Meta se reserva el derecho a rastrear las webs de las empresas que usan sus servicios y a usar ese contenido para entrenar sus productos

Meta ha cambiado sus condiciones comerciales para autorizarse a rastrear con scrapers y bots las webs asociadas a cualquier empresa que use sus servicios con fines comerciales, y a usar ese contenido para entrenar sus productos. Las nuevas condiciones entran en vigor el 30 de octubre de 2026, según el propio texto legal de Meta, y afectan a quien anuncia, vende o simplemente gestiona una página de empresa en Facebook o Instagram.

Varios expertos legales consultados por Nieman Lab creen que eso incluye a los medios de comunicación, casi todos con cuentas de empresa en Meta. La compañía lo niega y asegura que solo está ordenando textos que ya existían. Continúa leyendo «Meta se reserva el derecho a rastrear las webs de las empresas que usan sus servicios y a usar ese contenido para entrenar sus productos»

Deezer dejará quitar la música hecha con IA de su buscador antes de que acabe el año

Deezer permitirá a sus usuarios excluir de la búsqueda las canciones, álbumes y artistas generados por completo con inteligencia artificial, con un interruptor que se podrá activar y desactivar. La plataforma lo anunció el 13 de octubre en su sala de prensa y lo lanzará en todo el mundo antes de que termine 2026. Continúa leyendo «Deezer dejará quitar la música hecha con IA de su buscador antes de que acabe el año»

Google Play no endurece las reglas para apps hechas con IA: abre la puerta a las apps personales creadas en AI Studio

Google Play no ha endurecido sus reglas para las aplicaciones creadas con IA. Ha hecho lo contrario: desde el 13 de octubre de 2026, y por ahora solo en algunos mercados, permite que cualquiera cree una aplicación Android con Google AI Studio mediante vibe coding y la ejecute en su propio dispositivo a través de Google Play, sin cuenta de desarrollador. Esas aplicaciones personales quedan fuera del catálogo público. Las reglas solo pesan cuando alguien quiere publicarlas para todo el mundo: entonces pasan por las mismas revisiones de Trust & Safety que cualquier aplicación profesional.

El anuncio está en la entrada oficial de Google «New on Google Play: More ways to create, discover, and play». Llegó acompañado de novedades de descubrimiento y de juegos que no afectan al tema de este artículo.

¿Qué ha anunciado Google exactamente?

Que una aplicación hecha con IA ya puede llegar a tu móvil por Google Play sin pasar por la tienda pública. Google lo resume como el paso de «hay una aplicación para eso» a «hay una aplicación para mí».

Los detalles oficiales son estos:

  • La aplicación se crea en Google AI Studio, con vibe coding.
  • Se lanza en tu propio dispositivo a través de Google Play, como una aplicación personal.
  • Es privada y queda separada del catálogo público de la tienda.
  • Basta con una cuenta de Google normal: no hace falta cuenta de desarrollador.
  • El despliegue empezó el 13 de octubre en «mercados seleccionados, incluido Estados Unidos», para mayores de 18 años.

Google no ha publicado la lista de mercados, y Android Authority, que también cubrió el anuncio, tampoco los nombra, así que no hay confirmación de que la función esté ya disponible en España.

¿Hay reglas nuevas para las apps generadas con IA?

No hay ninguna norma nueva específica. La página de plazos de políticas de Google Play, consultada el 15 de octubre, no recoge cambios dedicados a las aplicaciones hechas con IA. Las novedades que recoge tratan de las apps de chat anónimo y la protección de menores, los permisos de contactos y de ubicación, el uso del registro de llamadas y el registro obligatorio de aplicaciones en Play Console, con plazo el 30 de septiembre de 2026. Según Google, el 99 % de las aplicaciones de Play ya se había registrado de forma automática.

Lo que existe desde antes es la política de contenido generado por IA de Google Play. Se aplica a las aplicaciones cuya función central es generar contenido, como chatbots o generadores de imagen, voz o vídeo, y no habla de las aplicaciones que se han programado con ayuda de IA. Esa norma hace responsable al desarrollador de que su aplicación no genere contenido ofensivo, y prohíbe, entre otras cosas, los deepfakes sexuales no consentidos y las grabaciones de personas reales usadas para estafas.

TechCrunch añade que las aplicaciones personales deben cumplir igualmente las políticas existentes de Google Play. Es decir, no hay barra libre, pero tampoco un endurecimiento.

Qué cambia para quien desarrolla

Para el desarrollador profesional, casi nada de forma inmediata. Lo relevante es el camino que Google dibuja para los aficionados que crean aplicaciones en AI Studio.

Según la entrada oficial, en los próximos meses podrás compartir tus aplicaciones personales con un círculo cercano de amigos y familia. Si un día quieres publicar la aplicación para todo el mundo, Google Play te ayudará a pasar a una cuenta de desarrollador profesional, y en ese momento la aplicación pasará por las mismas revisiones de Trust & Safety y los mismos estándares de calidad que cualquier otra.

Es la versión móvil de algo que Google ya venía empujando en la web, cuando potenció la creación de apps con vibe coding en AI Studio. TechCrunch da el contexto: Google Play tiene unos 3.000 millones de usuarios y, hasta ahora, usar una aplicación propia en Android pasaba por publicarla en la tienda, lo que llevó a muchos a limitarse a aplicaciones web.

Si no tienes claro qué significa programar así, aquí explicamos qué es el vibe coding y por qué programar se siente más que se escribe.

¿Por qué Google prefiere abrir la puerta a cerrarla?

Porque la alternativa es peor para Google. Quien crea una aplicación con IA para sí mismo puede instalarla igualmente a mano, como un APK, y Android Authority presenta la novedad como una forma de ahorrarse esa incómoda instalación manual. Ofrecerle una vía oficial le mantiene dentro de Play y, cuando quiera dar el salto, ya está dentro del sistema de revisión. Google ya ponía trabas a la instalación por fuera en 2024, cuando permitió a los desarrolladores bloquear sus apps si se instalaban fuera de Google Play.

El mensaje lo resume Sam Bright, vicepresidente y director general de Google Play y del ecosistema de desarrolladores, en declaraciones recogidas por TechCrunch: «el futuro de las aplicaciones en Google Play es personal, seguro y construido por todos».

