La fatiga digital en el teletrabajo es real: Cómo las videoconferencias afectan a nuestro cerebro

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En la era actual, marcada por un rápido avance tecnológico y la emergencia sanitaria global, hemos presenciado un cambio sin precedentes en la forma en que nos comunicamos. La transición forzada hacia el teletrabajo y la educación a distancia, impulsada por las circunstancias de la pandemia, ha traído consigo un fenómeno cada vez más presente en nuestras vidas: la fatiga digital. Este concepto, que refleja el cansancio y el agotamiento asociados a las videoconferencias, ha capturado la atención tanto de profesionales como del público en general. La reciente investigación que vincula esta fatiga con cambios específicos en la actividad cerebral y cardíaca nos ofrece una perspectiva innovadora y reveladora sobre este desafío contemporáneo.

La pandemia de COVID-19 ha sido un catalizador en el incremento exponencial del uso de plataformas como Zoom y Skype, herramientas que han pasado a ser esenciales en el ámbito laboral y educativo. Para entender la magnitud de este cambio, basta con observar las estadísticas: la cantidad de visitas mensuales a Zoom.us experimentó un salto astronómico, pasando de 71.6 millones en diciembre de 2019 a un pico histórico de 2.8 mil millones en octubre de 2020. Aunque este número disminuyó a 943 millones en marzo de 2023, sigue siendo significativamente alto.

En un esfuerzo por comprender mejor el impacto de las videoconferencias en comparación con la comunicación cara a cara, investigadores de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Alta Austria y la Universidad Johannes Kepler de Linz llevaron a cabo un estudio pionero. La investigación involucró a 35 estudiantes universitarios, quienes participaron en conferencias de 50 minutos tanto de manera presencial como a través de videoconferencia. El objetivo era analizar de manera directa y objetiva los efectos de estas modalidades de comunicación sobre la actividad cerebral y cardíaca, utilizando tecnologías como la electroencefalografía (EEG) y la electrocardiografía (ECG). Estas herramientas permiten registrar la actividad del cerebro y del corazón de forma no invasiva, proporcionando una ventana única hacia las respuestas fisiológicas y emocionales de los participantes en diferentes entornos de comunicación.

Los resultados del estudio, obtenidos a través de EEG (Electroencefalografía) y ECG (Electrocardiografía), arrojaron luz sobre las diferencias fisiológicas significativas entre las interacciones virtuales y presenciales. Se observó que las sesiones de videoconferencia inducían mayores signos de fatiga, tristeza, somnolencia y sentimientos negativos, así como una menor atención y compromiso en comparación con las conferencias cara a cara. Estos hallazgos son reveladores, ya que demuestran que la fatiga asociada a las videoconferencias no es solo una percepción subjetiva, sino una respuesta fisiológica y emocional medible y cuantificable.

Más allá de los cambios fisiológicos, el estudio también destaca las consecuencias emocionales y cognitivas de la fatiga por videoconferencia. Los participantes reportaron sentirse significativamente más cansados, somnolientos y desanimados después de las sesiones en línea, en comparación con las interacciones presenciales. Estos sentimientos negativos pueden tener un impacto profundo en la productividad y el bienestar emocional, afectando no solo el desempeño laboral y académico, sino también la calidad de las relaciones personales y profesionales. La ausencia de señales no verbales y la necesidad de un esfuerzo cognitivo adicional para interpretar la información en un entorno virtual pueden contribuir a este fenómeno, destacando la importancia de considerar estos aspectos al diseñar y utilizar herramientas de comunicación digital.

Frente a los desafíos presentados por la fatiga por videoconferencia, el estudio propone varias estrategias para aliviar sus efectos. Una recomendación clave es la implementación de pausas regulares, idealmente después de 30 minutos de videoconferencia, dado que se observaron cambios significativos en la fatiga tanto fisiológica como subjetiva después de 50 minutos de sesión. Otra sugerencia es el uso de la función de ‘vista de orador’ en las plataformas de videoconferencia, para mitigar la intensidad del contacto visual constante, que puede ser particularmente agotador.

El estudio sobre la fatiga por videoconferencia arroja luz sobre los desafíos actuales y abre camino hacia el futuro de la comunicación digital. Los desarrolladores de herramientas de videoconferencia se enfrentan al reto de crear plataformas que faciliten una comunicación más natural y que imiten las dinámicas sutiles de las interacciones cara a cara. Esto implica reducir la carga cognitiva asociada con las reuniones virtuales y mejorar la calidad de la comunicación. Sin embargo, los investigadores advierten que es improbable replicar completamente las interacciones naturales cara a cara, dadas las capacidades específicas que la evolución humana ha otorgado al cerebro para este tipo de comunicación. Este panorama sugiere un equilibrio entre la comunicación digital y presencial, reconociendo el valor único de cada una y buscando formas de integrarlas de manera efectiva en nuestras vidas.

 

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