Alphabet, la matriz de Google, ha firmado un acuerdo de suministro de energía nuclear con Constellation Energy por 890 megavatios distribuidos en once unidades reactoras en tres estados: Illinois, Pensilvania y Nueva Jersey. La inversión comprometida supera los 4.300 millones de dólares (≈ 4.042 millones de euros). Es el mayor contrato de energía nuclear corporativo de la historia de la industria tecnológica y llega en un momento en que la demanda eléctrica de los centros de datos de IA ha convertido la seguridad energética en una prioridad estratégica para las Big Tech.
El acuerdo no es un proyecto de construcción de nuevas centrales: Constellation operará las instalaciones existentes —principalmente de la planta Limerick en Pennsylvania, Braidwood en Illinois y Salem en Nueva Jersey— y Google comprará la producción durante el periodo acordado. La nuclear ya funciona; lo que cambia es quién la consume y a qué precio.
Llevo desde 2019 siguiendo la carrera de las grandes tecnológicas por asegurar suministro energético limpio y predecible. La diferencia entre las operaciones de compra de energía renovable de 2019 y este acuerdo nuclear de 2026 es de naturaleza: antes compraban energía verde para compensar su huella. Ahora compran energía base para garantizar continuidad operativa.
Google y Constellation Energy: 890 megavatios repartidos entre tres estados
Los 890 MW del acuerdo no son capacidad nueva instalada sino producción garantizada de instalaciones ya existentes. Constellation es el mayor operador de energía nuclear en Estados Unidos con una flota de 21 reactores. El acuerdo con Google representa una porción significativa de la producción de tres de sus plantas y el equivalente a cubrir el consumo eléctrico de aproximadamente 670.000 hogares estadounidenses de forma continua.
Para Google, el atractivo de la nuclear frente a las energías renovables es la disponibilidad base: los paneles solares y los aerogeneradores producen según las condiciones meteorológicas, con una factor de capacidad del 25-35% en el mejor de los casos. Una central nuclear opera con un factor de capacidad cercano al 90%, produciendo electricidad de forma constante durante todo el año. Para los centros de datos de IA, que necesitan energía ininterrumpida los 365 días del año con picos de consumo impredecibles, la constancia es un valor que las renovables no pueden garantizar sin almacenamiento masivo.
La apuesta de Google por la energía nuclear para sus centros de datos había sido anunciada en términos generales con anterioridad. Este acuerdo con Constellation es la materialización concreta con cifras y plantas identificadas. El tamaño del compromiso —4.300 millones de dólares— indica que no es un proyecto piloto sino una apuesta estratégica de infraestructura.
¿Por qué la inteligencia artificial necesita energía nuclear y no puede esperar a las renovables?
La demanda eléctrica de los modelos de IA de frontera es cualitativamente diferente de la demanda de los servicios digitales convencionales. Una búsqueda en Google convencional consume en torno a 0,3 watios-hora. Una consulta a un modelo de lenguaje grande como Gemini Ultra consume aproximadamente 10 watios-hora, unas 33 veces más. A escala de millones de consultas diarias, la diferencia es estructural.
La transición de Google de buscador a proveedor de IA generativa implica multiplicar por un factor significativo su consumo eléctrico por interacción. Los centros de datos diseñados para el tráfico web convencional no tienen ni la potencia instalada ni la estabilidad de suministro que requiere el entrenamiento y la inferencia de modelos grandes. La decisión de comprar energía nuclear es en parte climática —cumplir compromisos de emisiones netas cero— y en parte pragmática: es la única fuente con la densidad de potencia y la disponibilidad suficiente para los planes de expansión de IA.
Microsoft apostó por la energía nuclear para sus centros de datos en 2023, con el acuerdo para reabrir la planta de Three Mile Island en Pennsylvania. El movimiento de Google con Constellation sigue esa misma lógica pero a mayor escala y con múltiples instalaciones, lo que reduce el riesgo de concentración en un solo punto de suministro.
Más de 4.300 millones de dólares: el momento en que la IA se convierte en política energética
Un acuerdo de este tamaño no es solo un contrato comercial. Tiene implicaciones sobre la política energética nacional. Constellation necesita certeza de demanda a largo plazo para justificar la inversión en mantenimiento y extensión de vida de sus plantas nucleares. Google está dando esa certeza, lo que tiene un efecto colateral: mantener operativas plantas nucleares que de otro modo podrían haber cerrado por falta de rentabilidad en el mercado eléctrico desregulado.
La controversia no tarda en llegar: hay grupos ambientalistas que cuestionan que una corporación privada pueda influir en las decisiones sobre qué infraestructura nuclear permanece activa. Hay reguladores estatales que estudian si los contratos privados de este tipo distorsionan el mercado mayorista de electricidad. Y hay competidores tecnológicos que ahora se preguntan si deberían firmar acuerdos similares o si se quedarán atrás en el acceso a energía limpia y constante.
La IA necesita energía. La energía necesita inversión. La inversión tecnológica está financiando la permanencia de infraestructura nuclear que los mercados de electricidad convencionales no podían sostener solos. Eso no es malo ni bueno por definición, pero es una transformación del paisaje energético que va a seguir acelerando.
