El satélite SWOT mide por primera vez cuánto cambia el agua de los ríos del mundo, y los modelos fallaban

El satélite SWOT, de la NASA y la agencia espacial francesa CNES, ha seguido por primera vez, mes a mes y durante un año entero, cuánto cambia el agua almacenada en los ríos de casi todo el planeta. En su primer ciclo de observación, de octubre de 2023 a septiembre de 2024, el volumen de los ríos que vigila osciló unos 313 kilómetros cúbicos, un 28 % menos que la estimación más baja de los modelos. El estudio se publicó en Nature el 4 de marzo de 2026.

Que la cifra sea menor que la de los modelos no significa que los ríos tengan menos agua. Significa que, por primera vez, hay una medición con la que comprobar cuánto se equivocan las simulaciones, y la respuesta es que bastante.

¿Qué mide exactamente SWOT?

SWOT no mide el volumen total de un río, sino cómo cambia. Su instrumento principal, el radar interferométrico en banda Ka (KaRIn), mide a la vez la anchura del río y la altura de su superficie, rebotando microondas en el agua en dos franjas de 50 kilómetros a cada lado del satélite, según el resumen de la NASA sobre el estudio. Con esos datos se calcula cuánto volumen gana o pierde cada tramo de un mes a otro.

Hasta ahora había que combinar instrumentos que medían la altura con estimaciones de anchura por satélite óptico o radar, o directamente recurrir a modelos. SWOT lo hace todo a la vez. El satélite se lanzó en diciembre de 2022 desde la base de Vandenberg, en California, con aportaciones de las agencias espaciales canadiense y británica. En wwwhatsnew contamos entonces que la NASA estaba a punto de lanzar SWOT para vigilar el agua de la Tierra.

El análisis usó casi 1,6 millones de observaciones de unos 127.000 tramos de río; la nota de Nature concreta 126.674.

¿Qué ríos cambian más a lo largo del año?

El Amazonas, con diferencia. Ganó y perdió más de 172 kilómetros cúbicos de agua en el periodo estudiado, más que cualquier otro río. La NASA lo traduce a otra escala: suficiente para llenar 68 millones de piscinas olímpicas.

En el Amazonas, el Misisipi, el Orinoco, el Yangtsé, el Ganges, el Mekong y el Yeniséi, el nivel del agua varía más de 10 metros entre su punto más alto y el más bajo del año, según la NASA y la nota de prensa de Nature. En el otro extremo está el Nilo, que solo osciló 8,5 kilómetros cúbicos, menos de lo esperado. La NASA apunta tres posibles causas: las presas río arriba, una sequía severa y las dificultades propias de un instrumento nuevo.

Por qué la cifra es menor que la de los modelos

La variación medida fue un 28 % inferior a la estimación más baja de los modelos hidrológicos. La NASA relaciona parte de esa diferencia con la sequía extrema que vivió la cuenca del Amazonas durante el periodo de observación: con menos agua entrando, hay menos que ganar y perder.

Pero la conclusión de los autores va más allá de un año seco. Según la Universidad Estatal de Ohio, cuyo equipo participó en el trabajo, la comparación indica que los modelos globales necesitan mejoras importantes en cómo representan la dinámica de ríos y aguas superficiales. Los propios autores reconocen que los datos son de la primera etapa de la misión y tienen incertidumbre, y que quedan huecos en zonas con hielo y en llanuras de inundación.

La forma de las orillas

El estudio tiene una segunda parte menos llamativa pero útil: mapas casi globales de la forma de los cauces activos. El título del artículo lo deja claro, «Wide-swath altimetry maps bank shapes and storage changes in global rivers». Una de las conclusiones es que ríos con caudales parecidos pueden tener formas muy distintas, algo que los modelos tienden a simplificar.

¿Cuánta agua hay en total en los ríos?

SWOT no lo dice, pero hay una estimación anterior del mismo grupo de la NASA. En abril de 2024, un estudio publicado en Nature Geoscience, con datos de 1980 a 2009 y unos 3 millones de tramos de río, calculó que los ríos del planeta almacenan de media unos 2.246 kilómetros cúbicos, y que el Amazonas concentra alrededor del 38 %, según el JPL.

