La IA creará más empleo del que destruye en EE. UU., según McKinsey: el problema son los 11 millones que tendrán que cambiar de profesión

Publicado el

La IA creará más empleo del que destruye en EE. UU., según McKinsey: el problema son los 11 millones que tendrán que cambiar de profesión

El McKinsey Global Institute calcula que la automatización reducirá en Estados Unidos una demanda de trabajo equivalente a 36 millones de empleos hasta 2035, mientras otros motores de la economía generarán unos 41 millones. El saldo es positivo. La mala noticia está en el reparto: unos 11 millones de personas tendrán que cambiar de profesión por completo, y casi la mitad no tiene un camino claro para hacerlo.

El informe se titula Workforce in motion, tiene 82 páginas y se publicó el 29 de septiembre de 2026. Lo firman María Jesús Ramírez, Kweilin Ellingrud, Tanguy Catlin, Diego Castresana y Anna Kortis. Su frase de cabecera resume la tesis: el reto de la próxima década es la movilidad, no la escasez.

Es un diagnóstico menos apocalíptico que los de los últimos años, como señalaba esta semana el analista Antonio Ortiz. Pero leído entero, el informe tranquiliza bastante menos que su titular.

¿Qué dice exactamente el informe de McKinsey?

Dice que en 2035 habrá en Estados Unidos más demanda de empleo que hoy, pero en ocupaciones distintas de las que se pierden. Los 36 millones de empleos afectados equivalen al 21 % de las horas de trabajo actuales, y la ganancia neta ronda los 5 millones.

Conviene leer bien la cifra grande. Esos 36 millones no son 36 millones de despidos. Unos 25 millones de trabajadores seguirían en su ocupación, aunque con tareas distintas, porque el crecimiento de su sector compensa lo que se automatiza. Los 11 millones restantes, cerca del 7 % de los empleados actuales, son los que tendrían que irse a otra profesión.

Ese número tiene un margen amplio: entre 6 y 16 millones, según el ritmo de adopción. Y obliga a un cambio de velocidad. McKinsey estima unas 770.000 transiciones al año, 3,6 veces la media histórica de unas 215.000.

El informe añade un precedente para rebajar el susto. Entre 2019 y 2022, durante la pandemia, unas 788.000 personas al año hicieron cambios parecidos sin daños duraderos, según recoge Fortune.

El dato incómodo: casi la mitad no tiene camino

Aquí está lo que el titular optimista deja fuera. Solo el 14 % de quienes tendrán que cambiar, uno de cada siete, tiene un camino directo hacia una ocupación en crecimiento. Otro 41 % tiene un camino sinuoso. Y el 45 % afronta lo que el informe llama un camino sin asfaltar.

El reparto tampoco es neutro. Los trabajadores con salarios bajos tienen 7,6 veces más probabilidades que los de salarios altos de necesitar una profesión nueva. Más del 70 % del empleo que desaparece está en los dos quintiles salariales inferiores, y cerca del 60 % del que crece, en los dos superiores.

Las barreras son muy concretas. En torno al 85 % de los empleos que crecen exige una acreditación, y el informe admite que eso puede torcer o bloquear caminos que serían viables. Además, según Fortune, cerca del 76 % de esos empleos no se puede hacer en remoto: están en hospitales, obras y centros de datos.

Hay un dato a favor que merece figurar. Solo alrededor del 3 % de las transiciones previstas, unas 305.000 personas, implicaría cobrar menos. El problema que describe McKinsey no es de sueldo en destino, sino de cómo llegar.

¿Qué trabajos se automatizan más y cuáles crecen?

Los más expuestos son los de oficina y apoyo administrativo, donde McKinsey prevé que se automatice en torno al 80 % de las horas de trabajo actuales. Les siguen tecnología y analítica, con un 70 %, y comercio y ventas, con un 68 %.

En el otro extremo están seguridad pública, con un 28 %, y los profesionales sanitarios, con un 26 %. Más del 75 % de los puestos que necesitarán transición se concentra en tres familias: administración, ventas y transporte y logística. El crecimiento se reparte entre sanidad, construcción y gestión, con unos 5 millones de empleos nuevos solo entre las dos primeras.

El caso del software ilustra la tesis del informe. La demanda de desarrolladores cayó con fuerza desde el máximo de 2022, pero las ofertas han subido cerca de un 15 % desde principios de 2025, sobre todo para perfiles sénior y orientados a IA. Se automatiza parte del trabajo, el producto se abarata, se demanda más, y crece la parte que sigue haciendo una persona.

Ese mecanismo es real y está documentado en otras tecnologías. Lo que el informe no garantiza es que funcione igual para un administrativo de 50 años que para un programador de 30.

¿Sirve este informe para España?

Solo como referencia de método, porque todos los datos son de Estados Unidos. Extrapolar porcentajes a un mercado laboral con otra estructura sectorial, otra pirámide de edad y otro sistema de formación sería un error.

Para una lectura europea hay fuentes mejores. En julio analizamos el mapa de OpenAI sobre qué empleos cambia la IA en Europa y la transición laboral que plantea, con conclusiones parecidas en el tono y distintas en el detalle. Y si lo que buscas es orientación práctica, mantenemos una guía sobre inteligencia artificial y empleo en 2026: qué trabajos cambian, cuáles resisten y cómo prepararte.

El informe sí aporta algo trasladable: la idea de que la barrera principal no es la falta de puestos, sino las credenciales y la geografía. Eso se parece mucho a debates que aquí conocemos bien.

Imparto formación en IA a empresas de sectores como banca, automoción o servicios generales, en cursos de entre 6 y 20 horas. Sirven para que alguien haga mejor su trabajo actual. No convierten a un administrativo en enfermero, y el informe habla justo de ese segundo salto.

Quién firma el pronóstico también importa

McKinsey vende servicios de transformación a las mismas empresas que tendrán que gestionar estas transiciones. No invalida los datos, pero conviene tenerlo presente al leer un marco tan cómodo como «movilidad, no escasez».

Hay además un detalle que casi nadie ha destacado. En 2023, la misma firma pronosticó unos 12 millones de cambios de profesión hasta 2030. Ahora habla de 11 millones hasta 2035. La magnitud es casi idéntica; el plazo se ha movido cinco años. Las previsiones a una década sobre una tecnología que cambia cada trimestre deben leerse así, con el calendario en lápiz.

El giro de tono no es exclusivo de las consultoras. En junio contamos cómo los CEOs de IA que prometían el apocalipsis laboral, de Altman a Amodei, dicen ahora que estaban equivocados. El consenso ha pasado del «se acaba el trabajo» al «habrá trabajo, pero otro».

Creo que el nuevo consenso es más razonable que el anterior e igual de interesado. Decir que el empleo no desaparece es cierto en el agregado, y sirve poco a la persona concreta que está en ese 45 % sin camino.

Llevo desde 2005 leyendo previsiones sobre tecnología y empleo, y las que mejor han envejecido son las que hablaban de tareas y no de titulares. Mi lectura de este informe es que la cifra que importa no es 41 millones ni 36: es ese 14 % con camino directo. Todo lo demás es política de formación por hacer, y eso no lo arregla ningún modelo de IA.

Comparte en: