Las celdas solares de perovskita llevan años despertando interés porque combinan dos ideas muy atractivas: potencial de alta eficiencia y costes de fabricación que, en teoría, podrían ser más contenidos que los del silicio tradicional. El reto es que esa promesa se juega en detalles microscópicos. En una lámina de perovskita, el paso de la electricidad no es como el agua cayendo por un canal liso; se parece más a circular en coche por una ciudad con baches, desvíos y semáforos mal sincronizados. Esos “baches” son los defectos del material: pequeñas imperfecciones que interrumpen el transporte de carga (el movimiento ordenado de electrones y huecos), provocan pérdidas energéticas y degradan la estabilidad con el uso.
La parte frustrante es que muchos de esos defectos no son evidentes desde fuera. Una película puede parecer uniforme bajo técnicas que miran la superficie o que promedian el comportamiento global, y aun así esconder zonas internas donde la conductividad es pobre. En fotovoltaica, ese tipo de sorpresa se paga caro: menos rendimiento, más variabilidad entre dispositivos y una vida útil que se resiente. Continúa leyendo «Mirar dentro de una perovskita: un “TAC eléctrico” muestra por qué la pasivación mejora la eficiencia solar»