Mi lectura es que el titular de «Google endurece las reglas» se escribe solo, pero los hechos van en la otra dirección. Google ha decidido que las aplicaciones hechas con IA no son un problema que filtrar, sino un tipo de usuario que captar, y ha puesto la frontera donde siempre estuvo: en la publicación. Lo que queda por resolver es qué pasará cuando miles de esas aplicaciones personales quieran saltar a la tienda pública a la vez, y si la revisión de Trust & Safety está preparada para ese volumen. Ese será el momento de hablar de reglas más estrictas, si llegan.

Character.AI se acoge al Chapter 11 y Disney ofrece 20 millones por parte de sus activos

Character.AI se ha acogido al Chapter 11 de la ley de quiebras estadounidense para vender la compañía bajo supervisión judicial. El primer comprador sobre la mesa es Disney, que ofrece 20 millones de dólares (≈ 17,4 millones de euros) por una licencia sobre parte de su propiedad intelectual. Si el proceso no produce una oferta que mantenga viva la plataforma, el servicio se cerrará.

La empresa lo comunicó el 12 de octubre en su blog, en el post «An Update on Character.ai», donde anuncia el proceso voluntario de Chapter 11. Habla de «importantes vientos en contra legales, regulatorios y operativos» y de que su consejo concluyó que una venta supervisada por el juez es la mejor forma de maximizar el valor.

Es un final llamativo para una startup que en 2024 cerró un acuerdo de licencia con Google valorado en 2.700 millones de dólares. Y la explicación pasa, sobre todo, por los tribunales.

¿Qué significa que Character.AI se acoja al Chapter 11?

Significa que la compañía busca comprador bajo control judicial mientras sigue operando. La plataforma continúa activa, las suscripciones de pago se mantienen sin cambios en la facturación y Character.AI se compromete a avisar con antelación si algo afecta a las funciones de pago.

Según Reuters, en la información publicada por The Star, la solicitud se presentó ante el tribunal de quiebras de Wilmington (Delaware) a nombre de Character Technologies, con activos y pasivos estimados de entre 50 y 100 millones de dólares. Los documentos judiciales citados por Reuters hablan de unas pérdidas de entre 8 y 9 millones de dólares al mes, y la agencia sitúa sus usuarios activos en unos 12 millones.

La venta debería cerrarse entre finales de noviembre y principios de diciembre. El consejero delegado, Colin Adams, lo resumió así en declaraciones recogidas por TechCrunch: la empresa espera que el proceso produzca «una propuesta viable que permita continuar las operaciones». Si no la hay, «la plataforma se cerrará».

Para el usuario, la recomendación práctica es la que da la propia empresa: los datos siguen protegidos bajo la política de privacidad actual y se pueden exportar o borrar desde la aplicación o la web.

¿Qué compra Disney por 20 millones?

Disney no compra la empresa entera, al menos de momento. Es el stalking horse, el primer postor que fija un suelo, y su oferta de 20 millones cubre una licencia no exclusiva y perpetua sobre parte de la propiedad intelectual de Character.AI. Otros interesados pueden superarla.

La relación entre ambas compañías es más estrecha de lo que parece. Karandeep Anand, que fue consejero delegado de Character.AI desde junio de 2025, fichó hace unas semanas por Disney como director de tecnología, y varios ingenieros de la startup se van con él, según Gizmodo. Hace apenas un año, en septiembre de 2025, Disney había enviado a Character.AI un requerimiento para que retirara los chatbots creados por usuarios con sus personajes.

Mi lectura es que Disney no paga por una red social de chatbots en apuros, sino por tecnología y talento a precio de saldo, con una licencia perpetua que le permite usar lo aprendido sin heredar el pasivo legal. La oferta es pequeña frente a lo que Google pagó en 2024, y esa diferencia dice mucho de cuánto ha caído el valor de la empresa.

¿Cómo pasó de un acuerdo de 2.700 millones a la quiebra?

La historia empieza bien. Noam Shazeer y Daniel De Freitas, ingenieros que venían de Google, fundaron Character.AI en 2021. En agosto de 2024, Google cerró un acuerdo de 2.700 millones de dólares (≈ 2.350 millones de euros) para licenciar sus modelos y volvió a contratar a los dos fundadores, según TechCrunch. En wwwhatsnew contamos entonces cómo Google fichó a Noam Shazeer para codirigir sus modelos de IA. Tras aquel acuerdo, la startup dejó de entrenar modelos fundacionales propios y se centró en crecer como producto.

El problema llegó por otro lado. Megan Garcia demandó a la empresa y a Google tras el suicidio de su hijo de 14 años, Sewell Setzer III, en febrero de 2024; la demanda describía su relación con un chatbot como «emocional y sexualmente abusiva». Siguieron otras demandas de familias en Colorado, Nueva York y Texas, una historia que ya seguíamos cuando Character.AI se enfrentó a una nueva demanda por mensajes dañinos a adolescentes.

En enero de 2026, Character.AI y Google acordaron cerrar esas demandas, según informó AP. Los términos no se han hecho públicos y, según Reuters, los acuerdos preliminares en cinco demandas aún no se han cerrado ni pagado. A eso se suman demandas de estados como Kentucky y Pensilvania, y la empresa aspira a usar la quiebra para resolver todas sus reclamaciones legales a la vez.

Las medidas para menores llegaron tarde

En octubre de 2025, Character.AI anunció que eliminaría el chat abierto para menores de 18 años antes del 25 de noviembre de 2025, con un límite de dos horas diarias durante la transición y nuevos sistemas de verificación de edad. Mi lectura es que la decisión tenía sentido, pero dejó fuera a una parte del público de un producto que vivía del tiempo de uso.

Mi postura es que Character.AI es el primer gran aviso de que el modelo de negocio del «compañero de IA» no se sostiene si el producto premia el enganche emocional y la seguridad llega después. La propia empresa cita los problemas legales y regulatorios entre las causas, y las cifras lo respaldan: pérdidas de millones al mes, demandas de familias y de estados, y una oferta de 20 millones donde Google puso 2.700.

La pregunta que queda abierta es quién heredará esa responsabilidad. Si Disney u otro comprador se quedan con la tecnología sin el pasivo, el sector aprenderá que el riesgo se puede liquidar en un juzgado de Delaware. Y eso sería una mala lección para todas las aplicaciones que hoy compiten por ser el amigo digital de alguien.

