Trabajar en redes sociales se parece cada vez más a conducir con niebla: ves movimiento por todas partes, suenan bocinas (nuevos formatos, cambios de algoritmo, tendencias que duran un suspiro) y, si no miras el cuadro de mandos, acabas girando por instinto. El Estudio Social Media 2026, elaborado a partir de entrevistas y respuestas de alrededor de 150 profesionales y reforzado con un análisis cuantitativo de Metricool sobre 39 millones de publicaciones, propone justo eso: conducir con datos, no con corazonadas.
La fotografía es especialmente útil porque mezcla realidades distintas: pymes, autónomos y grandes empresas, perfiles que van desde dirección de marketing hasta creación de contenido, y una fuerte representación del mercado hispanohablante, con España y México a la cabeza. Esa diversidad ayuda a interpretar las tendencias no como caprichos de un sector concreto, sino como señales de un cambio transversal en la forma en que las marcas piensan su presencia digital.
Dónde se trabaja hoy: plataformas con peso real
Cuando se pregunta por uso profesional, la respuesta es muy poco romántica y muy práctica: las marcas están donde todavía pueden sostener un trabajo constante. Instagram continúa como la gran plaza pública, con un 82,93% de uso profesional, seguida por Facebook y LinkedIn empatadas con un 67,48%. YouTube (47,15%) y TikTok (45,53%) completan el bloque que define el día a día de muchos equipos.
La lectura de fondo no es “hay que estar en todas”. Es más parecida a lo que harías al montar una tienda: eliges la calle con tráfico y el local que te permite operar sin que el alquiler te asfixie. Instagram mezcla comunidad, formatos híbridos y un sistema publicitario eficaz; LinkedIn se ha convertido en un espacio estructural para posicionamiento y demanda; Facebook, cuando se trabaja con foco, sigue dando servicio. El resto de plataformas queda más cerca del laboratorio que del plan de negocio.
Rendimiento: cuando “funciona” depende del objetivo
El uso dice dónde se invierte tiempo; el rendimiento dice si ese tiempo vuelve en forma de resultados. En la encuesta cualitativa, Instagram aparece como la red que “mejor funciona” para un 33,33% de profesionales, mientras LinkedIn sube fuerte con un 25,20%. Facebook se mantiene con un 17,89%, y TikTok queda en 12,20%, por delante de YouTube (9,76%).
Hay un matiz interesante cuando entra el análisis masivo de Metricool: TikTok lidera en impresiones e interacciones por publicación y también destaca en crecimiento de cuentas entre 2024 y 2025, mientras Instagram sostiene un equilibrio más estable entre métricas. Dicho de forma cotidiana: TikTok puede ser una máquina de fuegos artificiales (mucho brillo, mucha atención), e Instagram un sistema eléctrico fiable (menos espectacular, más constante). Para estrategia, esa diferencia importa, porque obliga a decidir si necesitas chispa inmediata, consistencia semanal o una mezcla bien orquestada.
Esa misma lógica explica por qué uno de cada tres profesionales ha cambiado sus redes prioritarias en el último ciclo. No es un volantazo por moda; son ajustes por rendimiento: más peso del vídeo, más LinkedIn en B2B, movimientos entre Meta y TikTok según el embudo, y salidas de plataformas percibidas como inestables.
Formatos: el vídeo corto como infraestructura
Si las redes fueran un idioma, el vídeo corto sería el acento que ya se da por hecho. En uso, Reels y vídeos cortos dominan con un 67,48%, muy cerca de los posts estáticos (64,23%) y con Stories en 45,53%. Los formatos que exigen más preparación —directos, podcasts— quedan minoritarios, y el vídeo largo apenas aparece en la operativa cotidiana.
Cuando se pregunta por el formato que mejor resultado dio en 2025, el paisaje se estrecha todavía más: un 55,28% señala el vídeo corto como ganador claro. En métricas de interacción, el análisis cuantitativo remata la idea: TikTok supera las 1.000 interacciones por publicación, los Reels de Instagram se mueven en centenas, y el carrusel de Instagram sigue sorprendiendo como “caballo de resistencia” para descubrimiento, con cifras muy competitivas en impresiones e interacciones.
Lo relevante aquí no es solo “hacer vídeo”. Es asumir que el vídeo corto está organizando recursos, calendarios y procesos, como cuando en una cocina profesional decides que el plato estrella marcará el ritmo del resto: compras, mise en place, tiempos y equipo. Esa presión operativa explica por qué la mayoría espera que el vídeo corto siga ganando importancia en 2026.