Ese trabajo combinaba modelos con unas 1.000 estaciones de aforo. Sus autores ya anticipaban que SWOT serviría para contrastarlo. Los dos números no se pueden comparar directamente: uno es un volumen medio estimado con modelos para otra época y otra red de ríos, y el otro, una oscilación anual medida desde el espacio. Lo que sí tienen en común es el grupo que los firma y el objetivo, que es dejar de depender solo de simulaciones.

«Estamos empezando a resolver algunas de las preguntas realmente difíciles para las que se construyó SWOT», dijo Cédric David, que dirige el equipo de investigación de SWOT en el JPL. «Esto es solo el principio». Para Arnaud Cerbelaud, que codirigió el estudio, las implicaciones «van mucho más allá de la hidrología».

Mi lectura es que el valor de este estudio no está en el número, sino en que por fin existe un número medido. La gestión del agua y la predicción de inundaciones y sequías se apoyan en modelos que, como muestra SWOT, pueden desviarse bastante; los autores lo dicen explícitamente. Un solo año de datos, y además excepcionalmente seco en el Amazonas, no basta para rehacerlos, pero sí para dejar de tratarlos como verdad.

Lo prudente es esperar a varios ciclos anuales antes de sacar conclusiones sobre tendencias. Lo que sí se puede afirmar ya es que la observación por satélite está pasando de complementar los modelos a corregirlos, una tendencia que también vemos en la nueva generación de satélites de observación terrestre con IA a bordo.

Perseverance bate el récord de distancia total recorrida en otro mundo: 45,22 km en Marte

El rover Perseverance de la NASA es ya el vehículo que más distancia ha recorrido sobre la superficie de otro mundo. El 11 de octubre de 2026, en su sol (día marciano) 2.006, alcanzó los 45,22 kilómetros acumulados y dejó atrás los 45,16 km de Opportunity, el anterior plusmarquista.

Lo anunció el Jet Propulsion Laboratory de la NASA el 12 de octubre en su nota sobre el récord de distancia total de Perseverance. Conviene precisarlo: es un récord de distancia total a lo largo de la misión, no de la distancia recorrida en un solo día.

Y lo más llamativo no es la cifra, sino cómo la ha conseguido: conduciendo casi siempre solo.

¿Qué récord ha batido exactamente Perseverance?

El de distancia total recorrida por un vehículo fuera de la Tierra. Perseverance ha sumado 45,22 km desde que aterrizó en el cráter Jezero el 18 de febrero de 2021, frente a los 45,16 km que Opportunity acumuló en casi 15 años de misión. Perseverance lo ha hecho en unos cinco años y medio.

La NASA aprovecha para repasar la tabla de los grandes conductores fuera de la Tierra:

  • Perseverance (Marte): 45,22 km.
  • Opportunity (Marte, 2004-2018): 45,16 km.
  • Lunojod 2 (Luna, Unión Soviética, 1973): 39 km.
  • Curiosity (Marte, en activo): más de 38,07 km.
  • Vehículo lunar del Apolo 17 (1972), conducido por Gene Cernan y Harrison Schmitt: 35,7 km.
  • Spirit (Marte): 7,7 km.

El día del récord, el rover hizo un trayecto de 91,31 metros. No fue una jornada espectacular, solo la que le bastó para cruzar la línea.

¿Cómo ha conducido tanto en tan poco tiempo?

Gracias a la autonomía. Perseverance ha recorrido más del 90 % de su distancia total con AutoNav, el sistema que le permite cartografiar los obstáculos mientras avanza y trazar su propio camino entre los puntos de paso que fijan los planificadores desde la Tierra. La primera versión de AutoNav, la de Spirit y Opportunity, solo se usó en torno al 5 % de sus trayectos.