BRP, el péptido que Stanford encontró con IA y que frena el apetito sin las náuseas de Ozempic (de momento, en animales)

Un equipo de Stanford Medicine encontró con ayuda de un algoritmo un péptido natural, el BRP, que en ratones y cerdos reduce el apetito, y en ratones la grasa corporal, sin los efectos secundarios digestivos típicos de la semaglutida (el principio activo de Ozempic y Wegovy). El estudio se publicó en Nature en 2025. Lo que conviene tener claro desde el principio: no se ha probado todavía en personas, y entre un buen resultado en animales y un fármaco hay muchos años y muchos fracasos posibles.

Aun así, el hallazgo tiene dos cosas que lo hacen interesante: cómo se encontró y por qué vía actúa. La explicación más completa está en la nota de Stanford Medicine sobre el péptido BRP, y la cobertura sigue llegando en 2026, como prueban los artículos de ScienceDaily de abril y julio de este año.

¿Qué es el BRP y de dónde sale?

Es un péptido de 12 aminoácidos que el propio cuerpo produce. Su nombre viene de la prohormona de la que procede, BRINP2.

Las prohormonas son proteínas que unas enzimas cortan en trozos más pequeños con función propia. El caso más famoso es el GLP-1, la hormona que imitan la semaglutida y el resto de fármacos de su familia. La enzima clave en ese proceso se llama prohormona convertasa 1/3 (PCSK1). Según el resumen del artículo en Nature, buena parte de los péptidos que genera esa enzima seguían sin caracterizar, y ahí es donde entra el algoritmo.

Cómo lo encontró la inteligencia artificial

El equipo, dirigido por la investigadora Katrin Svensson, creó una herramienta computacional llamada Peptide Predictor. Su trabajo fue revisar los cerca de 20.000 genes humanos que codifican proteínas y buscar en ellos los puntos donde la PCSK1 suele cortar.

El embudo es claro. De 20.000 genes salieron 373 prohormonas candidatas, que daban lugar a 2.683 péptidos posibles. De ellos, los investigadores eligieron 100 para probarlos en células neuronales cultivadas en el laboratorio. El BRP multiplicó por unas diez la actividad de esas células frente al control; el GLP-1, por unas tres.

«El algoritmo fue absolutamente clave para nuestros hallazgos», dijo Svensson. Conviene matizar qué tipo de IA es: no un modelo generativo que inventa moléculas, sino un sistema de predicción que acota la búsqueda para que el laboratorio pruebe 100 candidatos en lugar de miles. Es el mismo enfoque de cribado que vimos en DrugCLIP, la IA que convierte la búsqueda de fármacos en un motor de búsqueda molecular.

¿Qué efectos tuvo en los animales?

En ratones delgados y en minicerdos, una inyección antes de comer redujo la ingesta de la hora siguiente hasta un 50 %. En ratones obesos, tras 14 días de inyecciones diarias, los tratados perdieron de media unos 3 gramos, sobre todo grasa, mientras los del grupo control ganaron unos 3 gramos. Además, mejoraron su tolerancia a la glucosa y a la insulina.

Lo más llamativo es lo que no apareció. En las pruebas de comportamiento no hubo diferencias en movimiento, consumo de agua, ansiedad ni heces. Según Stanford, el BRP funcionó sin efectos asociados a la semaglutida como las náuseas, el estreñimiento o la pérdida significativa de masa muscular.

Para poner eso en perspectiva: en el ensayo STEP 1 de semaglutida en personas, publicado en el New England Journal of Medicine en 2021, el 44,2 % de los pacientes tuvo náuseas, frente al 17,4 % con placebo, según el resumen del Colegio Americano de Gastroenterología. En ese mismo ensayo, la pérdida de peso media a las 68 semanas fue del 14,9 %, frente al 2,4 % con placebo. Esa es la vara de medir, y el BRP está lejos de poder compararse con ella todavía.

Una vía distinta en el cerebro

Según los autores, el BRP activa la proteína FOS en el cerebro y actúa sobre todo en el hipotálamo, la zona que controla el apetito y el metabolismo. Y lo hace de forma independiente del receptor de GLP-1, de la leptina y del receptor de melanocortina 4. La semaglutida, en cambio, actúa sobre receptores del cerebro, del intestino y del páncreas, lo que explica parte de sus efectos más amplios.

Esa independencia es lo que hace del BRP algo más que «otro Ozempic»: si funciona por otra vía, podría servir a quien no tolera los fármacos actuales o combinarse con ellos. Pero son hipótesis; el receptor al que se une el BRP todavía no se ha identificado.

¿Cuándo podría llegar a personas?

No hay fecha. Según Stanford, Svensson cofundó la empresa Merrifield Therapeutics para llevar el péptido a ensayos clínicos «en un futuro próximo», y ella y la primera autora, Laetitia Coassolo, figuran como inventoras en las patentes del BRP. «Tenemos muchas ganas de saber si es seguro y eficaz en humanos», dijo Svensson.

Las coberturas de 2026 que hemos revisado no recogen ningún ensayo en marcha. Antes de eso, el equipo tiene deberes pendientes: identificar el receptor, mapear la cadena de señales y conseguir que el efecto dure más en el cuerpo para permitir una pauta de dosis más cómoda.

Mi lectura es que la noticia de verdad no es el péptido, sino el método. Un barrido computacional de los genes humanos ha encontrado una molécula que el cuerpo ya fabricaba y que nadie había caracterizado, y los autores sostienen que el mismo método puede descubrir otros péptidos bioactivos. Eso es más sólido que cualquier promesa sobre peso.

Lo discutible es el titular de «rival de Ozempic» con el que se difundió el estudio. Tres gramos en un ratón y menos comida durante una hora no son un tratamiento contra la obesidad, y un buen resultado en roedores no garantiza nada en personas. La biología del peso es tozuda, como recordábamos al hablar de los mecanismos con los que el cerebro defiende el peso corporal. Habrá que esperar a los primeros ensayos en personas para saber si el BRP es una alternativa o solo una buena historia.

PhoneBot: el humanoide de la UCLA que usa un móvil Android como cerebro y cuyo cuerpo cuesta unos 400 dólares

Un equipo de la UCLA ha construido un robot humanoide bípedo de 48 centímetros cuyo cerebro es un móvil Android normal y corriente. Se llama PhoneBot, pesa 1,8 kilos con el teléfono incluido y su cuerpo cuesta unos 400 dólares (≈ 350 euros), sin contar el móvil. Es hasta 35 veces más barato que otros humanoides pequeños de investigación.

