Extensiones del navegador: cómo revisar sus permisos, detectar una maliciosa o vendida y limpiar Chrome, Edge, Firefox y Safari

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Extensiones del navegador: cómo revisar sus permisos, detectar una maliciosa o vendida y limpiar Chrome, Edge, Firefox y Safari

Si tienes extensiones instaladas en el navegador, y casi todo el mundo tiene alguna, esta guía te enseña a revisar en diez minutos qué pueden ver, a reconocer las señales de que una ha cambiado de dueño o de intenciones y a quitarlas en Chrome, Edge, Firefox y Safari. La idea central es incómoda: una extensión segura el día que la instalas puede dejar de serlo con una actualización automática.

En octubre de 2025 se publicó en la Chrome Web Store una extensión llamada QuickLens, que integraba Google Lens en el navegador. Dos días después ya estaba a la venta en un mercado de extensiones. Según la investigación de Annex Security, el 1 de febrero de 2026 cambió de propietario y el 17 de febrero llegó la versión 5.8: mantenía la función original, pero eliminaba las cabeceras de seguridad de cada web visitada y consultaba un servidor externo cada cinco minutos para recibir código que ejecutaba en todas las páginas. Tenía unos 7.000 usuarios, y todos recibieron la actualización sin hacer nada.

¿Por qué una extensión de confianza puede volverse peligrosa?

Porque las extensiones se actualizan solas y quien controla la cuenta del desarrollador controla lo que llega a tu navegador. Cuando una cambia de manos, el nuevo dueño hereda a todos sus usuarios. Annex lo resume así: una extensión destacada, revisada y funcional cambia de propietario y el nuevo publica una actualización convertida en arma para todos los que ya la tenían.

El otro camino es más directo: extensiones creadas desde el principio para espiar, disfrazadas de algo útil. En marzo de 2026, el equipo de seguridad de Microsoft Defender describió extensiones que se hacían pasar por asistentes de IA y que, según los informes que cita, rondaban las 900.000 instalaciones. Recogían las direcciones completas visitadas y el contenido de las conversaciones con chatbots como ChatGPT o DeepSeek. Se distribuían por la Chrome Web Store y, como Edge admite extensiones de esa tienda, un solo anuncio llegaba a ambos navegadores. Un detalle retrata el método: aunque el usuario desactivara la recogida de datos, las actualizaciones posteriores la volvían a activar.

Mi lectura de ambos casos es que el problema no se resuelve eligiendo bien una vez. La revisión tiene que repetirse, igual que revisas los permisos de las aplicaciones del móvil.

Paso 1: mira qué puede ver cada extensión

El permiso que más importa es el de leer y modificar las webs que visitas. Mozilla explica en su página sobre los avisos de permisos que una extensión con acceso a tus datos de todos los sitios web podría leer el contenido de cualquier página que visites, incluidos los datos que escribes, como usuarios y contraseñas. Lo piden legítimamente los gestores de contraseñas, los bloqueadores de anuncios o las herramientas de compras, pero eso significa que confías en esa extensión tanto como en tu banco.

Cómo revisarlo según el navegador:

  • Chrome. Según la ayuda de Chrome Web Store, en Más > Extensiones > Gestionar extensiones, entra en Detalles de cada una. El acceso a sitios se puede limitar a Al seleccionar (solo funciona cuando pulsas su icono), En sitios específicos o En todos los sitios. Para casi todo lo que usas de vez en cuando, la primera opción basta.
  • Edge. Microsoft insiste en su ayuda en revisar con cuidado los permisos que muestra el aviso antes de pulsar Agregar extensión, también cuando la instalas desde la tienda de Chrome.
  • Safari (Mac). Apple indica en su guía de Safari que pulses el botón de la extensión en la barra de herramientas para elegir cuánto acceso tiene, y que compruebes qué extensiones has instalado y qué hacen.
  • Firefox. El acceso a archivos locales es un permiso opcional que se cambia desde la página de ajustes de cada extensión, según Mozilla.

Paso 2: las señales de que algo ha cambiado

No hay un indicador infalible, pero sí avisos que conviene no ignorar:

  • Una actualización que pide permisos nuevos. En el caso QuickLens, la versión maliciosa añadía permisos para modificar el tráfico, y eso hace que el navegador muestre un aviso para aceptarlos. Annex señala que aceptarlo sin más es bastante habitual. Si una extensión que ya tenías pide de repente más acceso, párate.
  • Un cambio en el nombre del desarrollador en la ficha de la tienda. En QuickLens, el propietario visible pasó a ser una entidad sin presencia verificable.
  • El aviso de la comprobación de seguridad de Chrome. La Comprobación de seguridad, en Configuración > Privacidad y seguridad, puede avisarte de extensiones potencialmente dañinas. Con la protección mejorada de Navegación segura activada, Chrome también advierte al instalar una extensión de un desarrollador que no considera de confianza.
  • Extensiones que no recuerdas haber instalado. Google advierte de que algunas aplicaciones de Windows o Mac instalan extensiones de Chrome al instalarse ellas. Si aparece una que no reconoces, quítala.

Una advertencia: la insignia de «destacada» no es un certificado de por vida. QuickLens llegó a tener esa insignia de Google, según Annex, y el cambio de manos se produjo igualmente.

Paso 3: limpia el navegador

Quitar una extensión lleva segundos en cualquier navegador:

  • Chrome: clic derecho en su icono y Desinstalar de Chrome, o Gestionar extensiones > Quitar.
  • Edge: en Extensiones, el botón Más acciones junto a la extensión y Quitar de Microsoft Edge. Si la encontraste en la tienda de complementos de Edge y crees que es maliciosa, Microsoft permite denunciarla con Notificar abuso.
  • Safari: Safari > Ajustes > Extensiones, selecciona la extensión y pulsa Desinstalar. Apple recuerda que también puedes eliminar la aplicación que contiene la extensión.
  • Firefox: desactívala o elimínala desde el gestor de complementos.

Mi recomendación es un criterio sencillo: si no la has usado en un mes, fuera. Cada extensión instalada es una puerta que alguien puede comprar.

Si sospechas que una extensión maliciosa ha estado activa, eliminarla no basta. Cambia las contraseñas de los servicios en los que hayas iniciado sesión en ese tiempo y cierra a distancia las sesiones abiertas de tus cuentas de Google, Meta o Amazon, porque una extensión con acceso a todas las webs puede haber visto mucho más que tu historial. Y si una extensión dañada vuelve a estropearse tras repararla, Google apunta a que algún programa del ordenador puede estar modificándola: toca pasar un antimalware. Antes de culpar al navegador de ir lento, por cierto, merece la pena revisar el administrador de tareas de Windows y el Monitor de Actividad de Mac.

Las extensiones viven en una paradoja: son lo que hace útil al navegador y, a la vez, uno de los pocos programas que pueden leer todo lo que escribes en cualquier web sin que lo notes. Las tiendas revisan, pero los casos de 2026 muestran que revisan el producto, no a quién se vende después.

Creo que la responsabilidad no debería recaer entera en el usuario. Si una extensión cambia de propietario, el navegador debería decirlo con la misma claridad con la que pide un permiso nuevo. Mientras eso no ocurra, lo más eficaz está en tu mano: pocas extensiones, acceso solo al hacer clic y una revisión cada pocos meses, igual que harías con un móvil u ordenador que ya no recibe actualizaciones.