La sonda Hera de la Agencia Espacial Europea completó el 15 de octubre su primer gran frenado, una maniobra de 93 minutos con tres propulsores encendidos de forma continua para reducir su velocidad respecto a los asteroides Dídimo y Dimorfo. La ESA confirmó al día siguiente que salió dentro de los parámetros previstos, y la segunda parte está prevista para el 22 de octubre, según explicó la agencia.
La ESA lo describe como «la actividad más difícil que ha emprendido la misión desde el despegue». Hasta ahora todo había consistido en acelerar; ahora toca lo contrario, y con precisión.
¿Por qué hay que frenar tanto?
Porque Hera viaja a más de 12 kilómetros por segundo respecto a la Tierra y tiene que acabar prácticamente quieta junto a dos rocas de pocos cientos de metros. No basta con acercarse: hay que igualar su velocidad.
El plan son dos grandes frenados y tres maniobras de ajuste. El primero fue la maniobra del 15 de octubre, que recortó la velocidad relativa en varios cientos de metros por segundo. El segundo, el del 22 de octubre, durará unos 31 minutos, aportará la mayor parte del frenado restante y corregirá cualquier desviación del primero. Después vendrán tres maniobras menores a finales de mes para dejar la velocidad relativa casi a cero.
El equipo hizo un encendido de prueba el 2 de octubre para preparar la primera maniobra, según explicó Francesco Castellini, ingeniero de dinámica de vuelo de la ESA. La verificación se hace desde la estación de New Norcia, en Australia, una de las tres antenas de espacio profundo de 35 metros de la ESA, midiendo distancia y efecto Doppler.
¿Cómo ha llegado hasta ahí?
Con un camino largo. Hera despegó el 7 de octubre de 2024 desde Cabo Cañaveral, con el huracán Milton acercándose a Florida y una previsión meteorológica favorable solo en un 15 %, y desde entonces ha hecho dos grandes maniobras en el espacio profundo y un sobrevuelo de Marte en marzo de 2025, que le dio un empujón de casi un kilómetro por segundo y sirvió para estrenar sus instrumentos: fotografió también a Deimos, una de las lunas marcianas.
La maniobra de febrero y marzo de este año fue la que más combustible consumió: 123 kilos de hidracina en tres encendidos a lo largo de unas cuatro semanas, para un cambio de velocidad de 367 metros por segundo.
La llegada está prevista para noviembre, un mes antes de lo planeado al principio, gracias precisamente a frenar más tarde y más fuerte. Después vendrán varias semanas de aproximación en las que Hera tendrá que localizar por sí misma dos objetos pequeños y oscuros. «La nave está demostrando ser flexible y dinámica», dijo Sylvain Lodiot, responsable de operaciones de misiones del sistema solar exterior y defensa planetaria de la ESA.
¿Qué va a hacer cuando llegue?
Investigar una escena del crimen. En septiembre de 2022, la sonda DART de la NASA se estrelló deliberadamente contra Dimorfo y cambió su órbita alrededor de Dídimo: el periodo pasó de 11 horas y 55 minutos a 11 horas y 23 minutos, 32 minutos menos, según confirmó la NASA.
Funcionó, pero nadie sabe exactamente por qué funcionó tan bien. Falta saber la masa real de Dimorfo, su estructura interna y cuánto material salió despedido, que es lo que multiplicó el efecto del impacto. Sin esos datos, el golpe de DART es una anécdota exitosa; con ellos, se convierte en una técnica calculable y repetible. Dimorfo es, como recuerda la ESA, el primer objeto del sistema solar transformado por la acción humana.
Hera irá acercándose por fases: entre 25 y 30 kilómetros en noviembre y diciembre, hasta 10 kilómetros a final de año y después hasta unos 4. «Hera trabaja de forma más autónoma, y su autonomía aumenta cuanto más se acerca a los asteroides», explica Michael Müller, ingeniero de dinámica de vuelo, en la versión alemana del anuncio.
La misión lleva además dos CubeSats del tamaño de una maleta: Juventas, que sondeará el interior de Dimorfo con radar y medirá su gravedad, y Milani, que estudiará el polvo. Los dos intentarán posarse sobre el asteroide, y son los primeros CubeSats de espacio profundo de la ESA. Ya hablamos de los preparativos de la misión cuando Europa planeaba explorar el asteroide.
¿Qué pinta España en esto?
Bastante. Según la patronal TEDAE, GMV lidera un consorcio de siete países responsable del sistema de guiado, navegación y control autónomo de la sonda y del análisis de las operaciones de proximidad, además del análisis de misión y el guiado de Juventas. Thales Alenia Space España ha desarrollado el subsistema de comunicaciones, capaz de trabajar a 500 millones de kilómetros; Sener, la antena de baja ganancia, y Alter se ha encargado de ingeniería, ensayos y componentes electrónicos.
El centro europeo de astronomía espacial, en Madrid, participa además en la planificación de las imágenes durante las asistencias gravitatorias. Y la red de seguimiento incluye la antena de 35 metros de Cebreros, en Ávila.
El contexto de la defensa planetaria se mueve también fuera de Europa: ya contamos que China construye su propia misión de vigilancia y desvío de asteroides y que la NASA financia proyectos para eliminar asteroides peligrosos.
Mi lectura es que Hera es el tipo de misión que no genera titulares y sostiene todo lo demás. DART fue el espectáculo, el impacto, el vídeo; Hera es la parte aburrida y decisiva, la de medir qué pasó para poder repetirlo si algún día hace falta de verdad. Y estas semanas son el momento delicado: frenar bien no da una foto espectacular, pero fallar la deja a 12 kilómetros por segundo de un objetivo al que no volvería a acercarse.
