Cuando empecé a contar calorías con una app, descubrí lo inútil que era saber que mi bocata de jamón tenía 320 kcal si, a la tarde, mi estómago rugía como una banda de rock pidiendo bis. Entonces apareció la palabra microbiota y me cambió el mapa mental: resulta que en mi intestino viven más bacterias que estrellas hay en la Vía Láctea y ellas deciden si tengo hambre, si almaceno grasa y hasta cómo manejo el estrés. ¿Y si tu dieta se midiera en colonias bacterianas, no en números verdes?
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