El futuro incierto de Chrome: cómo podría cambiar el equilibrio en Internet

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Representación minimalista de la posible venta de Chrome con DuckDuckGo, OpenAI y Perplexity en competencia

Imagina que el navegador Chrome, utilizado por miles de millones de personas en todo el mundo, estuviera en venta como si fuera una casa en el mercado inmobiliario. Eso es lo que se discute actualmente en los tribunales de Estados Unidos, donde el CEO de DuckDuckGo, Gabriel Weinberg, ha estimado que Chrome podría alcanzar un precio de hasta 50.000 millones de dólares.

Este dato surgió durante el juicio antimonopolio contra Google, una de las batallas legales más importantes en la historia reciente de la tecnología. Según Weinberg, su cálculo es un «apunte rápido en una servilleta», basado principalmente en el enorme alcance global de Chrome y su sólida base de usuarios. Para ponerlo en perspectiva, una estimación previa realizada por Bloomberg a finales de 2024 lo valoraba en unos 20.000 millones, lo que resalta cuán crucial se ha vuelto este navegador en el ecosistema digital.

El interés de los grandes jugadores

Desde la mirada de DuckDuckGo, aunque adquirir Chrome estaría fuera de su alcance económico, el interés no es casual. Controlar un navegador tan popular significaría tener en sus manos una puerta de entrada fundamental a Internet, donde las búsquedas, la publicidad y la inteligencia artificial convergen.

El juicio, supervisado por el juez federal Amit Mehta, parte de una decisión anterior que determinó que Google mantuvo un monopolio en las búsquedas a través de acuerdos predeterminados con empresas como Apple. El Departamento de Justicia, junto a varios estados, busca ahora soluciones para fomentar una competencia más saludable. Entre las opciones está forzar la venta de Chrome.

Este movimiento no sólo interesa a DuckDuckGo. Empresas como OpenAI y Perplexity también han expresado su deseo de adquirir el navegador si quedara disponible. Nick Turley, jefe de producto de OpenAI, afirmó que integrar su tecnología de inteligencia artificial directamente en Chrome podría ofrecer una experiencia más fluida, una especie de «copiloto» inteligente que guíe cada interacción en la web.

Obstáculos y estrategias alternativas

Un detalle interesante es que OpenAI había intentado anteriormente colaborar con Google para usar su API de búsqueda en ChatGPT, pero fue rechazado en agosto pasado. Como resultado, OpenAI tuvo que apoyarse en Bing de Microsoft para cubrir sus necesidades de búsqueda.

Por su parte, Dmitry Shevelenko, director de negocios de Perplexity, subrayó las dificultades que enfrentan las pequeñas empresas al competir contra los canales de distribución y acuerdos financieros de Google. Desde su perspectiva, éstos son el «corazón» del dominio de Google en el mercado.

Por qué Chrome es una pieza clave

El corazón del debate gira en torno al poder que otorgan los navegadores. Para entenderlo mejor, pensemos en Chrome como en el volante de un coche: quien controla el volante dirige hacia donde mirarán y actuarán los usuarios. Al ser la primera herramienta que millones usan para navegar, Chrome puede determinar qué servicios y buscadores son más visibles o accesibles.

Si el tribunal decidiera que Google debe desprenderse de Chrome, el impacto podría ser monumental. No solo cambiaría el panorama de la búsqueda en Internet, sino también el mercado de la publicidad digital y la integración de nuevas tecnologías basadas en inteligencia artificial.

Un desenlace que podría cambiar Internet

Sin embargo, Google no se quedaría de brazos cruzados. Todo indica que apelárá cualquier decisión que le obligue a vender Chrome. A fin de cuentas, Chrome no es solo un navegador: es una plataforma estratégica que conecta servicios, datos y usuarios, una especie de columna vertebral que sostiene gran parte del ecosistema de Google.

Para ilustrarlo con un ejemplo cotidiano: vender Chrome sería como si una gran cadena de supermercados tuviera que vender sus puertas automáticas. Aunque parece un detalle menor, esas puertas determinan cuántas personas entran, cómo circulan y a qué productos se dirigen primero.

A medida que el juicio avanza, la industria tecnológica observa de cerca. La posibilidad de que nuevos actores controlen Chrome abre un abanico de escenarios: desde una mayor diversidad en los motores de búsqueda, hasta nuevas formas de integrar la inteligencia artificial en nuestra navegación diaria.

Aunque el desenlace aún es incierto, una cosa está clara: el destino de Chrome podría marcar un antes y un después en la forma en que accedemos a la información en la red.