Science publica el estudio de Microsoft sobre diagnóstico con IA: 83 % frente al 36 % de los médicos, y la letra pequeña del experimento

La revista Science publicó el 22 de octubre el trabajo con el que Microsoft sostiene que su sistema DxO acierta el 83,2 % de los casos clínicos del New England Journal of Medicine, frente al 36,1 % de un grupo de médicos generalistas. En ingresos de urgencias, 80,3 % contra 46,8 %. Continúa leyendo «Science publica el estudio de Microsoft sobre diagnóstico con IA: 83 % frente al 36 % de los médicos, y la letra pequeña del experimento»

Una startup dice haber tratado a un paciente con un virus diseñado con ayuda de IA, y eso es casi lo único que ha contado

Radical Numerics, una empresa que salió del anonimato en junio de 2026 con 50 millones de dólares de ronda semilla, afirma haber administrado a un paciente con una infección bacteriana multirresistente un cóctel de bacteriófagos —virus que infectan bacterias, no células humanas— cuyas variantes generó su propio modelo de IA. Lo publicó el 20 de octubre en un informe técnico en su blog, y la historia la contó The New York Times el mismo día. Continúa leyendo «Una startup dice haber tratado a un paciente con un virus diseñado con ayuda de IA, y eso es casi lo único que ha contado»

Un riñón de cerdo recupera función tras un año a 150 grados bajo cero, pero nadie ha demostrado todavía que un órgano de este tamaño pueda mantener vivo a un animal

Un equipo de la Universidad de Minnesota ha conseguido vitrificar riñones de cerdo del tamaño de un riñón humano, almacenarlos a 150 grados bajo cero y recalentarlos sin que se rompan, con función recuperada al conectarlos a una máquina de perfusión. Uno de ellos pasó 366 días congelado y, al recalentarlo, recuperó flujo sanguíneo y volvió a producir orina, aunque menos que la mayoría de los riñones vitrificados del estudio. El trabajo se publicó el 14 de octubre en bioRxiv y aún no ha pasado revisión por pares. Continúa leyendo «Un riñón de cerdo recupera función tras un año a 150 grados bajo cero, pero nadie ha demostrado todavía que un órgano de este tamaño pueda mantener vivo a un animal»

Un algodón creado en Valencia desinfecta solo con la luz blanca del hospital, pero deja de funcionar donde más falta hace

Investigadores valencianos han desarrollado un tejido de algodón que elimina bacterias, hongos y un virus cuando le da la luz blanca, sin lámparas especiales. En un piloto en el Hospital La Fe de Valencia, las piezas expuestas a la luz redujeron un 75 % la carga microbiana frente al algodón convencional. Lo publicaron en agosto en ACS Applied Materials & Interfaces, y la Universitat Politècnica de València lo difundió el 8 de octubre. Continúa leyendo «Un algodón creado en Valencia desinfecta solo con la luz blanca del hospital, pero deja de funcionar donde más falta hace»

No es el plástico el que reacciona: es el agua que lo rodea, y genera radicales, según un estudio en Nature

El agua en contacto con la superficie de un microplástico genera de forma espontánea radicales hidroxilo, unas moléculas muy reactivas capaces de dañar proteínas y membranas celulares. Lo lo publica un equipo de la Universidad de Columbia en Nature el 14 de octubre, y pone en cuestión una idea asentada: que el plástico es un material inerte que daña por acumulación mecánica y no por su química. Continúa leyendo «No es el plástico el que reacciona: es el agua que lo rodea, y genera radicales, según un estudio en Nature»

Science Corp: un paciente con Stargardt vuelve a leer una palabra gracias al implante retinal PRIMA

Science Corp ha comunicado el primer caso de un paciente con la enfermedad de Stargardt que usa su implante retinal PRIMA: un hombre implantado en mayo en el Sydney Eye Hospital, en Australia, que reconoció una letra en su primera sesión de rehabilitación y leyó una palabra en la segunda. Lo publicó la empresa el 13 de octubre en su web. Continúa leyendo «Science Corp: un paciente con Stargardt vuelve a leer una palabra gracias al implante retinal PRIMA»

Intero Biosystems cultiva miniintestinos humanos para que las farmacéuticas prueben fármacos sin recurrir a animales

