China lidera el desarrollo de tecnologías clave según estudio internacional

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Un estudio reciente del Australian Strategic Policy Institute (ASPI) confirma un cambio radical en el panorama global de la investigación tecnológica: China lidera el desarrollo de 66 de las 74 tecnologías críticas evaluadas en 2025. Estas áreas incluyen desde energía nuclear y biología sintética hasta satélites de órbita baja y computación en la nube. Esta cifra representa casi el 90% del total, relegando a Estados Unidos a un papel secundario, con liderazgo solo en ocho campos como la computación cuántica y la geoingeniería.

La investigación se basó en el análisis de más de nueve millones de publicaciones científicas indexadas a nivel mundial. Se evaluaron los trabajos más citados en un periodo de cinco años, entre 2020 y 2024, para determinar qué países generaban el mayor impacto en cada tecnología. La métrica clave fue el porcentaje de documentos en el top 10% de citas globales.

De la periferia al protagonismo en solo dos décadas

El contraste con los inicios del siglo XXI es abismal. En aquel entonces, Estados Unidos dominaba más del 90% de las tecnologías estratégicas, mientras que China apenas figuraba en un 5%. Hoy, el gigante asiático no solo ha recortado esa distancia, sino que se ha posicionado a la vanguardia en sectores que moldearán la economía, la defensa y la ciencia en los próximos años.

Este ascenso no es fruto del azar. China ha invertido intensamente en políticas de ciencia y tecnología, canalizando recursos en investigación aplicada, centros de innovación, colaboraciones internacionales y atracción de talento. La planificación estratégica del gobierno ha priorizado tecnologías emergentes como biotecnología, inteligencia artificial y energías renovables, con una visión de largo plazo y un enfoque centralizado.

Tecnologías emergentes como campo de ventaja

El éxito chino también tiene que ver con la selección de las tecnologías analizadas. Como señala Wang Yanbo, investigador en políticas científicas de la Universidad de Hong Kong, China está mejor posicionada en campos nuevos o en expansión, donde ha enfocado buena parte de sus esfuerzos. En cambio, en áreas más consolidadas como los semiconductores tradicionales, otros países aún mantienen el liderazgo.

Un ejemplo representativo es la computación en la nube y en el borde (edge computing), sectores en los que China está superando a Estados Unidos en investigación. Esta tecnología permite procesar datos sin depender de infraestructuras físicas locales, lo cual acelera el despliegue de soluciones de inteligencia artificial. David Lin, analista de tecnología del Special Competitive Studies Project, sugiere que esto refleja la urgencia con la que Beijing busca llevar la IA desde el laboratorio al entorno real.

Implicaciones globales y reacciones internacionales

El avance de China no implica que Estados Unidos haya perdido relevancia, advierten expertos como Steven Hai, economista político de la Universidad Xi’an Jiaotong-Liverpool. Si bien hay una pérdida de liderazgo en algunas áreas, el país norteamericano sigue siendo un actor clave en el panorama tecnológico global.

Sin embargo, la investigadora de datos Jenny Wong-Leung, una de las autoras del estudio, advierte que las democracias corren el riesgo de perder ventajas estratégicas construidas durante años. El dominio chino en investigación puntera podría traducirse en una ventaja industrial, económica y militar, cambiando los equilibrios globales en sectores considerados críticos.

La preocupación también gira en torno a la dependencia de países occidentales respecto a tecnologías desarrolladas en un ecosistema político y regulatorio distinto, lo que podría afectar la soberanía tecnológica en el mediano plazo.

El futuro de la competencia tecnológica global

El panorama que describe el informe del ASPI sugiere una nueva etapa de la competencia tecnológica. Más que una carrera entre potencias, lo que está en juego es la capacidad de innovar, escalar y aplicar tecnologías disruptivas en todos los sectores de la sociedad.

La estrategia china parece apostar por el dominio del conocimiento como base para consolidar su influencia internacional. Es como quien construye una autopista de alta velocidad mientras otros países siguen reparando sus caminos antiguos. Cada publicación de alto impacto, cada avance en biotecnología o computación cuántica, representa un paso hacia una autonomía científica e industrial que cambia el tablero geopolítico.

Este liderazgo también plantea un desafío a la colaboración internacional. La ciencia ha sido, históricamente, un terreno de cooperación más que de confrontación. Pero si la brecha se amplía y se mezcla con tensiones comerciales y políticas, podría dificultarse la construcción de proyectos comunes en temas clave como el cambio climático, la salud global o la exploración espacial.