Los dispositivos wearables de salud se han vuelto casi cotidianos: parches que siguen la glucosa, bandas pectorales que registran el ritmo cardiaco, tensiómetros “inteligentes”, relojes que vigilan constantes y hasta parches de ultrasonido pensados para pruebas rápidas. Su promesa es clara: medir sin parar para detectar antes, ajustar tratamientos y dar tranquilidad a pacientes, mayores, deportistas o personas que simplemente quieren entender mejor su cuerpo.
Esa utilidad tiene un reverso menos visible. Por pequeños que parezcan, estos aparatos son electrónica avanzada: semiconductores, placas de circuito, baterías, adhesivos, polímeros y, en algunos casos, metales valiosos. Todo eso se fabrica, se transporta, se usa y se desecha. Y cada paso suma una huella de carbono y otros impactos ambientales que no se ven en la app.
Un equipo de la Universidad de Chicago y Cornell University se propuso cuantificar ese coste ecológico con un enfoque completo, de “cuna a tumba”. Sus resultados, publicados en Nature y difundidos por Phys.org, apuntan a un problema que crece a medida que estos sistemas se convierten en infraestructura sanitaria digital: si el consumo global despega como se espera, el impacto agregado deja de ser anecdótico. Continúa leyendo «El coste invisible de los wearables sanitarios: cuando un parche también deja huella en el planeta»