La idea de que SpaceX se fusione con otra empresa liderada por Elon Musk suena, de primeras, como juntar dos motores de distinto tamaño en el mismo chasis. Puede funcionar, pero obliga a rediseñar la transmisión, la refrigeración y hasta el cuadro de mandos. Según informó Reuters, SpaceX y xAI estarían “en conversaciones” para una posible fusión de cara a la IPO (salida a bolsa) que SpaceX planea para más adelante este año. En paralelo, Bloomberg publicó que SpaceX también estaría “considerando” una combinación con Tesla, o una “alternativa” con xAI.
El matiz de las palabras importa: “en conversaciones” no equivale a “acuerdo”, y “considerando” puede ir desde un simple análisis financiero hasta un borrador avanzado. Por ahora, el calendario y la valoración de cualquier operación siguen sin estar claros. The Verge recogió que SpaceX, Tesla y xAI no respondieron de inmediato a solicitudes de comentarios, algo habitual cuando se trata de movimientos corporativos sensibles.
Qué se sabe del calendario y la salida a bolsa
La hipótesis de una fusión aparece pegada a un hito clave: la IPO de SpaceX. El Financial Times señaló esta semana que la compañía estaría contemplando una fecha de salida a bolsa a mediados de junio. Si esa ventana se mantiene, el tiempo juega a favor de decisiones rápidas o, al menos, de señales claras para inversores potenciales.
Una salida a bolsa es como abrir las puertas de casa para que entren nuevos socios: los números se miran con lupa, los riesgos se pesan con balanza de precisión y los planes se someten a preguntas incómodas. En ese contexto, una fusión puede presentarse como una forma de fortalecer la narrativa estratégica —“no somos solo cohetes, somos infraestructura y datos”— o, al contrario, como una complejidad extra justo antes de un examen público.
El argumento más llamativo: centros de datos en el espacio
El detalle que vuelve esta historia especialmente tecnológica es el motivo que Reuters atribuye al posible acuerdo con xAI: ayudar a SpaceX con planes para lanzar centros de datos al espacio. Traducido a un ejemplo cotidiano, sería como decidir que tu nevera no solo enfría comida, sino que también aloja un pequeño servidor para que el barrio guarde fotos y haga videollamadas: la función principal sigue ahí, pero la infraestructura cambia el alcance del proyecto.
Llevar computación al espacio plantea preguntas serias: energía, disipación térmica, mantenimiento, latencia y, sobre todo, viabilidad económica. Si la intención es dar soporte a cargas de trabajo de inteligencia artificial, el reto crece, porque entrenar y operar modelos requiere mucha potencia eléctrica y un diseño muy fino de refrigeración. El atractivo, si existiera, podría estar en combinar conectividad y despliegue orbital con necesidades de procesamiento distribuido. El concepto es seductor sobre el papel; su ejecución es otra historia.
Dos rutas posibles: fusión con xAI o integración con Tesla
En el tablero hay, al menos, dos caminos. El primero: una fusión SpaceX–xAI. Eso pondría bajo el mismo paraguas a la compañía espacial y al proyecto de IA que desarrolla Grok. El segundo: una combinación con Tesla, una empresa que ya opera como plataforma industrial, de software y de energía. Cada opción sugiere una lógica distinta.
Con xAI, la lectura es “datos y modelos” pegados a “capacidad de lanzamiento e infraestructura orbital”. Con Tesla, la lectura se desplaza a “fabricación, baterías, energía, computación y autonomía” dentro de una estructura corporativa ya cotizada y muy observada por el mercado. En ambos casos, el denominador común es la consolidación: menos islas separadas, más puentes entre compañías con el mismo timón.
El factor Grok: escrutinio y riesgos regulatorios
Un punto delicado de una fusión con xAI es que arrastraría a SpaceX a compartir techo con un producto bajo fuerte atención pública. The Verge remarca que Grok está sometido a “importante escrutinio” e incluso a una investigación en la Unión Europea relacionada con deepfakes sexualizados. En términos de reputación, es como comprar un edificio nuevo con una cafetería excelente en la planta baja, sabiendo que el local de al lado está en disputa legal: aunque no sea tu negocio, el ruido se oye en toda la finca.
Para una empresa que busca el foco de los mercados, este tipo de fricción puede influir en el apetito inversor. No significa que una operación sea imposible; significa que el “descuento por riesgo” puede aparecer en conversaciones con analistas y en titulares, justo cuando lo último que quieres es añadir capas de incertidumbre.
Un historial de transacciones que dibuja el patrón
La posibilidad de una fusión no llega de la nada. The Verge repasa que sería “la última” operación entre compañías con Elon Musk como CEO. Esta semana, Tesla dijo que invertiría “aproximadamente” 2.000 millones de dólares en xAI. Y, según CNBC, Tesla vendió en 2025 unos 430 millones de dólares en baterías de respaldo a xAI. A esto se suma otro movimiento clave: el año pasado, xAI compró X.
Visto en conjunto, se parece a reorganizar habitaciones en una casa grande: hoy pasas el escritorio al salón, mañana conviertes el trastero en oficina, y al final la distribución responde a una nueva manera de vivir. En términos corporativos, estas transacciones pueden facilitar sinergias reales (energía, hardware, datos, cómputo) o complicar la gobernanza y la percepción de conflictos de interés. Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
Qué deberían vigilar mercado e industria en las próximas semanas
Con la IPO sobre la mesa, la pregunta práctica es qué señales concretas aparecerán primero: filtraciones más detalladas, documentos internos, movimientos de consejo, cambios en estructuras de financiación o declaraciones formales. También será relevante si la supuesta fecha de mediados de junio —citada por el Financial Times— se mantiene o se ajusta, porque el reloj condiciona el margen para cerrar una operación grande sin que parezca improvisada.
Si la ruta elegida es xAI, la conversación girará alrededor de IA, regulación y reputación, junto a la promesa —todavía abstracta— de centros de datos en órbita. Si la ruta es Tesla, entrarán en primer plano las implicaciones para accionistas de una empresa ya cotizada, la integración de activos y la lectura que haga el mercado sobre la concentración de riesgos y oportunidades bajo una misma estructura.