Intero Biosystems, una startup de Colorado nacida en la Universidad de Míchigan, vende organoides intestinales humanos, tejido cultivado en laboratorio que imita el intestino, para que farmacéuticas y biotecnológicas comprueben cómo afecta un compuesto al aparato digestivo antes de probarlo en personas. Lo cuenta TechCrunch con motivo de su paso por la competición Startup Battlefield de TechCrunch Disrupt, donde es una de las 20 startups que compiten por el título. Continúa leyendo «Intero Biosystems cultiva miniintestinos humanos para que las farmacéuticas prueben fármacos sin recurrir a animales»

BRP, el péptido que Stanford encontró con IA y que frena el apetito sin las náuseas de Ozempic (de momento, en animales)

Un equipo de Stanford Medicine encontró con ayuda de un algoritmo un péptido natural, el BRP, que en ratones y cerdos reduce el apetito, y en ratones la grasa corporal, sin los efectos secundarios digestivos típicos de la semaglutida (el principio activo de Ozempic y Wegovy). El estudio se publicó en Nature en 2025. Lo que conviene tener claro desde el principio: no se ha probado todavía en personas, y entre un buen resultado en animales y un fármaco hay muchos años y muchos fracasos posibles.

Aun así, el hallazgo tiene dos cosas que lo hacen interesante: cómo se encontró y por qué vía actúa. La explicación más completa está en la nota de Stanford Medicine sobre el péptido BRP, y la cobertura sigue llegando en 2026, como prueban los artículos de ScienceDaily de abril y julio de este año.

¿Qué es el BRP y de dónde sale?

Es un péptido de 12 aminoácidos que el propio cuerpo produce. Su nombre viene de la prohormona de la que procede, BRINP2.

Las prohormonas son proteínas que unas enzimas cortan en trozos más pequeños con función propia. El caso más famoso es el GLP-1, la hormona que imitan la semaglutida y el resto de fármacos de su familia. La enzima clave en ese proceso se llama prohormona convertasa 1/3 (PCSK1). Según el resumen del artículo en Nature, buena parte de los péptidos que genera esa enzima seguían sin caracterizar, y ahí es donde entra el algoritmo.

Cómo lo encontró la inteligencia artificial

El equipo, dirigido por la investigadora Katrin Svensson, creó una herramienta computacional llamada Peptide Predictor. Su trabajo fue revisar los cerca de 20.000 genes humanos que codifican proteínas y buscar en ellos los puntos donde la PCSK1 suele cortar.

El embudo es claro. De 20.000 genes salieron 373 prohormonas candidatas, que daban lugar a 2.683 péptidos posibles. De ellos, los investigadores eligieron 100 para probarlos en células neuronales cultivadas en el laboratorio. El BRP multiplicó por unas diez la actividad de esas células frente al control; el GLP-1, por unas tres.

«El algoritmo fue absolutamente clave para nuestros hallazgos», dijo Svensson. Conviene matizar qué tipo de IA es: no un modelo generativo que inventa moléculas, sino un sistema de predicción que acota la búsqueda para que el laboratorio pruebe 100 candidatos en lugar de miles. Es el mismo enfoque de cribado que vimos en DrugCLIP, la IA que convierte la búsqueda de fármacos en un motor de búsqueda molecular.

¿Qué efectos tuvo en los animales?

En ratones delgados y en minicerdos, una inyección antes de comer redujo la ingesta de la hora siguiente hasta un 50 %. En ratones obesos, tras 14 días de inyecciones diarias, los tratados perdieron de media unos 3 gramos, sobre todo grasa, mientras los del grupo control ganaron unos 3 gramos. Además, mejoraron su tolerancia a la glucosa y a la insulina.

Lo más llamativo es lo que no apareció. En las pruebas de comportamiento no hubo diferencias en movimiento, consumo de agua, ansiedad ni heces. Según Stanford, el BRP funcionó sin efectos asociados a la semaglutida como las náuseas, el estreñimiento o la pérdida significativa de masa muscular.

Para poner eso en perspectiva: en el ensayo STEP 1 de semaglutida en personas, publicado en el New England Journal of Medicine en 2021, el 44,2 % de los pacientes tuvo náuseas, frente al 17,4 % con placebo, según el resumen del Colegio Americano de Gastroenterología. En ese mismo ensayo, la pérdida de peso media a las 68 semanas fue del 14,9 %, frente al 2,4 % con placebo. Esa es la vara de medir, y el BRP está lejos de poder compararse con ella todavía.

