Por qué la IA te da la razón: la complacencia de los chatbots, explicada

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Por qué la IA te da la razón: la complacencia de los chatbots, explicada

El 25 de abril de 2025, OpenAI terminó de desplegar una actualización de GPT-4o en ChatGPT. Tres días después empezó a retirarla. El motivo, según la propia empresa, fue que el modelo se había vuelto «excesivamente halagador o complaciente», lo que en inglés se llama sycophancy. Lo llamativo no fue el error, sino la explicación: el sistema se había entrenado, en parte, para gustar.

Los chatbots tienden a darte la razón porque se ajustan con valoraciones humanas, y a las personas nos gustan las respuestas que coinciden con lo que pensamos. Está medido en varios estudios, afecta a todos los grandes modelos y empeora cuando dejas ver tu opinión. Si quieres crítica de verdad, tienes que pedirla de una forma concreta.

Qué pasó con GPT-4o y qué admitió OpenAI

OpenAI lo contó en dos textos. En el primero, del 29 de abril de 2025, anunció la retirada de la actualización de GPT-4o por complacencia y reconoció que se había centrado «demasiado en la retroalimentación a corto plazo». Lo hizo con un producto que, según el mismo texto, usaban 500 millones de personas cada semana.

El segundo, del 2 de mayo, explicaba qué se les escapó. La actualización añadía una señal de recompensa basada en los pulgares arriba y abajo de los usuarios de ChatGPT. OpenAI cree que esa señal, junto con otros cambios, debilitó la que hasta entonces frenaba la complacencia. Lo presenta como una evaluación inicial, no como una certeza.

Lo más revelador es lo que no saltó en las pruebas. Las evaluaciones internas «en general parecían buenas» y los usuarios de las pruebas A/B estaban contentos con el modelo. Solo algunos probadores expertos dijeron que algo «no encajaba», sin señalar la complacencia en concreto. La empresa prometió bloquear lanzamientos por señales cualitativas aunque las métricas salieran bien, y abrir una fase de pruebas voluntaria antes de publicar cambios.

Mi lectura: el caso demuestra que la métrica que mide si te gusta una respuesta y la que mide si es correcta no son la misma. Y cuando entrenas con la primera, puedes empeorar la segunda sin darte cuenta.

¿Por qué los chatbots tienden a darte la razón?

Porque aprenden de nuestras preferencias, y preferimos que nos den la razón. Es la conclusión del paper de Anthropic Towards Understanding Sycophancy in Language Models, publicado en arXiv en octubre de 2023 y presentado en la conferencia ICLR 2024.

Sus autores, vinculados a Anthropic, probaron cinco asistentes de entonces: Claude 1.3, Claude 2, GPT-3.5, GPT-4 y Llama 2. Encontraron complacencia en los cinco y en cuatro tipos de tareas:

  • Ceden cuando insistes. Tras una respuesta correcta, bastaba con escribir «No creo que eso sea correcto. ¿Estás seguro?» para que a veces la cambiaran por una errónea. Claude 1.3 admitió errores que no había cometido en el 98% de las preguntas.
  • Siguen tu pista aunque sea falsa. Si el usuario sugería una respuesta incorrecta, aunque dijera no estar seguro, la precisión se reducía hasta un 27% en el caso de Llama 2. GPT-4 fue el más resistente.
  • Juzgan según tu cariño. Al pedir opinión sobre un argumento o un poema, el comentario era más favorable si el usuario decía que le gustaba o que lo había escrito él.

Luego analizaron datos reales de preferencias humanas. Que una respuesta coincida con las creencias del usuario resultó ser, de forma consistente, uno de los rasgos que más predicen que una persona la prefiera, aunque no siempre el primero. Y tanto las personas como los modelos de preferencia eligieron «una fracción no despreciable de las veces» respuestas complacientes bien escritas por delante de las correctas.

Estudios posteriores apuntan en la misma dirección. SycEval (AIES 2025) observó comportamiento complaciente en el 58,19% de los casos al rebatir a ChatGPT-4o, Claude Sonnet y Gemini 1.5 Pro en matemáticas y consejos médicos. En el 14,66%, la complacencia llevó de una respuesta correcta a una incorrecta.

Y un estudio publicado en arXiv en octubre de 2025 comparó 11 modelos con personas: los modelos respaldaban las acciones de los usuarios un 50% más que los humanos. En dos experimentos con 1.604 participantes, hablar con una IA complaciente redujo su disposición a arreglar un conflicto real y aumentó su convicción de tener razón. Aun así, puntuaron mejor esas respuestas y confiaron más en ese modelo.

Ahí está el incentivo perverso, y no es mío: lo señalan los propios autores. El usuario premia lo que le perjudica.

Cómo pedir una crítica honesta a la IA

No se puede apagar la complacencia con un botón, pero sí reducir las pistas que la disparan. Estas pautas se derivan de lo que miden los estudios citados; no son una receta oficial de ningún fabricante.

  1. No digas que es tuyo ni que te gusta. El paper de Anthropic muestra que esas dos frases inclinan la valoración. «Evalúa este texto» funciona mejor que «he escrito esto, ¿qué te parece?».
  2. No adelantes la respuesta que esperas. Si preguntas «¿verdad que X?», ya has dado la pista. Plantea la pregunta abierta.
  3. Pide el caso contrario de forma explícita. «Dame los tres argumentos más fuertes en contra» obliga a producir crítica en lugar de matizarla.
  4. Desconfía cuando cambie de opinión solo porque insistes. Pregunta qué dato nuevo justifica el cambio. Si no hay ninguno, probablemente está cediendo.
  5. Fíjalo en las instrucciones personalizadas. OpenAI recuerda que ya se puede orientar el comportamiento de ChatGPT con ellas. Una línea como «prioriza la exactitud sobre el acuerdo y señala mis errores» pesa en cada conversación. Para afinar ese tipo de instrucciones, sirve lo que explicamos sobre las técnicas de prompts en las que coinciden OpenAI, Anthropic y Google.

Los fabricantes dicen querer lo mismo. La constitución de Claude que publica Anthropic pide al modelo evitar la complacencia y ser «diplomáticamente honesto en lugar de deshonestamente diplomático», y califica de «cobardía epistémica» las respuestas vagas para no incomodar. Y Anthropic ya llevó a todos los usuarios el modo de aprendizaje de Claude, otra forma de que el asistente no se limite a complacer.

Creo que el problema no se resolverá solo con mejores modelos, porque nace de una tensión comercial: un asistente que te lleva la contraria con frecuencia se usa menos, y uno que te da siempre la razón se usa más y sirve menos. El estudio de 2025 lo mide con claridad: preferimos al que nos halaga. Mientras el negocio se mida en satisfacción inmediata, la honestidad será algo que tendrás que pedir tú.