Maia 300: el tercer chip de IA de Microsoft apuesta por la memoria HBM4 y racks de 96 aceleradores

Microsoft ha presentado Maia 300, la tercera generación de su acelerador propio para inferencia de IA, y quiere desplegarlo a escala de varios gigavatios a partir de 2027. El chip combina un diseño de chiplets fabricado en el proceso N2P de TSMC con ocho pilas de memoria HBM4, y se monta en racks de 96 aceleradores.

El anuncio llegó el 12 de octubre de 2026 con una entrada en el blog oficial de Microsoft sobre el despliegue multigigavatio de Maia y un análisis técnico en el blog de Azure firmado por Rani Borkar y Saurabh Dighe. Lo interesante no son solo los números del chip. Lo es que Microsoft lo señale como el sistema principal de inferencia para sus propios productos.

¿Qué es Maia 300 y qué cambia frente a Maia 200?

Maia 300 es un acelerador diseñado para ejecutar modelos ya entrenados, no para entrenarlos. Frente a Maia 200, pasa de un chip monolítico a un diseño de varios chiplets y multiplica sobre todo el ancho de banda de memoria.

Según la documentación de Azure, cada acelerador lleva 8 pilas HBM4 con 288 GB de capacidad y 18 TB/s de ancho de banda. Microsoft lo resume así: 2,5 veces más ancho de banda, un 33 % más de capacidad y aproximadamente el doble de ancho de banda HBM por vatio que la generación anterior.

Como referencia, Maia 200 se presentó en enero con proceso de 3 nm de TSMC, memoria HBM3e de 216 GB y unos 7 TB/s. StorageReview precisa que eran seis pilas.

La computación crece mucho menos que la memoria. Azure habla de un 36 % más de FLOPs y de un 14 % más de ancho de banda de interconexión. Las cifras de pico que publica StorageReview van en la misma línea: 13,8 POPS en FP4 frente a 10,1, con un TDP de 950 vatios frente a 750.

Mi lectura: es un chip pensado para el cuello de botella real de la inferencia actual, que es mover datos y no calcular. Los modelos con contextos largos y los agentes que encadenan pasos viven de la memoria, y ahí es donde Microsoft ha apostado.

¿Cómo es el rack de 96 aceleradores?

El rack de Maia 300 duplica la densidad del anterior: 96 aceleradores en 167 kW, repartidos en 24 bandejas de cuatro. Con Maia 200 eran 48 por rack.

La refrigeración líquida retira más del 80 % de la carga térmica del rack, según Azure. El superpod escala hasta 12.288 aceleradores en un máximo de 128 racks.

Con esa configuración completa, Microsoft promete hasta 7 veces más rendimiento en tokens por rack que Maia 200 y más de 2,5 veces el rendimiento por vatio. The Next Platform desglosa el 7x: el aumento de computación por chip y el doble de aceleradores por rack no bastan para explicarlo, así que atribuye el resto a la arquitectura.

Para situar la escala: 167 kW por rack y despliegues de varios gigavatios entran de lleno en el debate sobre los centros de datos hiperescalados para IA y su factura energética. Microsoft vende Maia 300 precisamente como una forma de sacar más tokens de cada vatio.

Hay que leerlo con cuidado. Un rack que pasa de 48 a 96 chips no compara peras con peras con uno de la generación anterior. El dato por vatio es más honesto que el de rendimiento bruto.

¿Qué significa para la dependencia de Nvidia?

Microsoft no dice que vaya a dejar de comprar GPU. Redmond Magazine resume el mensaje como una opción más junto a las GPU tradicionales, no como un sustituto. Pero el lenguaje ha cambiado: según Microsoft, Maia 300 será el principal sistema de inferencia para sus productos y servicios.

La cifra comercial más llamativa es un 40 % más de tokens por megavatio que los «principales sistemas basados en GPU». The Register y StorageReview señalan el problema: Microsoft no dice qué GPU, qué modelo ni qué configuración usa en la comparación, y nadie de fuera puede comprobarlo.

La generación anterior ya está en producción. Según Redmond Magazine, Maia 200 ejecuta cargas de Copilot y del desarrollo interno de modelos, y GitHub Copilot y Microsoft Foundry deberían empezar a usarlo antes de que acabe 2026. En wwwhatsnew ya contamos que, con Maia 200, Microsoft mantenía su apuesta por Nvidia y AMD mientras estrenaba chip propio.

The Register añade un matiz incómodo. En 2024, Microsoft se quejó ante los reguladores europeos de que la integración vertical de Google le daba ventaja, y dijo: «Todos los demás deben depender de alianzas para innovar y competir». Dos años después, Microsoft construye su propia pila vertical, del chip al servicio.

Mi posición: Maia 300 no amenaza a Nvidia a corto plazo, pero cambia quién negocia el precio. Un hiperescalador con un chip propio que sirve la mayor parte de su inferencia compra GPU con otra fuerza. El argumento del 40 % sigue sin baseline, y hasta que Microsoft lo concrete es marketing, no un dato. Lo que sí es verificable, la memoria, la densidad del rack y la eficiencia por vatio frente a Maia 200, apunta a que el coste por token de Copilot va a depender cada vez menos de Nvidia. El próximo examen es Ignite, en noviembre, donde Microsoft ha prometido más detalles.

