La inteligencia artificial tiene una cara visible, hecha de chatbots, generación de imágenes y herramientas que prometen ahorrar tiempo. La otra cara está en un sitio menos glamuroso: el enchufe. Entrenar modelos y, sobre todo, operarlos a escala exige una cantidad creciente de electricidad, y esa demanda se concentra en lugares concretos donde se construyen grandes centros de datos de IA. Cuando esa presión llega a redes que ya iban ajustadas, el sistema tira de lo que tenga más a mano para evitar apagones o tensiones. Y, en Estados Unidos, eso está significando el regreso de un viejo conocido: las plantas “peaker”.
Reuters ha puesto el foco en un efecto colateral que resume bien el dilema: instalaciones fósiles antiguas, pensadas para usarse muy poco, se están volviendo rentables de nuevo porque el mercado paga por estar disponibles en momentos de pico. Es como si una ciudad, ante un atasco permanente, decidiera reabrir un túnel antiguo sin ventilación porque es la forma más rápida de sumar carriles, aunque empeore el aire del barrio. Continúa leyendo «La IA está encendiendo de nuevo las “centrales de emergencia” más sucias de Estados Unidos»