El shadow AI ha dejado de ser una preocupación teórica de los departamentos de IT para convertirse en una línea de gasto personal relevante. Según el informe que Deloitte UK publicó esta semana a partir de una encuesta a 25.000 personas realizada entre mayo y junio de 2026, los trabajadores del Reino Unido gastan aproximadamente 958 millones de libras al año de su propio dinero en herramientas de IA generativa para uso profesional. El 17% de quienes usan IA en el trabajo pagan al menos una suscripción ellos mismos. El 3% de los encuestados usa solo herramientas pagadas de su propio bolsillo.
El número global de adopción es alto: el 63% de los adultos en edad laboral del Reino Unido (de 18 a 70 años) usa conscientemente IA generativa en el trabajo. Casi una de cada cuatro personas la usa a diario. De ellos, la mayoría (46%) usa herramientas gratuitas; el 34% usa herramientas pagadas por su empresa; y el 17% paga sus propias suscripciones.
Pero la estadística más llamativa del informe es la que mide la opacidad de ese uso: el 31% de los usuarios de IA en el trabajo lo hace sin que su empleador lo sepa. Casi un tercio de las personas que usan IA en su jornada laboral lo hacen en la sombra, fuera del radar de IT y de sus responsables.
¿Qué explica el shadow AI y qué riesgo representa?
Hay dos fuerzas que explican el fenómeno. La primera es la velocidad: los empleados que quieren usar IA en su trabajo no pueden esperar a que los departamentos de compras, legal y seguridad completen el proceso de aprobación de una herramienta nueva. Si ChatGPT, Claude o Perplexity les ayudan a hacer el trabajo en menos tiempo, empiezan a usarlos aunque no estén en la lista de herramientas aprobadas de la empresa.
La segunda es el estigma. El 23% de los usuarios de IA en el trabajo siente que hay un estigma asociado al uso de estas herramientas. Entre los usuarios semanales, el 64% admite que le preocupa que su manager piense que la IA podría reemplazarle si saben que la usa. Si usar IA eficientemente en el trabajo puede interpretarse como una señal de que no eres necesario, el incentivo para ocultarlo es fuerte.
Llevamos en wwwhatsnew.com documentando el gap de adopción corporativa de IA y hemos comprobado que el 3,3% de los usuarios de Microsoft 365 pagan por Copilot, lo que contrasta dramáticamente con el 63% de trabajadores que ya usan IA de alguna forma. La diferencia entre lo que las empresas ofrecen y lo que los empleados usan es exactamente el espacio que el shadow AI ocupa.
El coste empresarial del shadow AI no es solo el riesgo de seguridad de datos que supone que los empleados suban información sensible a sistemas no aprobados. Es también el coste de la formación perdida: el 50% de los usuarios de IA en el trabajo no ha tenido formación formal en uso seguro de estas herramientas, y el 65% dice que sus responsables les han dado poca orientación. Un empleado que usa ChatGPT Plus pagado de su bolsillo porque no tiene alternativa corporativa y no ha recibido ninguna formación de la empresa es exactamente el perfil que genera los incidentes de seguridad de datos.
Hayley McKelvey, chief AI officer de Deloitte UK, lo resumió bien: los trabajadores «no quieren esperar permiso.» Su recomendación para las empresas no es frenar el uso sino adelantarse a él: dar acceso a herramientas aprobadas, establecer normas claras y comunicarlas bien, de manera que el empleado que quiere usar IA tenga una vía oficial disponible antes de buscar una alternativa por su cuenta.
Las tareas más comunes entre los usuarios: buscar información (43%), redactar emails (43%) y resumir documentos (31%). El tiempo ahorrado estimado es de unos 70 minutos por semana por usuario —aunque el estudio advierte que es una estimación autoreportada, no medida directamente. En 2026, el catálogo de copilots disponibles para trabajo —Microsoft Copilot, GitHub Copilot, Gemini for Work, Claude Enterprise— es más amplio que nunca, pero la adopción corporativa sigue siendo baja. El dato de Deloitte sugiere que el problema no es la oferta de herramientas; es la gestión del cambio. Los modelos de IA que prefieren los empleados de las grandes empresas tecnológicas para tareas de trabajo ya no son los mismos que las empresas compran en bloque.
El informe de Deloitte tiene también implicaciones importantes para la política de recursos humanos de las empresas españolas. Si el fenómeno del shadow AI está cuantificado en el Reino Unido en cerca de 1.000 millones de libras anuales —y el comportamiento de los trabajadores en entornos similares es comparable—, el shadow AI en el trabajo corporativo español representa probablemente cientos de millones de euros en uso no gestionado de herramientas de IA. Las empresas que estén esperando a diseñar una política de IA antes de permitir que los empleados la usen están llegando tarde: la mayoría ya la está usando con o sin política.
La distinción entre «shadow AI» dañino y «uso de IA no supervisado pero inocuo» es la que los responsables de seguridad tienen que hacer primero. Enviar un borrador de email a ChatGPT para mejorarlo no tiene el mismo perfil de riesgo que subir un contrato confidencial de cliente para que la IA lo analice. El problema es que, sin política, sin formación y sin herramientas alternativas aprobadas, los empleados no tienen criterios para distinguir cuándo el uso es razonable y cuándo no. El coste de esa ambigüedad es mayor que el coste de establecer una política clara.
El dato más llamativo del estudio de Deloitte para los responsables de IT no es el número de personas que usan IA sin permiso —ese número era esperado—, sino que el 17% paga suscripciones de su propio bolsillo. Ese gasto personal refleja que la herramienta es lo suficientemente valiosa para que la persona la costee ella misma, lo que significa que la empresa está perdiendo visibilidad sobre datos corporativos que salen por un canal no aprobado, y que el empleado está asumiendo costes que deberían ser de la empresa si la herramienta es tan útil. Los 958 millones de libras son la métrica que convierte el shadow AI de preocupación de seguridad abstracta a problema de pérdidas medible.