La diferencia está en el cálculo. Según el JPL, Perseverance evalúa 600.000 puntos de medida cada vez que analiza el terreno; Sojourner, el primer rover marciano, usaba 20. Eso le permite recorrer hasta 412 metros en un solo sol a su velocidad máxima, que en suelo llano y firme no llega a los 152 metros por hora, según la ficha técnica de los componentes del rover.

«La misión original no pedía más de 12,4 millas de conducción», recuerda Steven Lee, jefe de proyecto de Curiosity y Perseverance en el JPL. Esas 12,4 millas son unos 20 km: Perseverance ya ha recorrido más del doble. Mark Maimone, subjefe del equipo de operaciones robóticas del rover, lo resume así: «Con autonomía para simplemente avanzar, Perseverance conduce mejor que el que aterrizó».

¿Qué hay detrás de tanto kilómetro?

La distancia no es un fin en sí misma: sirve para llegar a las rocas que interesan. Perseverance ha recogido 29 muestras de roca y regolito en el fondo del cráter, en un antiguo abanico deltaico y en el borde de Jezero, dentro de su objetivo de buscar señales de vida microbiana antigua.

Ahora se dirige a una zona llamada Idubi, en la región de Lac de Charmes, junto al borde occidental del cráter, donde el equipo espera encontrar restos de antiguos sistemas hidrotermales. La NASA ha aprobado la primera extensión de la misión, que empezó en octubre y llega aproximadamente hasta finales de 2028, con un objetivo posterior hacia el sur: Rainbow Falls, un bloque de corteza antigua de unos 100 metros de ancho.

Un detalle técnico que explica por qué puede seguir en marcha: Perseverance no depende de paneles solares, sino de un generador termoeléctrico de radioisótopos (MMRTG) que convierte en electricidad el calor de la desintegración del plutonio-238, con una vida operativa prevista de 14 años. Es una de las tecnologías que nos están acercando al sueño de llegar a Marte. Mientras tanto, su veterano compañero sigue haciendo ciencia en otro cráter, como cuando Curiosity encontró un campo de texturas en panal en Marte.

Mi lectura es que el titular del récord se queda corto. Lo relevante no es que un robot haya superado a otro por 60 metros, sino que en más del 90 % de esos 45 km ha sido el propio rover el que ha evaluado el terreno y trazado su camino. Esa autonomía es la que hará viable explorar más terreno sin que cada metro dependa de una orden enviada desde la Tierra.

La siguiente pregunta es cuánto puede durar. Con la extensión aprobada hasta 2028 y un generador pensado para 14 años, Perseverance tiene margen para dejar el listón muy alto para la próxima generación de rovers.

NASA y el Departamento de Energía firman un acuerdo nuclear: un reactor rumbo a Marte en 2028 y otro para la Luna

La NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) han firmado un acuerdo para trabajar juntos en todo el ciclo de la energía nuclear espacial, desde el combustible hasta la operación en vuelo. Lo firmaron el 8 de octubre de 2026 el administrador de la NASA, Jared Isaacman, y el secretario de Energía, Chris Wright.

El memorando se titula «Accelerating American Leadership in Space Nuclear Power and Propulsion» y entra en vigor el 1 de noviembre, según la nota oficial de la NASA. Los dos proyectos que le dan sentido tienen nombre propio: SR-1 Freedom, una nave de propulsión nuclear eléctrica con destino a Marte, y Lunar Reactor-1, un reactor para la futura base lunar.

¿Qué cubre exactamente el acuerdo?

Es un marco de colaboración «de extremo a extremo» para el desarrollo nuclear espacial. Incluye investigación, producción de combustible, pruebas, integración en el lanzador y operaciones.

Se firmó en la cumbre Science: A Golden Age, en Washington, organizada por la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, cuyo director, Michael Kratsios, asistió sin firmar. La NASA dice que el memorando refuerza la colaboración que ya existía en sistemas de fisión y radioisótopos.

El contexto político es claro. La orden ejecutiva de diciembre de 2025 sobre la superioridad espacial estadounidense encarga a la NASA un reactor de superficie lunar listo para lanzar en 2030. La agencia asegura que avanza hacia ese objetivo junto al DOE. No es la primera vez que se plantea: en 2025 ya analizamos si llevar un reactor nuclear a la Luna era una idea descabellada.

