El auge de la inteligencia artificial: éxito financiero con una sombra de incertidumbre

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La industria tecnológica atraviesa un momento de euforia marcado por cifras que, hasta hace poco, parecían inalcanzables. Empresas como Nvidia, Microsoft, Google, Apple y Amazon han alcanzado valoraciones que superan los billones de dólares, y sus beneficios trimestrales se cuentan en decenas de miles de millones. El caso de Nvidia es particularmente llamativo: su beneficio trimestral alcanzó los 32.000 millones de dólares, un incremento del 245 % en comparación con hace dos años.

Sin embargo, ese crecimiento récord en ingresos y valor de mercado no ha venido acompañado de una confianza igual de firme. La caída de acciones tras los anuncios positivos, como la que ocurrió con Nvidia pese a sus resultados espectaculares, es un síntoma de que algo no termina de convencer.

La apuesta masiva por los centros de datos

Gran parte de esta fiebre se sostiene en la expansión agresiva de infraestructuras. Empresas emergentes y consolidadas están invirtiendo cifras colosales en centros de datos. OpenAI, por ejemplo, ha presentado su proyecto Stargate, con el que espera construir un conjunto de infraestructuras valorado en 500.000 millones de dólares. Se trata de una cifra que, en dólares actuales, podría haber financiado el Proyecto Manhattan unas 15 veces, o toda la misión Apolo, dos veces.

Anthropic, otro jugador importante, anunció una inversión de 50.000 millones para centros de datos. Estas cifras se suman a los 360.000 millones que Google, Microsoft, Amazon y Meta ya han invertido en los últimos doce meses. La diferencia entre estas grandes firmas y las nuevas es que estas últimas no cuentan con beneficios robustos para respaldar sus apuestas, por lo que están recurriendo a financiación bancaria y privada.

El riesgo de una economía circular

Un elemento que genera preocupación en analistas financieros es la aparente estructura circular de muchos acuerdos. OpenAI, por ejemplo, recibe inversión de grandes tecnológicas como Microsoft y Nvidia, pero luego utiliza ese dinero para pagar a las mismas empresas por sus servicios de computación y chips. Nvidia, por su parte, anunció una inversión de 100.000 millones en OpenAI, que luego será usada para comprar chips Nvidia. Anthropic también participa en este tipo de operaciones, con un acuerdo respaldado por Nvidia para adquirir 30.000 millones en potencia de cálculo proporcionada por Microsoft, empresa que también ha invertido en ella.

Este ciclo cerrado entre inversión y gasto, aunque comprensible en un ecosistema interdependiente, puede inflar artificialmente la percepción de demanda real, generando dudas sobre la solidez del mercado.

Promesas a futuro sin rentabilidad presente

El modelo de negocio de estas empresas está anclado en la promesa de un futuro revolucionario con la llegada de la inteligencia artificial general (AGI), una forma de IA capaz de realizar cualquier tarea cognitiva humana. Pero ese objetivo aún es difuso. Mientras tanto, ni OpenAI ni Anthropic son rentables. OpenAI estima que no lo será hasta 2030.

Este desfase entre gasto actual y beneficios futuros recuerda a las burbujas tecnológicas pasadas, como la de las puntocom. Empresas que generan pérdidas millonarias están siendo valoradas en cientos de miles de millones, con la esperanza de que su adopción futura justifique el gasto presente.

La realidad del mercado empresarial

Aunque los chatbots y generadores de imágenes por IA son utilizados por cientos de millones de personas, y hay quienes pagan hasta 100 dólares mensuales por acceso premium, los verdaderos ingresos a gran escala vendrían del sector empresarial. Y es ahí donde las cosas no están tan claras.

Una encuesta de McKinsey reveló que si bien ocho de cada diez empresas han implementado tecnologías de IA, en la misma proporción afirman que no han visto un impacto significativo en sus resultados financieros. Este dato indica que la transformación prometida por la IA podría no estar tan cerca como se piensa, al menos en términos de rentabilidad tangible.

Aun así, los grandes proveedores como Microsoft, Google y Amazon aseguran tener una demanda superior a su capacidad de suministro, lo que podría ser una señal de que el interés empresarial está comenzando a consolidarse.

Una visión entre el optimismo y la cautela

Incluso dentro del élite tecnológica hay voces que llaman a la moderación. Sundar Pichai, director ejecutivo de Alphabet, describió esta situación como un momento con componentes de «irracionalidad» y advirtió que un posible colapso afectaría a todas las empresas, incluida la suya.

Los paralelismos con la burbuja de los años 90 no se hacen esperar. En aquel entonces, muchas startups desaparecieron, pero también surgieron gigantes como Amazon y Google. Sam Altman, CEO de OpenAI, lo resume con una frase ambivalente: «Sí, los inversores están sobreentusiasmados, pero la IA es lo más importante que ha ocurrido en mucho tiempo».

El panorama actual se debate entre una apuesta colosal por una tecnología transformadora y una preocupación creciente por los fundamentos económicos que la sostienen. El tiempo dirá si esta carrera por la inteligencia artificial nos lleva a una nueva era de progreso o si será recordada como otro capítulo de expectativas desmedidas.