El trabajo está descrito en un preprint publicado en arXiv el 6 de octubre de 2026, firmado por Ruochen Hou, Quanyou Wang, Daniel Koh y Dennis W. Hong, del Robotics and Mechanisms Laboratory (RoMeLa) de la UCLA. Es un preprint: todavía no ha pasado revisión por pares.

La idea es sencilla y por eso funciona: casi todo lo caro de un robot (sensores de movimiento, cámara, procesador, conectividad) ya lo llevas en el bolsillo.

Cómo funciona un robot que usa el móvil como cerebro

El teléfono va montado en el torso y hace de ojos, de oído del equilibrio y de cerebro. Su unidad de medida inercial (IMU) informa de la inclinación y la rotación; su cámara trasera ve; su procesador ejecuta la red neuronal que decide dónde poner cada articulación; y su pantalla táctil sirve como panel de control.

Lo que el móvil no hace es mover los motores directamente. Según el paper, envía las posiciones de las articulaciones por Wi-Fi a un pequeño ordenador de placa única instalado en el cuerpo, que las reenvía a los servos. Los autores explican que es una decisión deliberada para evitar las limitaciones de las conexiones por cable y para que la plataforma sea compatible con distintos teléfonos.

El cuerpo lleva 13 servomotores DYNAMIXEL XL430-W250-T, de 23,90 dólares cada uno: seis por pierna (cadera, rodilla y tobillo) y uno que gira el torso. Ese giro permite que la cámara siga a una persona sin que el robot tenga que mover los pies. Los motores son, según el propio paper, el principal coste de la plataforma.

La conversación tampoco corre entera en el teléfono. El reconocimiento de voz (whisper.cpp) y el modelo de lenguaje funcionan en un portátil cercano, al que el móvil se conecta por Wi-Fi, y la respuesta se reproduce con síntesis de voz por el altavoz del teléfono.

¿Por qué un humanoide de 400 dólares importa para la investigación?

Porque el precio es lo que hoy deja fuera a muchas aulas y laboratorios. La tabla comparativa del paper sitúa a PhoneBot frente a otros humanoides pequeños de investigación:

  • ROBOTIS OP3: 51 cm y 13.800 dólares.
  • BRUCE: 70 cm y 9.000 dólares.
  • ToddlerBot: 56 cm y 6.000 dólares.
  • Berkeley Humanoid Lite: 80 cm y 5.000 dólares.
  • HighTorque Mini Pi: 52 cm y 3.500 dólares.
  • PhoneBot: 48 cm y unos 400 dólares, sin móvil.

La comparación no es del todo justa, y conviene decirlo: casi todos los demás tienen más grados de libertad (entre 16 y 30, frente a los 13 de PhoneBot; solo el Mini Pi se queda en 12), y PhoneBot no tiene brazos. Pero el salto de precio es tan grande que cambia la pregunta. Ya no es «¿podemos permitirnos un humanoide?», sino «¿cuántos podemos montar?». Va en la misma línea que proyectos abiertos como HopeJR, el humanoide de código abierto por menos de 3.000 dólares, o Bridge, el humanoide de 88 centímetros de Zeroth, pero apretando todavía más el coste.

Los autores publican el diseño de hardware y el software como código abierto, con la web del proyecto en phonebot.dev, y lo orientan a educación, investigación y prototipado rápido.

¿Sirve cualquier móvil Android?

No está demostrado que sirva cualquiera, pero sí que valen móviles baratos o viejos. El equipo probó la aplicación en cuatro teléfonos: un Honor 9 de 2017 de segunda mano y tres móviles de prepago de entre 50 y 90 dólares (un moto g 2025, un Galaxy A16 5G y un moto g 2024).

Los cuatro ejecutaron las funciones básicas: lectura de la IMU a 200 Hz, comunicación con los motores, la red neuronal de locomoción, la visión y la interacción. La única excepción fue el mapeado con ARCore en el Honor 9, que no funcionó porque ese terminal de Huawei no tiene los servicios de Google en Estados Unidos.

Es una buena noticia para la segunda vida de los móviles que acumulamos en un cajón, una idea que en wwwhatsnew ya exploramos cuando hablamos de convertir tu viejo smartphone en el cerebro del hogar inteligente.

Cómo aprendió a andar

La marcha se entrenó por aprendizaje por refuerzo en simulación (MuJoCo/MJX), con un modelo que reproduce los límites reales de los servos: un par máximo de 1,4 N·m, su velocidad y la holgura de los engranajes. Así, lo que el robot aprende en el simulador es algo que sus motores pueden ejecutar de verdad. Un truco de «espejo» sagital, que intercambia los lados izquierdo y derecho durante el entrenamiento, mejoró la eficiencia y la simetría de los pasos.

En las pruebas físicas, PhoneBot anduvo, se levantó desde el suelo y siguió a una persona con la cámara. El paper reconoce sus límites sin rodeos: no tiene brazos, solo se ha entrenado en suelo plano y la poca fuerza de los servos limita la carga y los movimientos dinámicos. El trabajo futuro pasa por terreno irregular y brazos ligeros.

Mi lectura es que PhoneBot no va a competir con los humanoides industriales que vemos en fábricas, ni lo pretende. Su valor está en otra parte: demuestra que el hardware más caro de la robótica de investigación ya está fabricado en masa y metido en un bolsillo, y que lo que faltaba era el diseño para aprovecharlo.

Si el proyecto cumple lo que promete en código abierto, el humanoide de bajo coste deja de ser una pieza de laboratorio bien financiado y pasa a ser algo que un instituto puede montar con un presupuesto modesto y los móviles viejos de sus alumnos. Esa es la apuesta, y me parece la parte más interesante de todo el trabajo.

Flox Intelligence, la IA sueca que ahuyenta a la fauna de aeropuertos y vías de tren, busca 10 millones

Flox Intelligence fabrica dispositivos con IA que detectan animales cerca de pistas de aeropuerto, vías de tren o carreteras y los ahuyentan con sonidos adaptados a cada especie, sin dañarlos. La empresa nació en 2020 como spin-off del KTH Real Instituto de Tecnología de Estocolmo, tiene ya su sede en el estado de Nueva York y, según contó a TechCrunch el 13 de octubre, está abriendo una Serie A de 10 millones de dólares (≈ 8,7 millones de euros).