«La energía nuclear nos permitirá ir más lejos y operar durante más tiempo», dijo Isaacman, que según World Nuclear News habla de una nueva era «Nuclear-NASA».

SR-1 Freedom: un reactor que empuja hacia Marte

SR-1 Freedom (Space Reactor-1) es lo que la NASA llama «la primera nave interplanetaria impulsada por fisión». Usa propulsión nuclear eléctrica: el reactor no expulsa gases calientes como un cohete nuclear térmico, sino que genera electricidad para alimentar propulsores eléctricos.

Según World Nuclear News, la nave irá a Marte dentro de la misión SkyFall, con lanzamiento previsto a finales de 2028. El reactor se encenderá 48 horas después del despegue, una vez que la nave haya escapado de la gravedad terrestre. Llevará tres helicópteros de la clase Ingenuity, con cámaras y radar de penetración terrestre, para estudiar posibles zonas de aterrizaje y buscar agua bajo la superficie.

Scientific American da la potencia del reactor: 20 kilovatios. Y aporta el contexto que la nota oficial omite. Estados Unidos solo ha puesto en órbita un reactor nuclear, el SNAP-10A, en 1965. Y DARPA canceló en 2025 el programa DRACO de cohete nuclear térmico.

No todos lo ven claro. Andrew Higgins, ingeniero aeroespacial de la Universidad McGill, sostiene en esa misma revista que la propulsión nuclear eléctrica tiene más sentido para destinos lejanos que para Marte. Un antiguo alto cargo de la NASA califica 2028 de «ajustado», aunque no imposible.

Lunar Reactor-1 y el resto del paquete nuclear

Lunar Reactor-1 es un sistema de energía de fisión en superficie para mantener la base lunar durante las noches lunares y en zonas de sombra. Alimentaría hábitats, comunicaciones, instrumentos, vehículos y el uso de recursos locales. La nota de la NASA no da su potencia ni una fecha concreta más allá del objetivo de 2030.

World Nuclear News añade que SR-1 servirá de base para LR-1. Tiene lógica: volar un reactor en el espacio profundo antes de instalar otro en la Luna reduce incertidumbre.

El acuerdo cubre también los sistemas de radioisótopos, que la NASA usa desde 1961. Dragonfly, el helicóptero que despegará rumbo a Titán en 2028, llevará un generador termoeléctrico de radioisótopos y 24 unidades calefactoras ligeras. NASA y DOE suministrarán otras 24 al rover Rosalind Franklin de la ESA.

Para entender por qué todo el mundo vuelve a la fisión, basta con mirar los límites de la energía solar lejos del Sol o en la sombra. Es uno de los motivos que repasamos al hablar de las tecnologías que nos acercan al sueño de llegar a Marte.

Mi lectura: el memorando es papel, pero papel útil. El cuello de botella de la energía nuclear espacial nunca ha sido la física. Han sido la coordinación entre agencias, el combustible y los permisos de lanzamiento, y eso es lo que este acuerdo pretende ordenar. Lo que no resuelve es el calendario. Un reactor de 20 kW que aún no se ha construido, en una nave que debe despegar a finales de 2028, es una apuesta muy ajustada, y la historia reciente, con DRACO cancelado, invita a la prudencia. Si SR-1 Freedom llega a encenderse, el reactor lunar de 2030 dejará de sonar a promesa política. Si se retrasa, arrastrará también al reactor lunar.

