Meta ha confirmado una inversión colosal de 600.000 millones de dólares en infraestructuras dentro de Estados Unidos hasta 2028, una cifra que busca consolidar su apuesta por el desarrollo de centros de datos orientados al crecimiento de la inteligencia artificial (IA). Aunque el anuncio no detalla con precisión en qué se distribuirá el monto, el mensaje central es claro: la IA ocupa el corazón de su estrategia.
Este anuncio retoma protagonismo luego de un momento curioso que ocurrió en septiembre durante una cena en la Casa Blanca. Mark Zuckerberg, CEO de Meta, mencionó esta cifra en un intercambio captado por un micrófono abierto con el presidente Trump. «No estaba seguro de qué número querías que dijera», se le escuchó decir, dejando entrever cierta improvisación en la comunicación del compromiso económico. A pesar de ello, la cifra ahora se reafirma de forma oficial.
El papel clave de los centros de datos
En el comunicado difundido por Meta, la empresa destaca que estos centros de datos no solo servirán como base técnica para sus productos de IA, sino que también se convertirán en un motor económico nacional. Desde 2010, estas instalaciones han contribuido a generar más de 30.000 empleos en oficios especializados y 5.000 puestos operativos. Actualmente, Meta afirma estar invirtiendo más de 20.000 millones de dólares en empresas subcontratistas estadounidenses, fortaleciendo así una cadena de valor que trasciende su propia estructura.
Construir centros de datos es como levantar las bibliotecas del futuro: espacios gigantescos, hiperconectados y con climas controlados al milímetro, donde miles de servidores almacenan, procesan y distribuyen información a escala global. Para que la IA pueda ofrecer respuestas instantáneas o entrenarse con cantidades masivas de datos, necesita este tipo de infraestructura física.
Superinteligencia y gafas inteligentes: las piezas del futuro
La inversión también revela las aspiraciones de Meta respecto a un concepto que genera tanto entusiasmo como preocupación: la superinteligencia. Este término se refiere a un punto hipotético en el que los sistemas de IA no solo igualan, sino que superan la capacidad cognitiva humana. Voces como la de Geoffrey Hinton o Steve Wozniak han sugerido que su desarrollo debería pausarse hasta que existan garantías de seguridad y control.
Meta, sin embargo, avanza con paso firme. Para la empresa, esta tecnología no es una amenaza, sino una oportunidad. Sus gafas inteligentes forman parte esencial de esta visión, ya que según Zuckerberg, quien no las use en el futuro podría encontrarse en «una desventaja cognitiva significativa». La idea es que estas gafas funcionen como una extensión del pensamiento humano, conectadas permanentemente a sistemas de IA que ayuden a procesar información en tiempo real.
Competencia global y posicionamiento estratégico
Meta no compite sola en esta carrera. Otras grandes tecnológicas como Google, Microsoft y Amazon también están construyendo centros de datos a ritmos acelerados. Pero la cifra que anuncia Meta destaca por su magnitud, y se convierte en una declaración de intenciones: quiere estar al frente del desarrollo de la IA, no solo desde el software, sino desde la infraestructura misma.
El hecho de que toda la inversión esté destinada a territorio estadounidense también tiene un peso político. En un contexto donde la autonomía tecnológica y la soberanía digital se han vuelto prioridades nacionales, Meta se alinea con los intereses del gobierno para reforzar su presencia local y, al mismo tiempo, asegurarse un lugar preferente en las mesas de decisión.
Una estrategia de largo plazo con muchas preguntas
Aunque los planes de Meta proyectan una visión ambiciosa, también generan interrogantes. ¿Cómo se medirá el impacto real de esta inversión? ¿Qué regulaciones se implementarán para supervisar los avances en superinteligencia? Y, sobre todo, ¿qué papel jugará el usuario común en este ecosistema de tecnología de última generación?
Por ahora, lo cierto es que el compromiso económico de Meta pone a la inteligencia artificial en el centro de su modelo de negocio, apostando por una infraestructura capaz de sostener las promesas de una era donde la tecnología se entrelaza cada vez más con nuestras decisiones cotidianas.