La ronda todavía no está cerrada. Lo que sí hay son unos 150 dispositivos instalados en Norteamérica, Europa y Australia, y un problema con un coste muy concreto.

¿Cómo funciona el dispositivo Edge?

Es una unidad autónoma, alimentada por batería, que procesa todo en el propio aparato y no en la nube. Se instala en postes, árboles u otras estructuras. Según TechCrunch, un sensor de movimiento despierta una cámara; modelos de IA que se ejecutan en el dispositivo identifican al animal, y el aparato reproduce un sonido apropiado para esa especie para alejarlo.

La clave está en que el sistema varía sus respuestas para que los animales no se acostumbren, que es el gran fallo de los espantapájaros acústicos clásicos. «Estaba convencida de que la respuesta no era un disuasorio más ruidoso», explicó a TechCrunch su cofundadora y consejera delegada, Sara Nozkova, que antes pasó 13 años en el sector del transporte y los vehículos autónomos.

Flox vende además una plataforma de software que muestra dónde están los dispositivos y qué detectan, y genera informes de cumplimiento normativo y de seguimiento de biodiversidad. Según la empresa, Edge ha registrado más de 60.000 eventos de fauna de 27 especies, una cifra que recoge Pulse 2.0 y que no ha sido auditada de forma independiente.

¿Por qué los aeropuertos son su mejor cliente potencial?

Porque el problema está medido y es caro. El último informe de la FAA sobre impactos con fauna, publicado en agosto de 2026, contabiliza 24.447 impactos notificados en la aviación civil estadounidense en 2025, un 9,3 % más que el año anterior. El 94,4 % fueron con aves.

El mismo informe estima para 2025 unas 74.372 horas de aviones parados y 391 millones de dólares en pérdidas, aunque advierte de que esas cifras pueden estar en la parte alta por cómo se notifican los costes. TechCrunch, citando a la FAA, da una media de unos 272 millones de dólares al año entre 1990 y 2025.

Flox ya tiene presencia en el sector. Entre sus clientes y socios figuran el aeropuerto internacional Gerald R. Ford y el Departamento de Agricultura de EE. UU., según Pulse 2.0. Antes, la empresa probó drones autónomos para despejar fauna en aeropuertos suecos (Malmö, Kiruna y Umeå) y preparó una demostración en un aeródromo del condado de San Mateo, en California, según el programa sueco Future Mobility.

Más allá de las pistas

El aeropuerto no es su único mercado. Los dispositivos también están en corredores de carretera y ferrocarril, parques nacionales, explotaciones agrícolas, minas y subestaciones eléctricas. Con Alstom tiene un acuerdo de tipo OEM: el fabricante paga una cuota anual por integrar el software de Flox en sus vehículos. Nozkova habla de una «IA física» que sale de la fábrica al exterior y sostiene que esas máquinas necesitarán una capa de «inteligencia de la naturaleza» que «casi nadie está construyendo».

Cuánto dinero ha levantado y cuánto factura

Unos 5 millones de dólares (≈ 4,4 millones de euros) entre presemilla y semilla, según TechCrunch. La secuencia, reconstruida con varias fuentes, es esta:

  • Verano de 2025: ronda semilla de casi 1 millón de dólares, liderada por Unconventional Ventures, con Norrsken Accelerate, según Tech.eu.
  • Febrero de 2026: ampliación Seed+ de 3 millones de dólares (≈ 2,6 millones de euros), liderada por Tilia Impact Ventures, con Satgana, GENIUS NY y J.O.S.S., según Pulse 2.0.
  • Mayo de 2026: gana el premio de 1 millón de dólares del acelerador GENIUS NY, que obliga a operar en el centro del estado de Nueva York durante al menos un año. Según CenterState CEO, Nozkova anunció que Syracuse sería su sede global; la I+D sigue en Estocolmo, según Techleap.
  • Octubre de 2026: abre la Serie A de 10 millones para pasar de 150 dispositivos a «varios miles».

Su modelo combina la venta inicial del hardware con una suscripción anual al software y la IA a partir del segundo año. Flox prevé cerrar 2026 con unos 1,5 millones de dólares de ingresos (≈ 1,3 millones de euros), según dijo a TechCrunch. La empresa es una de las finalistas de la competición Startup Battlefield 200 de TechCrunch Disrupt, que se celebra del 13 al 15 de octubre en San Francisco.

¿Qué la diferencia de la competencia?

No está sola. TechCrunch cita a Robin Radar, cuyo sistema Scarecrow emite llamadas de alarma específicas para cada especie de ave, y a iCHASE, que usa visión artificial y un láser móvil. Frente a ellos, Flox se presenta como un sistema para varias especies, mamíferos incluidos, pensado para lugares remotos con poca conectividad y que aprende de la experiencia para variar sus respuestas. Nozkova lo resume como «la verdad sobre el terreno de qué hace que un alce o un oso pardo se mueva de forma segura».

Mi lectura es que Flox tiene algo que muchas startups de IA no tienen: un problema caro, cuantificado por un regulador y con clientes que ya pagan por soluciones peores. Lo discutible está en la escala. Pasar de 150 a varios miles de dispositivos en entornos tan distintos como una pista de aterrizaje, una vía de tren o una mina es un reto de hardware, no solo de modelos, y las cifras de eficacia que maneja son todavía de la propia empresa.

Sería interesante ver datos independientes de algún aeropuerto: cuántos impactos había antes de instalar Edge y cuántos después. Hasta que lleguen, la apuesta tiene sentido, pero es eso, una apuesta. Para situarla en contexto, en wwwhatsnew hemos repasado otros usos de la IA en el campo, como la agricultura de precisión con sensores, drones e IA, y proyectos de conservación como la apuesta de Google por proteger la naturaleza con IA y su modelo SpeciesNet.

El Reino Unido usa IA frontera contra sus propias vulnerabilidades: 407 fallos en un mes por 13.000 libras

El Gobierno británico ya ha usado modelos de IA frontera para auditar su propio código y la factura cabe en una hoja de cálculo: 407 hallazgos en nueve organizaciones públicas, en un mes y con 13.000 libras en tokens. Ese piloto, documentado por el GC3 en un caso de estudio publicado en GOV.UK, es ahora la base del paquete de ciberseguridad que el ministro de Inteligencia Artificial, Kanishka Narayan, presentó el 12 de octubre de 2026.