La NASA enciende un propulsor nuclear de litio que podría llevar humanos a Marte: 120 kilovatios y 25 veces más potencia que la misión Psyche

La NASA acaba de dar el primer paso creíble hacia un sistema de propulsión que pueda llevar humanos a Marte sin convertir el viaje en una misión suicida. Lo cuenta Passant Rabie en Gizmodo este 1 de mayo. Los ingenieros del Jet Propulsion Laboratory (JPL) encendieron un prototipo de propulsor electromagnético dentro de una cámara de vacío, alcanzando potencias de hasta 120 kilovatios, el nivel más alto registrado en pruebas estadounidenses de propulsión eléctrica. Eso es más de 25 veces la potencia de los propulsores eléctricos de la misión Psyche, que se lanzó en 2023 hacia un asteroide rico en metales. Continúa leyendo «La NASA enciende un propulsor nuclear de litio que podría llevar humanos a Marte: 120 kilovatios y 25 veces más potencia que la misión Psyche»

El telescopio Roman de la NASA recibe en Kennedy el equipo crítico para su lanzamiento de septiembre: 8 módulos HEPA y la promesa de un campo de visión 100 veces mayor que Webb

La cuenta atrás del próximo gran telescopio espacial de la NASA acaba de cruzar un hito logístico crítico. Lo informa la propia NASA en un comunicado este 1 de mayo. Los técnicos del Payload Hazardous Servicing Facility (PHSF) en el Kennedy Space Center de Florida descargaron el 27 de abril ocho módulos de pared HEPA (High-Efficiency Particulate Air) y otro equipo de soporte en tierra. Es el preámbulo logístico de la llegada del Nancy Grace Roman Space Telescope, el siguiente buque insignia astrofísico de la NASA, programado para lanzar a partir de principios de septiembre de 2026 en un cohete SpaceX Falcon Heavy desde el Launch Complex 39A. Continúa leyendo «El telescopio Roman de la NASA recibe en Kennedy el equipo crítico para su lanzamiento de septiembre: 8 módulos HEPA y la promesa de un campo de visión 100 veces mayor que Webb»

Artemis II vuelve al “taller”: el fallo de helio que obligó a retirar el SLS de la plataforma y complica el calendario lunar de la NASA

La NASA pasó en apenas 24 horas de transmitir confianza a volver al modo “diagnóstico y reparación”. Tras señalar que Artemis II podía despegar tan pronto como el 6 de marzo, la agencia comunicó la detección de un problema nuevo en el cohete Space Launch System (SLS) que hace inviable esa ventana. La señal de alarma fue una interrupción en el flujo de helio hacia la etapa superior del lanzador, un detalle técnico que suena menor… hasta que recuerdas que, en un cohete, una “pequeña” interrupción puede comportarse como una piedrecita en un engranaje: no pesa, pero puede bloquear todo el sistema.

La decisión posterior marcó el tono del episodio. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, confirmó en redes sociales que el cohete se retiraría de la plataforma para volver al edificio de ensamblaje y poder revisar y reparar con más margen. La propia NASA lo explicó en su blog de misiones: los equipos estaban evaluando opciones y preparando el retorno del vehículo a un entorno controlado. Scientific American recogió el giro y subrayó que el cambio de planes prácticamente descartaba el lanzamiento en marzo. Continúa leyendo «Artemis II vuelve al “taller”: el fallo de helio que obligó a retirar el SLS de la plataforma y complica el calendario lunar de la NASA»

NASA pone a prueba las explicaciones “sin vida” de los orgánicos en Marte y no cierran del todo

Cuando hablamos de Marte, a veces esperamos anuncios con fanfarrias: “vida encontrada”, “prueba definitiva”, “misterio resuelto”. La realidad científica suele ser más parecida a revisar migas en la encimera para reconstruir qué pasó en la cocina. Eso es justo lo que propone un nuevo trabajo difundido por NASA: mirar con lupa unas moléculas orgánicas detectadas por el rover Curiosity y preguntarse si los procesos no biológicos que conocemos bastan para explicar su abundancia.

