En una escena que se repite a diario, descargamos una nueva app de productividad convencidos de que esta vez sí encontraremos la solución definitiva para organizarnos. Pero pronto nos vemos atrapados en un ciclo de configuraciones, sincronizaciones y pruebas sin fin. Y lo que empieza como una intención de orden se convierte en ruido digital.
Vivimos en un ecosistema tecnológico hiperabundante, con herramientas para cada aspecto de la vida: desde planificar el día hasta controlar el sueño o los hábitos. Sin embargo, cuantas más aplicaciones usamos, menos claras se vuelven nuestras prioridades. Fragmentamos tareas entre plataformas, alternamos sin descanso entre recordatorios, chats, tableros y calendarios. El resultado es una sensación de esfuerzo constante sin avance real.
Un informe de McKinsey lo ilustra con crudeza: dedicamos hasta un 61% del tiempo laboral a «gestionar el trabajo», no a ejecutarlo. Esta sobrecarga nos deja exhaustos, no por exceso de acción, sino por exceso de organización. Continúa leyendo «Menos aplicaciones, más acción: el camino hacia una productividad consciente»