La cifra llamativa no es la de vulnerabilidades. Es lo barato que ha salido encontrarlas y lo que el propio informe admite sobre el cuello de botella real, que no está en la máquina sino en las personas que tienen que revisar lo que la máquina encuentra.

¿Qué hizo exactamente el GC3 con los modelos de IA?

Organizó una serie de hackatones semanales y presenciales en los que equipos con acceso a modelos frontera escanearon repositorios de código público de la administración. El Government Cyber Coordination Centre (GC3) es una colaboración entre el National Cyber Security Centre (NCSC) y el Departamento de Ciencia, Innovación y Tecnología, y trabajó con especialistas del AI Security Institute (AISI).

En lugar de imponer un método, el GC3 dio acceso a los modelos y dejó que cada equipo construyera sus herramientas. Salieron tres enfoques distintos:

  • Una cadena de agentes en seis etapas (triaje, validación, auditoría, rastreo, juez y resumen), con escalado manual a una persona del equipo.
  • Escáneres clásicos como Gitleaks, Trivy, Semgrep y Hadolint alimentando a los modelos, que después encadenaban rutas de ataque y filtraban resultados.
  • Cinco Claude Skills especializadas, construidas a partir de una auditoría de cientos de servicios.

Es un detalle relevante: ninguno de los tres equipos se limitó a pegar código en un chat. Todos montaron una arquitectura alrededor del modelo.

¿Qué encontraron y qué tan grave era?

Los 407 hallazgos incluyen debilidades críticas que permitían saltarse la autenticación, exponer datos o ejecutar código en remoto. Según el caso de estudio, todas las críticas se han corregido y no hay indicios de que nadie las explotara antes.

Algunas ya estaban mitigadas por otros controles; otras eran desconocidas. El ejemplo más grave que detalla el GC3 es un fallo en GitHub Actions: cualquier usuario externo podía publicar un comentario con una estructura concreta en una pull request abierta y disparar la ejecución de código arbitrario en el runner. Desde ahí, los secretos y tokens quedaban al alcance, con riesgo de un compromiso más amplio del repositorio.

El informe destaca además algo que los escáneres tradicionales no hacían: los modelos fueron capaces de seguir una vulnerabilidad a través de los límites entre servicios, que es justo donde suelen esconderse los fallos que nadie revisa porque cada equipo cree que es responsabilidad del otro.

El coste total fue de 13.000 libras en tokens, unos 17.467 dólares según el cálculo de Infosecurity Magazine (≈ 15.200 euros al tipo orientativo de octubre). Repartido entre nueve organizaciones y un mes de trabajo, sale a menos de 1.500 libras por organización en consumo de modelo, sin contar las horas de los especialistas, que el informe no cuantifica.

Lo que el informe reconoce y la nota de prensa no subraya

La parte más útil del caso de estudio son sus lecciones, y no todas son triunfalistas. La primera: la arquitectura importa más que el modelo. Los mejores resultados llegaron con modelos frontera usados como componentes muy acotados dentro de un flujo estructurado, con revisión humana en el escalado.

La segunda es todavía más interesante para quien esté comprando herramientas: con la arquitectura adecuada, muchos modelos frontera y casi frontera rindieron de forma parecida. El GC3 menciona como ejemplos recientes Claude Mythos y GPT-5.5, y el AISI advierte de que las puntuaciones en benchmarks no reflejan necesariamente la capacidad de encontrar y arreglar vulnerabilidades reales.

La tercera es el aviso que debería leer cualquier responsable de seguridad: los agentes generan candidatos a vulnerabilidad más rápido de lo que las personas pueden validarlos. El propio documento lo resume con una frase que podría colgarse en cualquier oficina de un CISO: encontrar no es lo mismo que arreglar. Priorizar, revisar y generar parches tiene que encajar en procesos humanos que ya están saturados.

Si la IA multiplica los hallazgos pero el equipo que los corrige sigue siendo el mismo, el resultado puede ser una cola más larga, no un sistema más seguro.

¿Qué anunció Narayan el 12 de octubre?

Un paquete de medidas que convierte el piloto en política. En un discurso en el Imperial College de Londres, Narayan dijo que quiere que Gran Bretaña sea «uno de los países más difíciles del mundo de atacar usando inteligencia artificial».

Los puntos concretos del discurso:

  • Dos pilotos del Gobierno han ayudado a identificar y corregir más de mil vulnerabilidades con IA frontera.
  • Un servicio central de monitorización ha reducido el tiempo para corregir debilidades de 50 días a 8.
  • Narayan, el ministro de ciberseguridad del DCMS y el ministro de Seguridad liderarán el uso «urgente» de IA frontera para buscar fallos en sistemas del Estado.
  • El Gobierno trabajará con el Parlamento para reforzar la Cyber Security and Resilience Bill frente a amenazas impulsadas por IA y riesgos de pérdida de control, incluida la notificación de incidentes graves y de casi-incidentes.
  • El DCMS, el NCSC y el AISI desarrollarán formas de contener incidentes con IA agéntica.
  • La IA será un eje de la presidencia británica del G20 el año que viene.

Hay un matiz que conviene no perder. The Next Web señala que el Gobierno habla de más de mil vulnerabilidades en dos pilotos, pero el caso de estudio publicado solo documenta uno, el de los 407 hallazgos. El resto de la cifra, de momento, hay que creérsela.

Narayan también tuvo un mensaje para los laboratorios: escuchad a vuestros científicos cuando avisen de peligros graves y, «si no podéis controlar adecuadamente los riesgos, no lancéis el sistema». Es una frase fácil de aplaudir y difícil de hacer cumplir desde un país que no aloja a los principales desarrolladores de modelos frontera.

¿Por qué importa fuera del Reino Unido?

Porque aquí un gobierno publica coste, método y límites de usar IA en ciberdefensa real, no en una demo. El debate sobre si estos modelos ayudan más a atacar o a defender suele moverse entre anuncios de empresa, como el agente Aardvark de OpenAI para detectar y corregir vulnerabilidades, e informes de amenazas que describen el lado contrario, como el que alertaba de que la carrera de los agentes de IA ha creado un caldo de cultivo para el cibercrimen.