El punto de partida viene de marzo de 2025, cuando se reportaron pequeñas cantidades de decano, undecano y dodecano en una muestra de roca analizada dentro del laboratorio químico a bordo de Curiosity. Son compuestos orgánicos relativamente grandes para los estándares marcianos medidos hasta ahora, encontrados en un antiguo barro endurecido (mudstone) del cráter Gale. En la Tierra, moléculas relacionadas suelen aparecer como “fragmentos” de ácidos grasos, piezas habituales de las membranas celulares. Esa asociación pone la imaginación a correr, pero no es una pista exclusiva de la biología: ciertos procesos geológicos también pueden fabricarlas. Continúa leyendo «NASA pone a prueba las explicaciones “sin vida” de los orgánicos en Marte y no cierran del todo»

NASA y el Webb afinan el “mapa invisible” del cosmos: nuevas pistas sobre cómo la materia oscura moldea el universo

La materia oscura tiene fama de fantasma cósmico: no emite luz, no la refleja, no la absorbe y tampoco la bloquea. Si fuera un objeto cotidiano, sería como el aire en una habitación: no lo ves, pero su presencia se delata por lo que mueve y por cómo cambia el entorno. En el universo, ese “aire” se manifiesta con gravedad, y esa gravedad deja huellas medibles. Con datos del telescopio espacial James Webb (JWST), un equipo liderado por la astrofísica Diana Scognamiglio, del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA, ha producido uno de los mapas de materia oscura más detallados y nítidos logrados hasta ahora, publicado en Nature Astronomy.

La idea central es potente por sencilla: si no puedes fotografiar directamente una sustancia, observa cómo deforma el escenario. El equipo ha reconstruido la distribución de materia oscura como una especie de “andamiaje” que sostiene y guía a la materia ordinaria: gas, polvo, estrellas y galaxias. Según describen, la nueva cartografía gana nitidez respecto a mapas anteriores: no es solo un “más de lo mismo”, sino un salto en resolución que permite ver grumos y filamentos con mayor claridad, como pasar de una imagen desenfocada a otra donde los bordes y las texturas por fin encajan. Continúa leyendo «NASA y el Webb afinan el “mapa invisible” del cosmos: nuevas pistas sobre cómo la materia oscura moldea el universo»

26 nuevas bacterias en las salas limpias de la NASA: por qué el hallazgo obliga a “parar y revisar todo”

Las salas limpias de la NASA suelen describirse como algunos de los lugares más controlados del planeta. No es una exageración: su misión es impedir que microorganismos terrestres se cuelen en una nave espacial como polizones invisibles. Si una sonda viaja a otro mundo con bacterias pegadas en una esquina, el problema no es solo “ensuciar” un destino lejano; es contaminar pruebas científicas futuras y complicar la gran pregunta de la astrobiología: si existe vida fuera de la Tierra.

La imagen mental útil es la de una cocina impecable antes de preparar un plato para alguien con alergias graves. No basta con que “se vea limpio”. Hay que reducir al mínimo lo que no se ve: polvo, esporas, células, restos microscópicos. En una sala limpia, ese cuidado se multiplica con filtros, controles de humedad, productos químicos y luz ultravioleta, todo pensado para que la vida microbiana lo tenga dificilísimo. Continúa leyendo «26 nuevas bacterias en las salas limpias de la NASA: por qué el hallazgo obliga a “parar y revisar todo”»

NASA estudiará la exosfera de la Tierra desde un nuevo observatorio espacial

La exosfera es la región más distante de la atmósfera terrestre, una capa tan tenue que muchos ni siquiera saben que existe. Se extiende más allá de los 500.000 kilómetros desde la superficie terrestre, llegando a tocar, según los científicos, la mitad de la distancia hacia la Luna. A pesar de su lejanía y su naturaleza escurridiza, esta capa tiene un papel clave en la forma en que nuestro planeta interactúa con el espacio.

Con el lanzamiento del Carruthers Geocorona Observatory, la NASA busca observar por primera vez de forma continua este «halo invisible» que rodea la Tierra. La misión, bautizada en honor al científico George Carruthers, pionero en el desarrollo de cámaras ultravioletas, proporcionará datos fundamentales para entender fenómenos como el clima espacial, la pérdida atmosférica y las condiciones que hacen posible la vida en la Tierra. Continúa leyendo «NASA estudiará la exosfera de la Tierra desde un nuevo observatorio espacial»