Una vía distinta en el cerebro

Según los autores, el BRP activa la proteína FOS en el cerebro y actúa sobre todo en el hipotálamo, la zona que controla el apetito y el metabolismo. Y lo hace de forma independiente del receptor de GLP-1, de la leptina y del receptor de melanocortina 4. La semaglutida, en cambio, actúa sobre receptores del cerebro, del intestino y del páncreas, lo que explica parte de sus efectos más amplios.

Esa independencia es lo que hace del BRP algo más que «otro Ozempic»: si funciona por otra vía, podría servir a quien no tolera los fármacos actuales o combinarse con ellos. Pero son hipótesis; el receptor al que se une el BRP todavía no se ha identificado.

¿Cuándo podría llegar a personas?

No hay fecha. Según Stanford, Svensson cofundó la empresa Merrifield Therapeutics para llevar el péptido a ensayos clínicos «en un futuro próximo», y ella y la primera autora, Laetitia Coassolo, figuran como inventoras en las patentes del BRP. «Tenemos muchas ganas de saber si es seguro y eficaz en humanos», dijo Svensson.

Las coberturas de 2026 que hemos revisado no recogen ningún ensayo en marcha. Antes de eso, el equipo tiene deberes pendientes: identificar el receptor, mapear la cadena de señales y conseguir que el efecto dure más en el cuerpo para permitir una pauta de dosis más cómoda.

Mi lectura es que la noticia de verdad no es el péptido, sino el método. Un barrido computacional de los genes humanos ha encontrado una molécula que el cuerpo ya fabricaba y que nadie había caracterizado, y los autores sostienen que el mismo método puede descubrir otros péptidos bioactivos. Eso es más sólido que cualquier promesa sobre peso.

Lo discutible es el titular de «rival de Ozempic» con el que se difundió el estudio. Tres gramos en un ratón y menos comida durante una hora no son un tratamiento contra la obesidad, y un buen resultado en roedores no garantiza nada en personas. La biología del peso es tozuda, como recordábamos al hablar de los mecanismos con los que el cerebro defiende el peso corporal. Habrá que esperar a los primeros ensayos en personas para saber si el BRP es una alternativa o solo una buena historia.

El MIT crea un hidrogel que respira: canales de aire que multiplican por diez el paso de oxígeno

Los hidrogeles tienen un problema que cualquiera que haya llevado un parche varios días conoce: no dejan respirar la piel. Un equipo del MIT dirigido por Xuanhe Zhao ha resuelto buena parte de ese problema metiendo diminutos canales de aire dentro del gel, y ha conseguido una permeabilidad al oxígeno unas diez veces mayor que la de un hidrogel convencional sin que pierda su blandura.

El trabajo se publicó en Nature en julio de 2026 con el título «Air-permeable hydrogels through viscoelastic phase separation of aerogels», y el MIT lo presentó el 8 de julio en un artículo de MIT News sobre el hidrogel transpirable. Es investigación de laboratorio con pruebas en voluntarios, no un producto a la venta.

Lo interesante es el truco que usan para conseguirlo y lo que abre para vendajes, sensores y wearables médicos que hoy no aguantan más de unos días pegados a la piel.

¿Por qué los hidrogeles no dejan pasar el aire?

Porque son, sobre todo, agua. Un hidrogel típico tiene alrededor de un 90 % de agua retenida en una red de polímeros, y gases como el oxígeno se disuelven y se difunden muy mal en el agua. «No puedes respirar a través de una gelatina», lo resume en MIT News Xiao-Yun Yan, que firma el estudio en primer lugar.

Eso tiene consecuencias prácticas. Un parche que no deja pasar el oxígeno ni el vapor de agua acumula humedad debajo, puede irritar la piel y empeora la señal de los sensores cuando sudas. Según el paper, las soluciones anteriores para hacerlos más transpirables eran frágiles o obligaban a sacrificar contenido de agua, por ejemplo por debajo del 50 % en volumen.

Los hidrogeles convencionales se quedan, por lo general, por debajo de 40 barrer de permeabilidad al oxígeno (el barrer es la unidad con la que se mide cuánto gas atraviesa un material). Un hidrogel de PVA estándar se queda en 15,5 barrer.

Cómo consiguen meter aire en un gel

La clave son unas partículas de aerogel de sílice, de unos 8 micrómetros de diámetro y un 90 % de porosidad. Son superhidrófobas, es decir, repelen el agua, así que funcionan como burbujas de aire en forma sólida.

