Asus dice adiós a los móviles: una pausa sin fecha de regreso

Publicado el

Pintura expresionista de un hombre pensativo rodeado de móviles y un portátil, simbolizando el impacto de la tecnología en la memoria humana, con un estilo artístico colorido y emocional.

Durante años, Asus ocupó un rincón muy particular del mapa Android: no era la marca con más volumen, pero sí la que se atrevía a fabricar teléfonos para públicos concretos. Esa etapa entra ahora en pausa indefinida. Según declaraciones de su presidente, Jonney Shih, la compañía dejará de lanzar nuevos modelos y, en 2026, no presentará teléfonos. La decisión se comunicó en un evento interno de arranque de año en Taiwán y distintos medios tecnológicos la han dado por confirmada, entre ellos Interesting Engineering, The Verge, 9to5Google y Android Authority, citando fuentes y reportes que apuntan en la misma dirección, con Ars Technica como una de las referencias del comentario atribuido a Shih.

En términos prácticos, esto supone el final de las líneas Zenfone y ROG Phone tal y como se conocían: no es un “hasta luego” con fecha, sino más bien un “dejamos el libro en la estantería y ya veremos si lo volvemos a abrir”.

Por qué una marca de nicho se queda sin oxígeno

La industria del mercado de smartphones se parece cada vez más a una autopista saturada en hora punta. Hay muchísimos coches, casi todos avanzan a velocidades parecidas y cambiar de carril cuesta caro. Para fabricantes pequeños o medianos, competir ya no depende solo de sacar buen hardware; exige músculo en marketing, acuerdos con operadoras, distribución global y, sobre todo, una promesa creíble de soporte de software durante años.

En ese contexto, Asus llevaba tiempo jugando una partida difícil: ofrecer propuestas distintivas sin el volumen de ventas que permite “amortizar” el desarrollo. Shih enmarcó el movimiento como una reasignación de recursos hacia productos impulsados por inteligencia artificial, como robots y gafas inteligentes, priorizando áreas con más proyección de crecimiento. La lectura empresarial es clara: si la categoría no es rentable o no escala, mantenerla por orgullo termina drenando energía a otras apuestas.

Zenfone: de “compacto con sentido” a promesa difícil de sostener

El caso de Zenfone ilustra bien cómo han cambiado las reglas del juego. Durante un tiempo, la serie fue un refugio para quien quería un teléfono más manejable o con una relación calidad-precio razonable. Era ese tipo de móvil que no intentaba impresionar con fuegos artificiales, sino resolver el día a día con dignidad: buena pantalla, buen rendimiento y un tamaño que no obligaba a usar las dos manos.

El problema es que, con el paso de los años, el valor percibido de un teléfono ya no se mide solo por sus componentes. Se mide por cuánto dura “vivo” con actualizaciones. Si un usuario siente que compra un terminal caro que se quedará atrás en pocas versiones de Android, es como comprar un coche con garantía corta en un mundo donde todos los vecinos presumen de revisiones gratis durante más tiempo. Varios reportes recientes señalan que la política de actualizaciones de Asus —con un número limitado de versiones del sistema— quedaba por detrás de los líderes del sector, lo que complicaba recomendar sus modelos frente a alternativas con ciclos de soporte más generosos.

ROG Phone: el sueño del gaming móvil que chocó con el precio y el soporte

La línea ROG Phone era, para muchos, la joya de la corona. Asus hizo aquí lo que mejor se le da: construir un producto extremo para entusiastas. Refrigeración activa, accesorios pensados para jugar, potencia a raudales y detalles que otros abandonaron, como el conector de auriculares en algunos modelos. Era un teléfono que se sentía más “consola de bolsillo” que móvil convencional.

