente cuestionable a escala intercity. Mantener un vacío parcial en un tubo de cientos de kilómetros requiere una infraestructura de bombeo y sellado extraordinariamente costosa. Cualquier fisura o incidente de presurización plantea riesgos de seguridad que no tienen equivalente en el transporte ferroviario convencional.
Los trenes maglev, como el prototipo chino que alcanza 800 km/h mediante levitación magnética, representan una alternativa probada que logra velocidades similares sin las complejidades del vacío. Japón opera su Chuo Shinkansen maglev desde hace décadas y China tiene proyectos avanzados con velocidades que superan lo que Musk propone.
La realidad más probable es que ni el Hyperloop de Musk ni el tren de alta velocidad de California se completen según lo prometido. California probablemente terminará un sistema ferroviario más modesto y costoso de lo planificado, mientras que Musk seguirá proponiendo alternativas llamativas que mantienen la conversación viva pero que rara vez se concretan fuera de contextos controlados como Las Vegas. Mientras tanto, el debate sirve para poner de manifiesto algo que ambas partes prefieren ignorar: Estados Unidos ha perdido la capacidad de construir infraestructura de transporte eficiente, y recuperarla requerirá mucho más que túneles baratos o presupuestos inflados.