El caso del GC3 aporta datos donde había sobre todo promesas. Y el siguiente paso ya está fijado: una segunda fase con más departamentos y más modelos que pasará del código público a los sistemas cerrados de la administración, un terreno que el caso de estudio todavía no ha medido.

Mi lectura es que el Reino Unido ha acertado en el orden: primero medir con su propio código, luego legislar. Lo discutible es la cifra redonda de «más de mil» sin un segundo informe que la respalde, y la tentación de vender la IA como acelerador cuando el propio GC3 dice que el freno está en la capacidad humana de revisar.

Si la segunda fase llega a sistemas cerrados con el mismo nivel de transparencia sobre costes y límites, este documento puede acabar siendo la plantilla que otros gobiernos copien. Si se queda en titulares de miles de vulnerabilidades, será otro anuncio más.

Meta Muse Wonder y Wonder Full: Meta vuelve a la élite de la IA, pero ya no abre sus mejores modelos

Meta ya tiene un modelo en la parte alta de las clasificaciones independientes, pero no lo vas a poder descargar. Muse Wonder y Muse Wonder Full, presentados el 12 de octubre de 2026, son modelos cerrados: el primero se usa por API y el segundo solo dentro de la suscripción Muse Code. El único modelo de la familia Muse con pesos abiertos sigue siendo Muse Glimmer.

Lo cuenta Meta en el anuncio oficial de Muse Wonder en su blog de investigación, donde los define como sus modelos más capaces para tareas agénticas personales y profesionales. La noticia tiene dos lecturas: Meta vuelve a competir arriba y, a la vez, se aleja un poco más del discurso abierto que construyó con Llama.

¿Dónde queda Muse Wonder frente a sus rivales?

En el Artificial Analysis Intelligence Index, una de las referencias independientes más seguidas, Muse Wonder Full marca 56 puntos y ocupa el cuarto puesto. Muse Wonder se queda en 52, en el décimo puesto y empatado con otros tres modelos.

Por encima de Wonder Full solo está Claude Opus 5.5, que lidera con 58; Claude Sonnet 5.5 empata con él a 56. Por debajo quedan Claude Fable 5.1 y GPT-6 Astra, ambos con 53 en su configuración máxima, según la clasificación de modelos de Artificial Analysis.

Hay un matiz importante. Para llegar a esos 56 puntos, Wonder Full consumió unos 140 millones de tokens de salida, frente a una mediana de 88 millones. Dicho de otra forma: piensa mucho y en voz alta, y eso se paga en tiempo y en dinero cuando lo usas de verdad.

En cuanto a los benchmarks propios, Meta habla de resultados punteros en pruebas de agentes, memoria y programación, como el benchmark legal de Harvey (LAB), FocusBench o SWE-Marathon, pero su post no incluye cifras en el texto. TechCrunch recoge que, según Meta, Wonder supera a Fable, Opus y Astra en MemoryBench. Son datos de la propia empresa y Meta reconoce que el informe de seguridad completo llegará «pronto».

Qué son Active Memory y Active Focus

Meta vende Wonder por dos funciones con nombre propio. Active Memory conserva contexto importante sobre el usuario entre conversaciones y recupera los detalles relevantes para la tarea en curso. La investigadora Kavya Kopparapu lo resumió en el vídeo de lanzamiento: el equipo se esforzó para que el modelo «recuerde lo que es importante para ti».

Active Focus es otra cosa y conviene describirlo bien. Según Meta, define cómo el modelo sigue trabajando hacia un objetivo difícil: prueba enfoques alternativos, sortea bloqueos y se adapta a información nueva. También pide aclaraciones cuando las necesita y consulta antes de dar pasos importantes. No es un modo de concentración para el usuario, sino una forma de persistencia del agente con frenos incorporados.

Las dos piezas apuntan al mismo sitio: el asistente que Meta quiere desplegar en Muse, su producto de consumo, donde Wonder llegará primero a los suscriptores. La empresa lo presenta como «un gran salto hacia la superinteligencia personal».

¿Cuánto cuesta usar Wonder y Wonder Full?

Por API, Muse Wonder cuesta 4 dólares por millón de tokens de entrada (≈ 3,48 euros) y 20 dólares por millón de salida (≈ 17,40 euros), con la entrada en caché a 0,20 dólares (≈ 0,17 euros). Es la misma tarifa que Claude Opus 5.5. Artificial Analysis calcula un coste medio de 4,52 dólares por tarea de su índice (≈ 3,93 euros).

Wonder Full no tiene API. Solo se usa dentro de Muse Code, que tiene cuatro planes según la página de ayuda de Muse Code:

  • Everyday Usage: 5 dólares al mes (≈ 4,35 euros).
  • High Usage: 15 dólares al mes (≈ 13,05 euros).
  • Power Usage: 50 dólares al mes (≈ 43,50 euros), el primero que incluye Wonder Full.
  • Maximum Usage: 200 dólares al mes (≈ 174 euros).

Las conversiones son orientativas; Meta indica que los beneficios y la disponibilidad varían por región y se muestran antes de suscribirse.

El detalle que más importa: el modo Contributor

Las suscripciones de Muse Code llegan con el modo Contributor activado por defecto. A cambio de más uso, Meta puede entrenar sus modelos con tus prompts, tu código, tus archivos, el contexto y las respuestas que recibes.

Se puede desactivar en cualquier momento y, según Meta, desde entonces «tu contenido futuro» no se usa para entrenar. La documentación no aclara qué ocurre con lo enviado antes de desactivarlo. Las cuentas con retención cero de datos no pueden usar este modo. En la API de Wonder, el contenido estándar no se usa para entrenar.

Para un desarrollador que trabaja con código de cliente, esto no es un detalle de letra pequeña: es la primera decisión que tiene que tomar al darse de alta. Y el diseño de la oferta, con más uso si cedes datos, empuja en una dirección muy concreta.

¿Por qué Meta ya no abre sus mejores modelos?

Porque su estrategia ha cambiado desde Llama. Glimmer, analizado por Artificial Analysis el 10 de agosto de 2026, es un modelo de 30.000 millones de parámetros bajo licencia Apache 2.0, el primero de Meta con esa licencia, según Artificial Analysis. Lo más capaz se queda en casa.

