Escuchar una canción puede transportarnos al pasado con una precisión sorprendente. Basta con que suenen los primeros acordes para que una escena olvidada cobre vida en nuestra mente. Ahora, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Waterloo aporta luz sobre este fenómeno tan cotidiano como fascinante, demostrando que las canciones completas tienen un poder significativamente mayor para evocar recuerdos autobiográficos que simplemente escuchar las letras habladas.