
Aunque muchas veces basta con ver quién es el desarrollador, registros de popularidad, calificaciones, datos de actualizaciones o las recomendaciones de usuarios y sitios web para proceder con la instalación de una extensión, estas variables no son infalibles, mas cuando ni siquiera se registran -como sucede con varias de las que apenas nacen y que pocos han probado-. Entra allí a jugar el tema de la seguridad pues una extensión instalada sin cuidado, por ejemplo, cediendo permisos con confianza desmedida, puede poner en riesgo la totalidad de datos personales y contenidos compartidos a través del navegador.








