La NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) han firmado un acuerdo para trabajar juntos en todo el ciclo de la energía nuclear espacial, desde el combustible hasta la operación en vuelo. Lo firmaron el 8 de octubre de 2026 el administrador de la NASA, Jared Isaacman, y el secretario de Energía, Chris Wright.
El memorando se titula «Accelerating American Leadership in Space Nuclear Power and Propulsion» y entra en vigor el 1 de noviembre, según la nota oficial de la NASA. Los dos proyectos que le dan sentido tienen nombre propio: SR-1 Freedom, una nave de propulsión nuclear eléctrica con destino a Marte, y Lunar Reactor-1, un reactor para la futura base lunar.
¿Qué cubre exactamente el acuerdo?
Es un marco de colaboración «de extremo a extremo» para el desarrollo nuclear espacial. Incluye investigación, producción de combustible, pruebas, integración en el lanzador y operaciones.
Se firmó en la cumbre Science: A Golden Age, en Washington, organizada por la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, cuyo director, Michael Kratsios, asistió sin firmar. La NASA dice que el memorando refuerza la colaboración que ya existía en sistemas de fisión y radioisótopos.
El contexto político es claro. La orden ejecutiva de diciembre de 2025 sobre la superioridad espacial estadounidense encarga a la NASA un reactor de superficie lunar listo para lanzar en 2030. La agencia asegura que avanza hacia ese objetivo junto al DOE. No es la primera vez que se plantea: en 2025 ya analizamos si llevar un reactor nuclear a la Luna era una idea descabellada.
«La energía nuclear nos permitirá ir más lejos y operar durante más tiempo», dijo Isaacman, que según World Nuclear News habla de una nueva era «Nuclear-NASA».
SR-1 Freedom: un reactor que empuja hacia Marte
SR-1 Freedom (Space Reactor-1) es lo que la NASA llama «la primera nave interplanetaria impulsada por fisión». Usa propulsión nuclear eléctrica: el reactor no expulsa gases calientes como un cohete nuclear térmico, sino que genera electricidad para alimentar propulsores eléctricos.
Según World Nuclear News, la nave irá a Marte dentro de la misión SkyFall, con lanzamiento previsto a finales de 2028. El reactor se encenderá 48 horas después del despegue, una vez que la nave haya escapado de la gravedad terrestre. Llevará tres helicópteros de la clase Ingenuity, con cámaras y radar de penetración terrestre, para estudiar posibles zonas de aterrizaje y buscar agua bajo la superficie.
Scientific American da la potencia del reactor: 20 kilovatios. Y aporta el contexto que la nota oficial omite. Estados Unidos solo ha puesto en órbita un reactor nuclear, el SNAP-10A, en 1965. Y DARPA canceló en 2025 el programa DRACO de cohete nuclear térmico.
No todos lo ven claro. Andrew Higgins, ingeniero aeroespacial de la Universidad McGill, sostiene en esa misma revista que la propulsión nuclear eléctrica tiene más sentido para destinos lejanos que para Marte. Un antiguo alto cargo de la NASA califica 2028 de «ajustado», aunque no imposible.
Lunar Reactor-1 y el resto del paquete nuclear
Lunar Reactor-1 es un sistema de energía de fisión en superficie para mantener la base lunar durante las noches lunares y en zonas de sombra. Alimentaría hábitats, comunicaciones, instrumentos, vehículos y el uso de recursos locales. La nota de la NASA no da su potencia ni una fecha concreta más allá del objetivo de 2030.
World Nuclear News añade que SR-1 servirá de base para LR-1. Tiene lógica: volar un reactor en el espacio profundo antes de instalar otro en la Luna reduce incertidumbre.
El acuerdo cubre también los sistemas de radioisótopos, que la NASA usa desde 1961. Dragonfly, el helicóptero que despegará rumbo a Titán en 2028, llevará un generador termoeléctrico de radioisótopos y 24 unidades calefactoras ligeras. NASA y DOE suministrarán otras 24 al rover Rosalind Franklin de la ESA.
Para entender por qué todo el mundo vuelve a la fisión, basta con mirar los límites de la energía solar lejos del Sol o en la sombra. Es uno de los motivos que repasamos al hablar de las tecnologías que nos acercan al sueño de llegar a Marte.
Mi lectura: el memorando es papel, pero papel útil. El cuello de botella de la energía nuclear espacial nunca ha sido la física. Han sido la coordinación entre agencias, el combustible y los permisos de lanzamiento, y eso es lo que este acuerdo pretende ordenar. Lo que no resuelve es el calendario. Un reactor de 20 kW que aún no se ha construido, en una nave que debe despegar a finales de 2028, es una apuesta muy ajustada, y la historia reciente, con DRACO cancelado, invita a la prudencia. Si SR-1 Freedom llega a encenderse, el reactor lunar de 2030 dejará de sonar a promesa política. Si se retrasa, arrastrará también al reactor lunar.