El centro de datos de Amazon en Texas podría ser el mayor contaminante climático de EEUU

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El centro de datos de Amazon en Texas podría ser el mayor contaminante climático de EEUU

Amazon está construyendo en Pecos County, Texas, una planta de gas natural para alimentar un nuevo campus de centros de datos que, si se construye según las especificaciones del permiso, se convertiría en el mayor emisor de CO2 de la historia reciente de EEUU. Los documentos regulatorios muestran que la planta tiene permiso para emitir 33 millones de toneladas de CO2 al año — más del doble que la planta de carbón más contaminante actualmente en funcionamiento en el país. Lo adelantó The New York Times y lo ampliaron TechCrunch y The Verge el 8 y 9 de agosto de 2026.

La noticia llega mientras Amazon tiene activo The Climate Pledge, su compromiso de 2019 de alcanzar cero emisiones netas para 2040, diez años antes que el Acuerdo de París.

Los números del proyecto GW Ranch

El proyecto se llama GW Ranch y está siendo desarrollado por Pacifico Energy. Utilizará 35 turbinas de gas natural con una capacidad combinada de 7,65 gigavatios de electricidad.

Para poner esa cifra en perspectiva: la planta de carbón James H. Miller Jr. en Quinton, Alabama, actualmente el mayor emisor individual de CO2 de EEUU, emite aproximadamente 16 millones de toneladas al año. El permiso de GW Ranch —33 millones de toneladas— es el doble. Aunque los permisos fijan el máximo y las plantas raramente operan al techo, ese margen deja amplio espacio para superar el récord actual.

Un elemento adicional: la planta no estará conectada a la red eléctrica de Texas. Amazon comprará directamente la energía generada on-site, lo que técnicamente le permite argumentar que no sube los precios a los consumidores de la red — argumento que ya usó un portavoz de la empresa. Sin embargo, que la planta esté off-grid no cambia las emisiones al atmósfera ni los contaminantes secundarios — óxidos de nitrógeno, partículas finas — que afectan a las comunidades cercanas.

El contexto más amplio: Silicon Valley abandona las renovables

El caso de Amazon no es aislado. Meta, Microsoft y Google están construyendo sus propias plantas de gas natural para alimentar centros de datos de IA, abandonando en la práctica el modelo que les hacía presumir de compras masivas de energía renovable. La demanda de electricidad de los centros de datos de IA crece a un ritmo que las renovables —con su variabilidad de generación y sus tiempos de desarrollo— no pueden seguir.

Gas natural permite construir capacidad de generación en 18-24 meses. Un parque solar o eólico de escala similar tarda el doble o más, además de requerir infraestructura de almacenamiento para gestionar la intermitencia. Los directivos de las tecnológicas lo saben y han tomado una decisión: la electricidad de IA primero, los compromisos climáticos después.

Las emisiones de Microsoft subieron un 6% en 2025 — de 64,38 millones de toneladas a 68,25 millones — principalmente por la expansión de centros de datos. Microsoft tiene un compromiso de ser «carbon negative» para 2030, que su propio informe de sostenibilidad reconoce que se aleja a medida que crece la demanda de IA.

Contraste con las políticas declaradas

La contradicción entre los compromisos climáticos y la realidad de los proyectos de infraestructura es difícil de sostener sin contabilidad creativa. Las grandes tecnológicas han usado históricamente dos mecanismos: los Renewable Energy Certificates (RECs), que certifican que en algún punto de la red se generó energía limpia equivalente a la consumida, y las promesas de neutralidad de carbono, que suelen incluir compensación de emisiones con proyectos de reforestación o captura de carbono.

Ninguno de los dos mecanismos significa que la electricidad que usa un data center en un momento concreto sea limpia. Un REC puede comprarse en otro estado y en otro momento. La captura de carbono a escala es aún costosa e incierta. Amazon reveló en junio que sus centros de datos consumieron 2.500 millones de galones de agua en 2025 con metodología auditable — un estándar de transparencia más alto que el habitual — pero ese nivel de rigor no se ha extendido todavía a la contabilidad de emisiones.

La presión desde otros frentes

Kathryn Guerra de Public Citizen, citada en The Verge, lo resume sin ambigüedad: el impacto sobre el medioambiente y la salud pública será enorme. Las plantas de gas también emiten contaminantes formadores de smog, vinculados a enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Las comunidades cerca de Pecos County son en su mayoría rurales y económicamente vulnerables.

La presión regulatoria viene de varias direcciones. Australia ha propuesto exigir que los nuevos centros de datos añadan al menos tanta generación limpia a la red como la que consumen — la llamada «additionality rule» que hace que una planta de gas off-grid sea un pasivo regulatorio en lugar de un atajo. Bruselas ha dicho a las grandes tecnológicas que alineen sus centros de datos de IA con los objetivos climáticos de la UE.

La administración Trump en EEUU ha ido en dirección contraria: ha facilitado la construcción de centros de datos, relajado regulaciones medioambientales y promovido activamente el gas, el carbón y el petróleo.

Mi valoración

Lo que más me convence del análisis de este proyecto es que la magnitud del permiso —33 millones de toneladas de CO2— hace que la conversación sobre RECs y compensaciones se vuelva irrelevante para los observadores razonables. No existe mecanismo de neutralización de carbono que funcione a esa escala con tecnología disponible hoy.

Lo que más me preocupa es la dinámica de carrera: si Amazon construye 7,65 GW de generación off-grid en Texas, Google y Microsoft sentirán la presión de hacer lo mismo para garantizar su suministro eléctrico sin depender de una red con restricciones. El mercado de gas industrial en EEUU puede absorber varios proyectos de esta magnitud, pero el efecto agregado en emisiones transforma lo que eran compromisos climáticos individuales en declaraciones nominales.

La pregunta a 12 meses no es si el proyecto de Amazon en Texas avanzará — Amazon ya confirmó la inversión —, sino cuántas administraciones municipales y estatales seguirán el ejemplo de Seattle, que en 2026 aprobó una moratoria de emergencia sobre nuevos grandes centros de datos. La respuesta local puede terminar siendo el único freno efectivo donde el federal no actúa.