Cuando un equipo anuncia más de 70 especies nuevas para la ciencia en un solo año, la tentación es imaginar una expedición épica con linternas en la selva. Parte de la historia va por ahí, sí, pero el dato interesante es otro: muchas de esas especies no “aparecieron” en un lugar remoto, sino en cajones y vitrinas. Investigadores del American Museum of Natural History (AMNH) han descrito este año un abanico que va desde dinosaurios con plumas hasta moscas preservadas en ámbar, peces confundidos durante años y un mineral que no había sido documentado. La sensación es parecida a revisar un trastero familiar y descubrir fotos que cambian la historia de la familia: estaban ahí, faltaba la mirada y las herramientas para entenderlas.
La propia institución lo plantea como una prueba de dos cosas: la riqueza real de la vida en la Tierra y el valor de las colecciones científicas que conservan “instantáneas” del planeta a lo largo de generaciones, en palabras de Cheryl Hayashi, directiva científica del museo. Esa idea, por sí sola, explica por qué un museo no es un almacén de curiosidades, sino un laboratorio con memoria. Continúa leyendo «70 nuevas especies en un año: lo que revela esta ola de hallazgos del Museo Americano de Historia Natural»