No es un giro que llegue de la nada. Zuckerberg ya reconoció en septiembre que Meta calculó mal con Llama 4 y que los laboratorios que retienen modelos le parecen «bastante peligrosos», una frase que hoy suena distinta. Y el viejo debate sobre si Llama era realmente código abierto queda casi resuelto por la vía práctica: la frontera de Meta ya ni siquiera aspira a ser abierta.

Los modelos se entrenaron en Prometheus, el centro de datos de Meta en Ohio, y son el primer lanzamiento frontera desde que Alexandr Wang reorganizó la IA de la compañía en agosto de 2025.

Mi lectura: Wonder es un regreso creíble a la élite, con un cuarto puesto en una clasificación independiente. Pero el producto que lo acompaña dice más que el benchmark. Wonder Full solo en suscripción, datos de entrenamiento activados por defecto y pesos cerrados describen una empresa que ha decidido competir como OpenAI y Anthropic, no como alternativa a ellas.

La pregunta que queda abierta es si los desarrolladores que llegaron a Meta por Llama aceptarán ese cambio de trato. Con un precio idéntico al de Opus 5.5 y un rendimiento algo inferior en el índice, Wonder tendrá que ganarse a los usuarios con memoria y agentes, no con apertura.

Maia 300: el tercer chip de IA de Microsoft apuesta por la memoria HBM4 y racks de 96 aceleradores

Microsoft ha presentado Maia 300, la tercera generación de su acelerador propio para inferencia de IA, y quiere desplegarlo a escala de varios gigavatios a partir de 2027. El chip combina un diseño de chiplets fabricado en el proceso N2P de TSMC con ocho pilas de memoria HBM4, y se monta en racks de 96 aceleradores.

El anuncio llegó el 12 de octubre de 2026 con una entrada en el blog oficial de Microsoft sobre el despliegue multigigavatio de Maia y un análisis técnico en el blog de Azure firmado por Rani Borkar y Saurabh Dighe. Lo interesante no son solo los números del chip. Lo es que Microsoft lo señale como el sistema principal de inferencia para sus propios productos.

¿Qué es Maia 300 y qué cambia frente a Maia 200?

Maia 300 es un acelerador diseñado para ejecutar modelos ya entrenados, no para entrenarlos. Frente a Maia 200, pasa de un chip monolítico a un diseño de varios chiplets y multiplica sobre todo el ancho de banda de memoria.

Según la documentación de Azure, cada acelerador lleva 8 pilas HBM4 con 288 GB de capacidad y 18 TB/s de ancho de banda. Microsoft lo resume así: 2,5 veces más ancho de banda, un 33 % más de capacidad y aproximadamente el doble de ancho de banda HBM por vatio que la generación anterior.

Como referencia, Maia 200 se presentó en enero con proceso de 3 nm de TSMC, memoria HBM3e de 216 GB y unos 7 TB/s. StorageReview precisa que eran seis pilas.

La computación crece mucho menos que la memoria. Azure habla de un 36 % más de FLOPs y de un 14 % más de ancho de banda de interconexión. Las cifras de pico que publica StorageReview van en la misma línea: 13,8 POPS en FP4 frente a 10,1, con un TDP de 950 vatios frente a 750.

Mi lectura: es un chip pensado para el cuello de botella real de la inferencia actual, que es mover datos y no calcular. Los modelos con contextos largos y los agentes que encadenan pasos viven de la memoria, y ahí es donde Microsoft ha apostado.

¿Cómo es el rack de 96 aceleradores?

El rack de Maia 300 duplica la densidad del anterior: 96 aceleradores en 167 kW, repartidos en 24 bandejas de cuatro. Con Maia 200 eran 48 por rack.

La refrigeración líquida retira más del 80 % de la carga térmica del rack, según Azure. El superpod escala hasta 12.288 aceleradores en un máximo de 128 racks.

Con esa configuración completa, Microsoft promete hasta 7 veces más rendimiento en tokens por rack que Maia 200 y más de 2,5 veces el rendimiento por vatio. The Next Platform desglosa el 7x: el aumento de computación por chip y el doble de aceleradores por rack no bastan para explicarlo, así que atribuye el resto a la arquitectura.

Para situar la escala: 167 kW por rack y despliegues de varios gigavatios entran de lleno en el debate sobre los centros de datos hiperescalados para IA y su factura energética. Microsoft vende Maia 300 precisamente como una forma de sacar más tokens de cada vatio.

Hay que leerlo con cuidado. Un rack que pasa de 48 a 96 chips no compara peras con peras con uno de la generación anterior. El dato por vatio es más honesto que el de rendimiento bruto.

¿Qué significa para la dependencia de Nvidia?

Microsoft no dice que vaya a dejar de comprar GPU. Redmond Magazine resume el mensaje como una opción más junto a las GPU tradicionales, no como un sustituto. Pero el lenguaje ha cambiado: según Microsoft, Maia 300 será el principal sistema de inferencia para sus productos y servicios.

La cifra comercial más llamativa es un 40 % más de tokens por megavatio que los «principales sistemas basados en GPU». The Register y StorageReview señalan el problema: Microsoft no dice qué GPU, qué modelo ni qué configuración usa en la comparación, y nadie de fuera puede comprobarlo.

La generación anterior ya está en producción. Según Redmond Magazine, Maia 200 ejecuta cargas de Copilot y del desarrollo interno de modelos, y GitHub Copilot y Microsoft Foundry deberían empezar a usarlo antes de que acabe 2026. En wwwhatsnew ya contamos que, con Maia 200, Microsoft mantenía su apuesta por Nvidia y AMD mientras estrenaba chip propio.

The Register añade un matiz incómodo. En 2024, Microsoft se quejó ante los reguladores europeos de que la integración vertical de Google le daba ventaja, y dijo: «Todos los demás deben depender de alianzas para innovar y competir». Dos años después, Microsoft construye su propia pila vertical, del chip al servicio.

Mi posición: Maia 300 no amenaza a Nvidia a corto plazo, pero cambia quién negocia el precio. Un hiperescalador con un chip propio que sirve la mayor parte de su inferencia compra GPU con otra fuerza. El argumento del 40 % sigue sin baseline, y hasta que Microsoft lo concrete es marketing, no un dato. Lo que sí es verificable, la memoria, la densidad del rack y la eficiencia por vatio frente a Maia 200, apunta a que el coste por token de Copilot va a depender cada vez menos de Nvidia. El próximo examen es Ignite, en noviembre, donde Microsoft ha prometido más detalles.