La física moderna convive con una incomodidad famosa: dos teorías extraordinariamente precisas describen la realidad en escalas distintas, pero no encajan del todo. La relatividad general explica la gravedad como la curvatura suave del espacio-tiempo, ideal para planetas, estrellas y galaxias. La mecánica cuántica, en cambio, cuenta el mundo en “paquetes” discretos, con partículas y cuantos que aparecen como monedas indivisibles de energía.
Unificar ambos lenguajes exige una idea concreta: si todo lo demás tiene versión cuántica, la gravedad también debería tenerla. Ahí aparece el protagonista de esta historia: el gravitón, la partícula hipotética que mediaría la interacción gravitatoria, del mismo modo que el fotón “transporta” el electromagnetismo en la formulación cuántica.
Durante décadas, el consenso práctico fue desalentador: aunque la noción de gravitón es atractiva en teoría, detectarlo parecía imposible en un laboratorio. Ahora, un equipo académico ha puesto sobre la mesa un programa experimental que intenta cambiar ese diagnóstico con una estrategia poco habitual: convertir la llegada de un gravitón en una vibración cuántica medible dentro de un sistema macroscópico. Continúa leyendo «El primer intento serio de “atrapar” un gravitón: cómo funcionaría el detector con helio superfluido»