Inteligencia artificial: de herramienta útil a rutina de trabajo
La inteligencia artificial ya no aparece como experimento, sino como parte del flujo. Un 76,42% de profesionales la utiliza en social media, sobre todo para redactar copies, crear imágenes y vídeo, planificar contenido y analizar datos.
Hay un cambio cultural detrás: la IA se usa para quitar fricción, como quien instala un lavavajillas en una casa donde siempre hay gente. No cocina por ti, no decide el menú, no te garantiza una cena memorable, pero te devuelve tiempo y energía para lo que sí define el resultado. En el estudio, las oportunidades más citadas van desde eficiencia y desbloqueo creativo hasta democratización de la producción visual, mejora del análisis y automatización de procesos. También aparece una preocupación muy real: si todo el mundo produce más rápido, el riesgo es llenar el feed de contenido sin intención, lo que muchos ya identifican como “basura” o saturación.
Autenticidad y UGC: el contrapeso humano frente al contenido automático
En paralelo al auge de la IA, crece el valor de lo que suena a “humano”. Entre las tendencias que más interés generan para 2026 destacan la IA, el vídeo y el UGC (contenido generado por usuarios), entendido como testimonios, cercanía y escenas reales.
Tiene sentido: cuando sube la producción automatizada, baja la rareza de lo perfecto. La audiencia empieza a premiar lo reconocible, lo que parece vivido. Es como entrar a un restaurante donde todos los platos parecen de catálogo: agradeces ver una recomendación honesta del camarero, aunque no venga con emplatado de concurso. Para marcas, el mensaje es incómodo y liberador: la confianza suele crecer cuando el contenido deja espacio a la imperfección coherente, a la voz propia y a la evidencia social.
El gran reto de 2026: saturación y caída del engagement
El principal desafío identificado para 2026 es la saturación de contenidos, mencionada por el 52,03% de participantes. El segundo gran reto es el engagement (28,46%), que se vuelve más difícil en un entorno con más publicaciones compitiendo por la misma cantidad de atención.
Los datos cuantitativos acompañan la sensación: aumenta el volumen de publicaciones mientras caen métricas clave, como el alcance de Reels en Instagram (descenso del 35%), las interacciones por vídeo en TikTok (bajada del 32%) o las impresiones en LinkedIn (descenso del 23%). La lectura no es que “las redes estén peor”, sino que el promedio se hunde cuando la competencia sube y la estrategia no afina.
En esa línea, David Tomás, CEO de Cyberclick, resume el punto con claridad: el reto es “aportar valor” cuando todos compiten por la atención, porque diferenciarse deja de ser opcional.
Quién gana relevancia y quién la pierde según el mercado
Cuando se pregunta por relevancia futura, TikTok aparece como la apuesta con mayor crecimiento en 2026 (67,48%), impulsada por su capacidad de descubrimiento y su cultura de formatos. Instagram se mantiene como plataforma estable (12,19%), YouTube asoma por su permanencia y su valor para SEO (11,38%), y LinkedIn crece como territorio B2B (6,50%).
En el lado de la pérdida percibida, Facebook lidera con un 46,34% y X aparece con un 18,70%. La paradoja es interesante: el análisis de Metricool sugiere que, para quienes siguen trabajando Facebook con segmentación y consistencia, la plataforma todavía puede dar resultados. Es la diferencia entre “relevancia” como promesa de futuro y “eficacia” como rendimiento actual.
Qué cambia en la estrategia cuando el vídeo manda y la IA acelera
Este escenario empuja a una forma más madura de planificar social media 2026: menos dispersión, más foco, más medición. Si el vídeo corto es infraestructura, conviene tratarlo como tal: procesos repetibles, guiones que se adaptan, plantillas creativas, una lógica de producción sostenible. Si la IA ya es rutina, su mejor papel no es llenar el calendario, sino ayudar a pensar: detectar patrones, proponer variaciones, ahorrar tiempo en tareas mecánicas, mantener consistencia de tono.
El punto delicado está en el equilibrio. Las redes siguen siendo un motor de notoriedad de marca (60,98%), con engagement y objetivos de negocio muy presentes (captación de leads y ventas directas). Esa convivencia obliga a dejar de discutir “branding vs performance” como si fueran bandos. En la práctica, se parece más a entrenar: necesitas resistencia (presencia y comunidad), velocidad (formatos que ganen alcance) y técnica (métricas, aprendizaje, optimización). Si falta una de las tres, el resto sufre.
