Millones de personas en todo el mundo confían en medicamentos como el ibuprofeno o la aspirina para aliviar dolores cotidianos, desde una migraña hasta la inflamación de una articulación. Estos medicamentos, conocidos como antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), actúan bloqueando la producción de prostaglandinas, unas sustancias similares a las hormonas que están implicadas tanto en el dolor como en la inflamación.
Sin embargo, este enfoque tiene un inconveniente importante: al inhibir tanto el dolor como la inflamación, se limita también el proceso de curación natural del cuerpo. La inflamación, lejos de ser un enemigo absoluto, cumple una función protectora y reparadora, ayudando a los tejidos a recuperarse tras una lesión o infección. Suprimirla por completo puede, paradójicamente, ralentizar la recuperación y prolongar el malestar. Continúa leyendo «Un nuevo camino para tratar el dolor sin comprometer la curación natural del cuerpo»

