America.gov reúne 29.000 webs públicas de EE. UU. en un chatbot: qué funciona, qué falta y qué lección deja para España

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America.gov reúne 29.000 webs públicas de EE. UU. en un chatbot: qué funciona, qué falta y qué lección deja para España

El Gobierno de Estados Unidos lanzó el 29 de septiembre de 2026 America.gov, un portal único con inteligencia artificial que permite preguntar en lenguaje natural en lugar de buscar entre más de 29.000 webs federales. Hoy solo responde preguntas con enlaces a fuentes oficiales. La promesa grande llega en 2027, cuando debería permitir hacer trámites: pedir un pasaporte, darse de alta en Medicare o consultar un préstamo de estudios.

Lo presentó Donald Trump en Washington, según Reuters, junto con una orden ejecutiva que obliga a todas las agencias federales a integrar sus servicios públicos en el portal. El diseño es obra del National Design Studio, que dirige Joe Gebbia, cofundador de Airbnb y primer director de diseño del Gobierno.

La idea es buena, y lo digo de entrada. Las dudas están en quién la ejecuta, sobre qué fuentes responde y qué ocurre cuando un chatbot público se equivoca.

¿Qué es America.gov y qué permite hacer hoy?

Es una página con una caja de texto, al estilo de ChatGPT o Gemini, que contesta preguntas sobre la Administración federal usando información de webs oficiales y enlaza cada respuesta a su fuente. En esta primera versión no tramita nada: informa y orienta.

Gebbia lo compara con el conserje de un buen hotel. Su ejemplo es el de una persona que quiere cambiar de apellido: pregunta cómo se hace, el sistema le pide el nuevo nombre y el certificado de matrimonio, y le devuelve una lista de pasos, incluidos los que dependen de su estado.

Las cifras que acompañan al lanzamiento son llamativas. Trump afirmó que los estadounidenses dedican más de 10.000 millones de horas al año a papeleo público. Gebbia añadió que unos 40 millones de personas visitan cada día webs federales. Ambas son declaraciones del acto, sin estudio publicado que las respalde, según la cobertura de Spectrum News.

A partir de 2027, el portal pasará, en palabras de Gebbia, de las respuestas a las acciones. La lista incluye pasaportes, Medicare, préstamos de estudios, pases de parques nacionales y prestaciones para veteranos, además del seguimiento del estado de cada solicitud. Quedan fuera, según Fast Company, la declaración de impuestos y los servicios de inteligencia y Defensa.

¿Qué IA hay detrás y qué pasa con tus datos?

El Gobierno no ha detallado qué modelo responde. Gebbia dijo a la CNBC que el sitio se desarrolló con ayuda de Gemini, de Google, y de Grok, de la empresa de Elon Musk, según Reuters; no está confirmado cuál de los dos atiende las consultas.

En privacidad, el mensaje oficial es rotundo. Gebbia aseguró que el portal no guarda información personal, no exige iniciar sesión, no almacena conversaciones y no rastrea a los usuarios. La política publicada dice lo mismo.

Dos matices. El primero es que eso vale para la versión que solo informa. En cuanto el portal tramite un pasaporte tendrá que identificarte, y entonces la promesa de no guardar nada deja de ser posible por definición. El segundo es que las preguntas frecuentes del propio sitio advierten de que la IA puede cometer errores y recomiendan comprobar las fuentes antes de tomar una decisión importante.

Esa advertencia es honesta y, a la vez, el corazón del problema. Un buscador que se equivoca te da un enlace malo. Un asistente oficial que se equivoca te da una respuesta con el sello del Gobierno.

Las críticas: accesibilidad, rastreo y una fuente que se puede reescribir

La primera crítica es de procedencia. El National Design Studio está formado por antiguos miembros de DOGE, el departamento de eficiencia que impulsó Musk y que ya fue desmantelado. Reuters lo describe como una evolución de aquel proyecto, más centrada en la experiencia de uso que en recortar plantilla. Aquí cubrimos su primer estreno digital, el curioso lanzamiento de DOGE.gov entre banderas generadas con IA y promesas de eficiencia, en enero de 2025.

La segunda es de historial. Una investigación de The Guardian de este verano encontró que el estudio había usado software comercial de seguimiento de visitantes en webs que no cumplían los estándares federales de privacidad. Y expertos citados por Fast Company temen que automatizar con IA las pruebas de accesibilidad empeore el acceso de las personas con discapacidad a los sitios públicos.

La tercera me parece la más seria. El chatbot responde a partir de lo que dicen las webs oficiales, y Fast Company recuerda que esta Administración ha eliminado y reescrito páginas públicas. Si la fuente cambia, la respuesta cambia, y el ciudadano no ve la diferencia.

El contexto político tampoco ayuda. Un sondeo de Economist/YouGov citado por Reuters indica que el 60 % de los votantes probables quiere más regulación de la IA. Y según Pew, el 71 % de los adultos cree que un mayor uso de la IA hará menos segura su información personal.

¿Podría España hacer algo parecido?

Podría, y parte del trabajo difícil ya está hecho. A mi juicio, España tiene mejor resuelta una pieza que en Estados Unidos sigue pendiente: una identidad digital común para tratar con la Administración, con Cl@ve y con el certificado electrónico.

Lo explicamos en nuestra guía sobre la firma digital y el certificado electrónico, qué son y cómo conseguirlos en España. A eso se sumará la cartera digital europea o EUDI Wallet, que va a cambiar cómo te identificas online.

Lo que falta aquí es justo lo que America.gov sí intenta: una puerta de entrada única que entienda lo que quieres hacer. Cualquiera que haya intentado pagar una tasa o pedir una cita sabe que el problema rara vez es identificarse. Es averiguar en qué sede, con qué formulario y en qué orden.

Entre las organizaciones a las que formo en IA hay administraciones públicas, y desde 2005 he visto unas cuantas ventanillas únicas anunciadas con entusiasmo. Mi impresión es que la tecnología nunca fue el obstáculo. Lo fue, y lo sigue siendo, que cada organismo mantenga su propio sistema y su propio criterio.

Ahí es donde el modelo estadounidense enseña algo útil. La pieza decisiva no es el chatbot, sino la orden ejecutiva que obliga a todas las agencias a conectarse. Sin esa obligación, una caja de texto bonita solo añade una capa más encima del laberinto.

¿Queremos que esa capa la escriba un modelo de lenguaje?

Creo que sí para orientar y no todavía para decidir. Un asistente que te dice qué trámite necesitas y te lleva al formulario correcto ahorra horas y tiene un coste de error bajo. Uno que rellena y envía por ti exige garantías que ningún Gobierno ha demostrado aún: registro de cada respuesta, derecho a reclamar y una persona al otro lado cuando falla.

Mi apuesta es que 2027 llegará con menos trámites disponibles de los prometidos y con el primer caso sonado de respuesta errónea. No será motivo para descartar la idea. Será el momento de comprobar si alguien pensó en quién responde.