La carrera por la infraestructura de IA se está pareciendo cada vez menos a una simple ampliación de servidores y más a la construcción de una red eléctrica en miniatura. En esa lógica encaja el anuncio de Google de adquirir Intersect, un desarrollador de centros de datos y activos energéticos, por 4.750 millones de dólares en efectivo. La información se conoció a través de un comunicado de la compañía y fue recogida por The New York Times, que contextualizó la operación dentro del empuje de las grandes tecnológicas para levantar capacidad de cómputo a escala industrial.
En términos prácticos, la compra busca resolver un problema que ya no se puede esconder detrás de mejoras de software: para entrenar y operar modelos avanzados, no basta con tener chips; hace falta un suministro estable de energía y la capacidad de desplegar data centers con rapidez. Si la IA fuese una cocina profesional, los aceleradores serían los fogones… pero la electricidad sería el gas y la ventilación que permite cocinar durante horas sin apagar nada.
Qué es Intersect y por qué resulta clave para Google
Intersect es una compañía privada con base en San Francisco dedicada al desarrollo y operación de centros de datos y plantas energéticas. El detalle importante es que no se trata únicamente de “alquilar naves llenas de racks”, sino de integrar el crecimiento del cómputo con la disponibilidad energética. Esto gana valor cuando los proyectos de IA dejan de ser un “pico” de demanda y se convierten en una carga continua, exigente y difícil de interrumpir.
Según lo comunicado por Google, la operación incluye la adquisición de parte del equipo de Intersect, proyectos en curso y “múltiples gigavatios” de capacidad energética. El término gigavatios no es un adorno: es la unidad que te dice si estás hablando de alimentar un barrio, una ciudad o un conjunto de fábricas. Para un centro de datos moderno, la potencia es tan estratégica como el suelo donde se construye.
Este movimiento también tiene un matiz de continuidad: Google ya trabajaba con Intersect en la construcción de centros de datos y había invertido en la empresa el año anterior. Es decir, no es un flechazo repentino, sino una relación previa que ahora se formaliza como integración. En su declaración, Sundar Pichai señaló que Intersect ayudaría a “expandir capacidad”, operar con más agilidad y alinear generación eléctrica con nueva carga de centros de datos, con la idea de impulsar la innovación y el liderazgo de Estados Unidos.
Energía: el cuello de botella de la infraestructura de IA
Cuando se habla de IA, mucha gente imagina modelos, datos y algoritmos. El lado físico suele quedar fuera de foco, hasta que llega la factura. Entrenar y servir modelos de gran tamaño exige energía constante y sistemas de refrigeración muy eficientes. Es como pasar de tener un coche en casa a operar una flota de camiones frigoríficos: la logística se vuelve el negocio.
Aquí aparece el valor de controlar piezas del suministro energético o, como mínimo, de coordinarlo estrechamente. Los grandes centros de datos no pueden permitirse incertidumbre prolongada sobre disponibilidad de potencia, tiempos de conexión a red o permisos. En muchas regiones, la infraestructura eléctrica y la burocracia van a un ritmo que no coincide con la velocidad a la que las tecnológicas quieren ampliar capacidad de cómputo.
La compra de un desarrollador que combina data centers y energía funciona como una respuesta a esa fricción. No garantiza magia, pero sí puede recortar pasos: menos intermediarios, más coordinación entre diseño, permisos, construcción y alimentación eléctrica. Para un proyecto de IA que compite por ser el primero en desplegar capacidad, semanas de diferencia se sienten como meses.
Una adquisición poco habitual en un sector que suele externalizar
Un punto relevante del caso es que una compra directa de una empresa de centros de datos o energía no es lo más común para las grandes tecnológicas. En los últimos años, muchas compañías han preferido fórmulas financieras y acuerdos con terceros para construir y operar instalaciones sin cargar todo en balance, utilizando estructuras donde firmas más pequeñas asumen deuda para levantar proyectos. The New York Times describía este entorno como un frenesí inversor global para dominar la IA, con compromisos multimillonarios por parte de Google, Amazon, Meta, Microsoft y OpenAI.
Frente a ese patrón, una adquisición total sugiere que Google quiere más control operativo y más previsibilidad. Se parece a cuando una cadena de restaurantes decide comprar su propio centro de distribución: al principio parece una complicación, pero a escala puede evitar cuellos de botella y asegurar suministros críticos.
Regulación y contexto: por qué Google se mueve ahora
La operación también se lee bajo el prisma regulatorio. Durante años, Google (y su matriz Alphabet) han estado bajo escrutinio por posibles prácticas anticompetitivas, especialmente alrededor de la búsqueda en internet. Ese ambiente suele enfriar el apetito por fusiones y adquisiciones, porque cualquier compra se analiza con lupa.
En este caso, el foco no está en adquirir un competidor directo en un mercado de consumo, sino en asegurar infraestructura física para sostener servicios de IA. Aun así, el hecho de que Google haya sido hallada culpable de violar leyes antimonopolio “en años recientes”, con penalizaciones relativamente moderadas según el relato de The New York Times, ayuda a explicar por qué la compañía parece más dispuesta a moverse con decisiones de gran tamaño. No es una garantía de camino despejado, pero sí un contexto que reduce el freno psicológico corporativo.
Qué pasará con los activos: empleados, proyectos y un “spin-off” selectivo
Google indicó que se quedará con empleados, proyectos y capacidad energética de Intersect, mientras que parte del negocio se reorganizará: Intersect separará como empresa independiente algunos centros de datos en Texas y California que usan otros clientes. Este tipo de “recorte” es una forma de mantener la lógica industrial del acuerdo sin absorber por completo operaciones que no están alineadas con el objetivo principal de Google.
Traducido a un ejemplo cotidiano: es como comprar una panadería por su obrador y su equipo, pero dejar fuera un par de tiendas que sirven a otros barrios, porque la prioridad es garantizar la producción para tu propia cadena. El resultado es más control donde importa, menos fricción donde no aporta.
Haskell, Texas: el gran tablero donde se juega la expansión
Google destacó que el acuerdo acelerará la construcción de su infraestructura de IA en Haskell, Texas, un área donde planea invertir 40.000 millones de dólares hasta 2027. En el mundo de los centros de datos, elegir ubicación no es solo cuestión de espacio: pesa la cercanía a energía, agua, redes de fibra, clima, regulaciones locales y disponibilidad de mano de obra especializada.
Mencionar Haskell no es casual. Significa que Google tiene un plan territorial concreto y que la compra de Intersect encaja en esa hoja de ruta. Cuando una compañía pone cifra y fecha, está señalando que el reto ya no es “si crecer”, sino “cómo crecer sin que la infraestructura falle”.
Qué cambia para la competencia y para el mercado de data centers
Para el mercado, la compra es un indicio: la batalla por la IA empuja a la integración vertical, aunque sea parcial. Si la energía y la capacidad de construcción se vuelven el factor limitante, las tecnológicas buscarán acuerdos más profundos, participaciones o compras que reduzcan dependencia de terceros.
Para competidores, el mensaje es claro: la ventaja no se mide solo en modelos o productos, también en cuántos megavatios puedes poner en marcha y cuán rápido. El usuario final quizá no vea un “botón nuevo” mañana, pero sí puede experimentar servicios más estables, respuestas más rápidas o más funciones de IA integradas cuando la base física soporta la demanda.