El equipo añade una pequeña cantidad de esas partículas (un 2 % o un 4 % en peso) a la receta normal del hidrogel. Durante unas horas se produce una separación de fases viscoelástica, parecida a cuando el aceite y el agua se separan: el agua se concentra en bolsas y empuja las partículas de sílice hasta formar una red de túneles finos e interconectados. Después, el gel se entrecruza para fijar esa red de canales de aire.

El resultado es un hidrogel con un 70 % de agua que alcanza 185 barrer, el récord según los autores. El de PVA pasa de 15,5 a 153 barrer con el nuevo método. El paper añade que su transmisión de vapor de agua es entre 10 y 100 veces mayor que la de los parches de silicona y poliuretano, y que la técnica funciona con varias químicas distintas: alginato, agarosa, quitosano y gelatina.

Hay una demostración visual muy clara: a diferencia de los hidrogeles convencionales, el gel transpirable flota en el agua. En las pruebas, siguió flotando durante 10 días.

¿Aguanta el uso real?

Los datos de durabilidad son prometedores, aunque con una escala de pruebas todavía pequeña. Tras 10.000 ciclos de estiramiento al 20 %, la permeabilidad al aire cayó en torno a un 5 % y la rigidez (módulo de Young) bajó un 12,8 %. «Después de 10.000 ciclos, la caída de permeabilidad al oxígeno fue inferior al 5 %», explica Shucong Li, coautor del trabajo. Con un 2 % de aerogel, el material mantiene una rigidez parecida a la del hidrogel original, de unos 50 a 100 kilopascales.

Para probarlo en personas, el equipo usó el gel como adhesivo de un monitor de electrocardiograma inalámbrico. Durante 20 minutos de ejercicio, la señal se mantuvo estable, mientras que con un adhesivo de hidrogel comercial fluctuaba mucho. En pruebas de 10 días con entrenamientos habituales, la calidad de la señal se mantuvo y, según MIT News, no aparecieron ampollas ni rojeces al retirarlo.

Conviene leer esto con cautela. Según el propio paper, los grupos de prueba fueron reducidos: diez participantes en el estudio de comodidad del parche en el pecho y tres en las pruebas de electrocardiograma. Es una prueba de concepto sólida, no un ensayo clínico.

Qué puede cambiar en parches, sensores y vendajes

Los autores y el MIT apuntan a varias aplicaciones: vendajes y apósitos que duren más, mascarillas cosméticas y lentes de contacto, monitores de salud y también implantes. El paper muestra además versiones conductoras con aditivos, pensadas para electrodos de electrocardiograma más estables con el sudor. «Ahora que hemos añadido aire a los hidrogeles, la gente puede encontrar aplicaciones muy amplias», dice Zhao.

Encaja con otras líneas de investigación que buscan electrónica blanda compatible con el cuerpo, desde los transistores 3D de hidrogel que hablan el idioma de las células hasta la lámina de hidrogel inspirada en el pulpo que cambia de forma.

Mi lectura es que el avance importa más por lo que desbloquea que por lo que es. El cuello de botella de los wearables médicos no suele ser el sensor, sino el adhesivo: cuánto tiempo aguanta la piel debajo sin irritarse y cuánto dura la señal limpia. Un gel que respira ataca justo ese punto débil.

Lo que falta ahora es lo de siempre entre el laboratorio y la farmacia: pruebas con más personas, en pieles distintas y durante más tiempo, y un fabricante que lo produzca a escala y a buen precio. Hasta entonces, es una de las ideas más elegantes en materiales para la piel de los últimos tiempos, pendiente de demostrar que funciona fuera del MIT.

La combinación de Mounjaro que adelgaza un 23%: lo que dicen los datos de fase 2b de EloraTZP

23,3% de pérdida de peso corporal en 48 semanas. Eso es lo que registró la mejor dosis de EloraTZP, la combinación experimental de Eli Lilly de tirzepatida —el principio activo de Mounjaro— con eloralintida, un análogo de amilina aún en investigación. Lo reporta Mike McRae en New Atlas con datos del 9 de octubre de 2026. Para contextualizar: tirzepatida sola, en el mismo ensayo, produjo una pérdida del 14,8%. La combinación mejora el resultado base en más de ocho puntos porcentuales. Continúa leyendo «La combinación de Mounjaro que adelgaza un 23%: lo que dicen los datos de fase 2b de EloraTZP»