Pero el nicho del gaming móvil se volvió más complicado. Por un lado, los teléfonos “normales” de gama alta se hicieron tan potentes que muchos jugadores prefieren un iPhone o un Samsung Galaxy por su cámara, su ecosistema y su valor de reventa, sin renunciar a un rendimiento excelente en juegos. Por otro, los precios de los móviles gaming se acercaron peligrosamente a los buques insignia tradicionales. En ese rango, cada punto débil pesa más, y el soporte de software vuelve a ser el examen final: si pagas como por un tope de gama, esperas un compromiso de actualizaciones comparable.

Distintos medios han destacado que Asus ofrecía un número limitado de grandes actualizaciones del sistema, con varios años de parches de seguridad, una combinación que puede resultar insuficiente para quien quiere estirar el teléfono cuatro o cinco años. En la práctica, es como comprarte una bicicleta de competición con ruedas premium, pero con mantenimiento oficial asegurado solo un par de temporadas: la máquina es fantástica, la tranquilidad a largo plazo no tanto.

Un mercado que castiga a los pequeños y premia la escala

La salida de Asus encaja con una tendencia más amplia: la fabricación de smartphones se está consolidando. Las marcas con gran escala, sobre todo en Asia, lanzan ciclos muy rápidos, ajustan precios con agresividad y segmentan por regiones con precisión quirúrgica. Para competir ahí, no basta con “ser diferente”; hace falta estar presente en muchos países y sostener un calendario de productos constante.

También ha cambiado el comportamiento del comprador. La renovación anual, que antes parecía una tradición, se ha ido diluyendo. Mucha gente conserva su teléfono más tiempo porque las mejoras de un año a otro son menos visibles. Si el salto ya no se nota como antes, el incentivo para cambiar cae, y con él, el espacio para marcas que dependen de convencer a un grupo pequeño pero fiel cada temporada.

¿Qué pasa con los usuarios actuales de Zenfone y ROG?

Aunque el foco esté en el frenazo de lanzamientos, lo importante para quien ya tiene un dispositivo de Asus es qué ocurrirá con el soporte. Las informaciones publicadas por medios como The Verge y Android Authority apuntan a que la compañía mantendrá la atención a usuarios existentes, al menos en términos de servicio y parches de seguridad dentro de los compromisos ya anunciados para cada modelo. En castellano llano: no significa que tu teléfono se apague mañana, pero sí que el camino hacia nuevos modelos se corta.

Aquí conviene un consejo práctico: revisa la política específica de actualizaciones del modelo que tienes, guarda bien la documentación de garantía y, si estabas pensando en comprar un Asus de los que quedan en stock, valora el precio como si estuvieras comprando un producto “de catálogo final”. Puede ser una gran compra si encaja con lo que buscas y tiene descuento, pero hay que entrar sabiendo que la línea no tendrá continuidad.

La apuesta por la IA: robots y gafas inteligentes como nuevo centro de gravedad

El giro hacia IA y dispositivos “físicos” con inteligencia integrada sugiere que Asus quiere jugar en una categoría donde su experiencia en hardware y diseño industrial puede brillar. Hablar de robots y gafas inteligentes no es solo marketing: es una manera de decir que el teléfono, como objeto central de la vida digital, está dejando de ser el único mando a distancia del mundo.

Una metáfora útil: durante años, el smartphone fue como el mando de la tele, el del aire acondicionado y el de la música, todo junto. La industria tecnológica está intentando repartir esos mandos en nuevos formatos. Las gafas prometen información sin sacar el móvil del bolsillo; los robots y dispositivos inteligentes intentan automatizar tareas de casa y trabajo. Que salga bien o no ya es otra historia, pero se entiende por qué una empresa puede preferir invertir en esa “siguiente habitación” en vez de seguir empujando una puerta cada vez más pesada.

Un cierre que también cambia el tablero para Android

La marcha de Asus reduce un poco más la diversidad en Android, sobre todo en segmentos muy específicos como los móviles gaming con personalidad propia. Para el usuario, menos opciones suele traducirse en un mercado más predecible, con propuestas que se parecen entre sí y menos experimentación. Para la industria, es otra señal de que el smartphone está maduro: quien no tenga escala, soporte prolongado y una narrativa clara de valor, lo tiene cada vez más difícil.