Las plantas no pueden salir corriendo cuando llega un insecto hambriento o un hongo oportunista. Su estrategia se parece más a tener una despensa llena de especias fuertes: mezclas químicas que disuaden, intoxican o frenan a quien intente comérselas. Entre esas mezclas destacan los alcaloides, un grupo enorme de moléculas que, para la planta, funcionan como armas defensivas y, para nosotros, han sido durante siglos una cantera de compuestos útiles. La cafeína y la nicotina son ejemplos cotidianos, pero la familia es mucho más amplia y también incluye sustancias empleadas como punto de partida para medicamentos.
Entender cómo se “cocinan” estos compuestos dentro de una célula vegetal es clave porque la receta no es trivial. No se trata de un solo paso, sino de cadenas de reacciones enzimáticas que, como una línea de montaje, convierten moléculas simples en estructuras complejas. Cuando la ciencia descifra esas rutas, se abren dos puertas interesantes: buscar nuevas moléculas con potencial terapéutico y aprender a producirlas con menos impacto ambiental que la extracción intensiva de plantas raras o ciertos procesos industriales. Continúa leyendo «La planta que “copió” a las bacterias: una pista inesperada para fabricar fármacos de forma más sostenible»