Tras meses de especulaciones sobre su transformación hacia una empresa con fines de lucro, OpenAI ha decidido mantener el control en su estructura original sin ánimo de lucro. La compañía detrás de ChatGPT y otras tecnologías de inteligencia artificial cambia de rumbo y reafirma su misión de desarrollar inteligencia artificial al servicio de la humanidad.
Este anuncio no es casual ni improvisado. Llega después de intensas conversaciones con líderes civiles y revisiones por parte de las fiscalías generales de California y Delaware, estados clave para las operaciones e incorporación de OpenAI.
¿Qué cambiará entonces? Una nueva estructura híbrida
En lugar de una conversión directa a una empresa convencional con fines de lucro, OpenAI optará por transformar su brazo con fines de lucro en una corporación de beneficio público. Esta figura jurídica, presente desde 2013 en Delaware y extendida a otros estados, obliga a las empresas a equilibrar el interés de sus accionistas con una misión social claramente definida.
Esta fórmula ya ha sido adoptada por otras empresas del sector de IA como Anthropic y xAI, pero OpenAI seguirá siendo única en un aspecto clave: la fundación sin ánimo de lucro seguirá eligiendo a los miembros del consejo de administración de la nueva corporación. En un primer momento, serán los mismos que ya forman parte del consejo actual.
¿Qué implica esta decisión para el futuro de OpenAI?
El CEO Sam Altman explicó que este paso facilitará el acceso a capital para fusiones, adquisiciones y otras operaciones comunes del mundo empresarial, sin que OpenAI pierda de vista su objetivo fundacional: crear inteligencia artificial general (AGI) segura y beneficiosa para todos.
Convertirse en una corporación de beneficio público también elimina algunas limitaciones de su antigua estructura como LLC (compañía de responsabilidad limitada), facilitando así la comprensión de su gobernanza ante posibles socios e inversores.
¿Y qué pasa con los inversores actuales?
Como parte de esta recapitalización, los accionistas recibirán participaciones en la nueva corporación, y se eliminarán algunos topes previamente establecidos sobre los beneficios que podían obtener ciertos inversores. Aunque Altman admitió que «sería más fácil» recaudar fondos si fueran una empresa totalmente convencional, insiste en que esta fórmula cumple con los requisitos para garantizar la sostenibilidad financiera sin comprometer los principios fundacionales.
Críticas y preocupaciones persistentes
No todos están satisfechos. Varias organizaciones sin fines de lucro, antiguos empleados de OpenAI y expertos como el pionero Geoffrey Hinton han expresado su preocupación. Temen que la nueva estructura, aunque más equilibrada, pueda desviar gradualmente a OpenAI de su misión altruista.
Fred Blackwell, director de la San Francisco Foundation, ha ido más allá y sugiere que OpenAI debería transferir sus activos caritativos a un fideicomiso público independiente, completamente separado de cualquier interés comercial.
Por su parte, la abogada Rose Chan Loui, especialista en fiscalidad de organizaciones sin ánimo de lucro, subraya que para mantener un control real sobre el desarrollo tecnológico, la fundación debería contar con derechos de voto desproporcionados sobre temas clave, incluso si no posee la mayoría de las acciones.
La demanda de Elon Musk sigue en pie
Elon Musk, cofundador de OpenAI, ha presentado una demanda alegando que la empresa ha traicionado sus principios fundacionales. Aunque algunos cargos han sido desestimados por un juez federal, otros seguirán su curso en un juicio previsto para el próximo año. Musk ha sido uno de los principales críticos de la dirección que ha tomado OpenAI en los últimos años.
Microsoft y SoftBank, los gigantes que observan con atención
Microsoft, el principal inversor de OpenAI hasta la fecha, ha optado por no comentar sobre los cambios anunciados. Por otro lado, SoftBank mantiene su intención de formar una empresa conjunta con OpenAI para expandir servicios de inteligencia artificial, una señal clara de que el atractivo comercial de la empresa sigue intacto.
Un nuevo modelo para una nueva etapa
Altman recordó en una carta interna que al fundar OpenAI hace casi una década, no imaginaban cuánto transformaría la inteligencia artificial sectores como la educación o la medicina. Ahora, con una base de usuarios de 400 millones semanales y una valoración de 300.000 millones de dólares, reconoce que podrían requerir billones de dólares en recursos computacionales para alcanzar sus metas.
A pesar del éxito comercial de herramientas como ChatGPT, Altman insiste en que la compañía no pierde de vista su propósito original: desarrollar una AGI (inteligencia artificial general) que beneficie a toda la humanidad y no solo a sus accionistas.
