
Si algo positivo ha salido al aire con la eclosión de las redes sociales y la incorporación de éstas a nuestros hábitos y costumbres, es la transparencia… La puesta en marcha del nuevo algoritmo Google no ha sido casual y tampoco puede analizarse desde una perspectiva exclusivamente tecnológica o circunscrita al ámbito de los negocios online.
La apuesta por la calidad y el compromiso que definen los parámetros sobre los que se guiará el robot, no es sino la constatación que transitamos hacia un ciclo más humano, donde los valores intrínsecos a las personas, son la consigna para lograr un nuevo comienzo y un nuevo orden social.
Extendiendo sus tentáculos a todos los usos y hábitos, las redes sociales encienden el debate en materia laboral.
Mientras son numerosos los focos que informan sobre una tendencia de apertura por parte de las marcas a las redes sociales atendiendo a criterios de aumento de la productividad e identificación de nuevos líderes, la toma de conciencia sobre lo vulnerable que puede llegar a ser una reputación online en un momento de libertad histórica, comienza a ser objeto de diálogo.
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Como usuario, debo reconocer que el uso de las redes sociales tiene una fortaleza de la que es imposible abstraerse; partiendo de esa sensación confortable que supone compartir con personas que se esfuerzan por ser “mejores “ que vinculada con la naturaleza infinita de la red social en cuanto a prestaciones y posibilidades, es una realidad que el tránsito por los social media puede suponer cierto grado de adicción, sin fanatismos pero… las redes sociales son parte de nuestras vidas y parte activa, como la red.
Como ya hemos comentado, 