Google lanza Gemini 4 Argon: el modelo para trabajo pesado ya disponible en API, app y buscador

Gemini 4 Argon ya se puede usar fuera de los laboratorios de Google. Desde el 13 de octubre de 2026 está en la API de Gemini (solo en el plan de pago), en Google Antigravity, en la app de Gemini y en el Modo IA del buscador para suscriptores de Google AI Pro y Ultra. Cuesta 2 dólares por millón de tokens de entrada (≈ 1,73 euros) y 10 dólares por millón de salida (≈ 8,65 euros) hasta el 30 de noviembre; después, 4 y 20 dólares (≈ 3,46 y 17,30 euros).

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¿Agua del petróleo para enfriar la IA? Lo que dice de verdad el estudio de UT Austin sobre desalar para los centros de datos

Los centros de datos de Texas podrían refrigerarse con agua salada o contaminada, incluida el agua de producción que sale de los pozos de petróleo, si la desalan antes. Es la propuesta de un estudio de la Universidad de Texas en Austin publicado en la revista Water Research, que concluye que incluso el tratamiento que más energía consume supone una pequeña fracción del consumo total de un centro de datos.

El artículo científico, «System-scale design and analysis of desalination systems for meeting water needs of data centers», en Water Research, lo firman Vishnu Sree Shanthanu Katakam, Mariam Arzumanyan, Ning Lin y Vaibhav Bahadur. La Cockrell School of Engineering lo difundió el 8 de octubre de 2026 y medios como Interesting Engineering lo recogieron el 12 de octubre.

¿Por qué hablar de agua del petróleo en Texas?

Porque sobra en un sitio y falta en otro. Bahadur lo resume en la nota de la Cockrell School sobre si el agua salada y sucia puede enfriar centros de datos: la cuenca del Pérmico produce cada día el equivalente a 1.200 piscinas olímpicas de agua de producción.

Hoy esa agua se transporta largas distancias y se inyecta bajo tierra, algo que Bahadur considera problemático «en muchos sentidos, incluido el riesgo de actividad sísmica». Según la nota, la región podría quedarse sin espacio para inyectarla ya en 2030.

Al otro lado está la demanda. Un informe técnico anterior de la misma universidad, difundido en mayo por UT News sobre el uso de agua de los centros de datos en Texas, calcula que los centros de datos usan hoy menos del 1 % del agua del estado, pero podrían llegar al 3-9 % en 2040. Como referencia, la industria manufacturera consume alrededor del 7 %. En Texas hay más de 400 centros de datos en funcionamiento o en construcción.

¿Qué tecnologías compara el estudio?

Dos familias de desalación ya existentes. La ósmosis inversa, con membranas, es la más eficiente energéticamente, pero tiene problemas con aguas más saladas que el agua de mar. Los métodos térmicos, que evaporan y condensan el agua, funcionan con salmueras muy concentradas, pero consumen bastante más energía y sufren incrustaciones en los equipos.

«No estamos esperando a que llegue una tecnología futurista a resolver este problema», dice Bahadur. Esa es la tesis: la tecnología ya existe, tiene un coste, y la pregunta es dónde y cómo aplicarla.

El estudio analizó tres escenarios de centros de datos y cómo la elección del tratamiento cambia el coste y el impacto ambiental. Para comparar opciones, los autores proponen un indicador nuevo, la Saline Water Utilization Intensity (SWUI), que mide la presión sobre el agua local.

El caso que mejor sale no es el del petróleo

Es el detalle que menos titulares ha generado. Según la nota de la universidad, el escenario con menor presión sobre el agua local fue un proyecto propuesto en Longview (Texas) que usaría agua subterránea salobre tratada con ósmosis inversa en dos etapas: alta recuperación de agua dulce, bajo coste y consumo energético relativamente bajo.

Mi lectura es que eso matiza el titular. El agua de producción del Pérmico es la imagen potente, pero la nota no da su salinidad: si supera la del agua de mar, queda fuera del alcance de la ósmosis inversa y obliga a usar los métodos térmicos, los caros en energía. La opción que mejor sale en el estudio es el agua salobre, menos salada, y no la salmuera petrolera.

El estudio sí sostiene que todas las opciones son asumibles dentro de la factura energética de un centro de datos, lo que encaja con la escala de los centros de datos hiperescalados y su factura energética. Lo que la nota no publica son cifras concretas de coste o de energía por metro cúbico, así que no conviene inventarlas.

Un debate que ya está en el Parlamento de Texas

El estudio llega en mal momento para el sector, o en el mejor, según se mire. En septiembre, el gobernador Greg Abbott paralizó los nuevos permisos para centros de datos para evaluar su impacto en las comunidades, y la fiscalía general del estado anunció una investigación sobre el uso de agua de los centros existentes, según la Cockrell School.

Bahadur y Lin, este último economista jefe del Bureau of Economic Geology, han testificado ante la comisión de Agua, Agricultura y Asuntos Rurales del Senado de Texas. Ambos participan en el consorcio COMPASS, que desarrolla software para analizar proyectos concretos de cara a los permisos. «Esperamos dar a los responsables las herramientas que necesitan para proteger y beneficiar a sus comunidades», dice Lin.

La desalación no es una idea nueva; lo que cambia es el cliente. Hasta ahora se pensaba en agua potable, como en los desalinizadores solares del MIT para obtener agua potable del mar. Ahora el comprador potencial es una industria con dinero y prisa.

Mi postura: la idea es sensata y tiene la virtud de no depender de tecnologías por inventar. Pero el titular «agua del petróleo para la IA» vende más de lo que el estudio respalda. Lo que deja claro es que desalar es asumible y que la fuente concreta importa mucho. Si Texas acaba exigiendo a los nuevos centros de datos que justifiquen su agua con un indicador como el SWUI, el estudio habrá servido para algo más que para un buen titular.

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