La materia oscura es una de esas ideas que suenan a ciencia ficción hasta que recuerdas que, sin ella, muchas observaciones astronómicas no encajan. Vemos galaxias girar demasiado rápido, cúmulos que se mantienen unidos con más “pegamento” del que aportan las estrellas y el gas, y patrones en la radiación del universo temprano que apuntan a una masa extra que no brilla. El problema es que esa masa no emite, no absorbe y no refleja luz, y apenas interactúa con la materia ordinaria. Es como tratar de detectar a alguien en una habitación oscura solo por el leve movimiento del aire cuando pasa.
Esa debilidad de interacción explica por qué los experimentos llevan décadas buscándola sin una detección directa indiscutible. No es falta de ideas ni de tecnología: es que el objetivo es, literalmente, escurridizo. Continúa leyendo «Sensores cuánticos para “seguir la pista” a la materia oscura ligera: cuando la dirección importa»