ChatGPT se abre a la publicidad y amplía el acceso: qué cambia con Go y cómo promete OpenAI proteger la confianza

Publicado el

mujer ordenador

OpenAI ha puesto por escrito una idea que lleva tiempo rondando en el sector: si la IA va a convertirse en una herramienta cotidiana, el acceso no puede depender solo de pagar una cuota mensual. En una publicación firmada por Fidji Simo en el blog oficial de OpenAI (16 de enero de 2026), la compañía explica que está preparando pruebas de anuncios en ChatGPT para los niveles Free y ChatGPT Go en Estados Unidos, con el objetivo de reducir límites de uso o evitar que parte de la audiencia tenga que pagar para obtener funciones más capaces.

La lógica se entiende con una metáfora simple: mantener un servicio así es como sostener una biblioteca abierta 24/7 con un bibliotecario que sabe de todo. Puedes financiarlo solo con carnés premium, sí, pero entonces parte de la ciudad se queda fuera. OpenAI quiere sumar un segundo pilar de ingresos —la publicidad— para que esa “biblioteca” aguante más visitantes.

Este movimiento llega acompañado de una ampliación importante: ChatGPT Go, una suscripción de bajo coste que ya se había desplegado en 171 países desde agosto, pasa a estar disponible en Estados Unidos y “en todas partes donde ChatGPT esté disponible”. El precio indicado es de 8 dólares al mes y, según la compañía, incluye acceso ampliado a mensajería, creación de imágenes, subida de archivos y memoria.

Qué es ChatGPT Go y por qué importa en esta estrategia

Si miramos el catálogo de planes como si fuera una gama de billetes de transporte, ChatGPT Go sería el abono económico que te deja viajar más veces sin pagar el “billete completo”. OpenAI lo presenta como un punto intermedio entre lo gratuito y las suscripciones superiores: ofrece más margen para usar funciones que suelen estar limitadas por cuota, como generar imágenes, adjuntar archivos o aprovechar la función de memoria.

El detalle relevante no es solo el precio, sino el papel que juega en el nuevo reparto: OpenAI planea probar anuncios tanto en el nivel Free como en Go. A la vez, afirma que los planes Pro, Business y Enterprise no incluirán publicidad. La lectura es clara: se dibuja una frontera nítida entre experiencias con publicidad y experiencias sin ella, donde pagar se traduce, entre otras cosas, en un espacio más “limpio”.

Dónde aparecerán los anuncios y cómo se diferenciarán de las respuestas

OpenAI insiste en que no está lanzando publicidad de golpe: habla de un test “en las próximas semanas” para adultos con sesión iniciada en Estados Unidos, dentro de los planes Free y Go. El primer formato previsto es bastante contenido: anuncios situados al final de una respuesta cuando exista un producto o servicio patrocinado relevante para la conversación actual.

En términos prácticos, imagina que preguntas por recetas para una cena mexicana y, tras la explicación, aparece una sugerencia patrocinada de una salsa picante. O que estás planificando un viaje y, después de recomendaciones generales, aparece un alojamiento esponsorizado. La promesa es que esos bloques estarán claramente etiquetados y separados del contenido “orgánico”, como una franja distinta en un periódico: no debería confundirse con el artículo.

OpenAI también adelanta controles: el usuario podría ver por qué está viendo ese anuncio y tendría la opción de descartarlo indicando el motivo. Esto apunta a un sistema de retroalimentación para ajustar relevancia y evitar la sensación de “me persiguen por internet”, que es uno de los grandes detonantes de rechazo a la publicidad digital.

La línea roja: privacidad de conversaciones y “las respuestas no se venden”

El núcleo del anuncio no es la publicidad en sí, sino el intento de blindar la confianza. OpenAI reconoce que la gente usa ChatGPT para tareas personales y delicadas, así que plantea condiciones que, si se cumplen, marcarían diferencia frente a plataformas donde el negocio publicitario lo empapa todo.

La compañía afirma tres cosas de alto impacto. La primera: los anuncios no influirán en las respuestas. Dicho de forma cotidiana: si preguntas “qué portátil me conviene”, el modelo no debería recomendarte uno porque alguien pagó, sino porque se ajusta a lo que necesitas. La segunda: las conversaciones se mantienen privadas frente a anunciantes y OpenAI dice que no venderá tus datos a anunciantes. La tercera: habrá elección y control, con la posibilidad de desactivar la personalización y borrar los datos usados para anuncios cuando quieras.

Es como si un médico aceptara patrocinio para financiar una clínica gratuita, pero con un cartel en la puerta que garantizara: “las recetas no las decide el patrocinador, tu historial no se comparte y puedes optar por no recibir mensajes promocionales”. La diferencia entre promesa y realidad estará en la ejecución, pero el marco que OpenAI declara es ambicioso.

Qué temas quedan fuera y qué pasa con menores

OpenAI delimita un perímetro de seguridad que conviene leer con calma. Durante la prueba, asegura que no mostrará anuncios en cuentas donde el usuario diga —o el sistema prediga— que es menor de 18 años. También afirma que los anuncios no serán elegibles cerca de temas sensibles o regulados, citando salud, salud mental o política.

Este último punto es crucial porque son ámbitos donde un patrocinio mal encajado puede ser mucho más que molesto: puede resultar manipulador o directamente peligroso. Si estas exclusiones se mantienen y se aplican con rigor, reducirían el riesgo de que la publicidad interfiera en conversaciones donde la gente busca orientación con más vulnerabilidad.

El incentivo oculto: no optimizar “tiempo en pantalla” dentro de ChatGPT

Entre los principios que OpenAI enumera, hay uno que suena casi a crítica al modelo clásico de redes sociales: declara que no optimizará para maximizar el tiempo que pasas en ChatGPT. Dice priorizar la confianza y la experiencia del usuario por encima de ingresos.

Traducido: en lugar de diseñar la herramienta como un casino que te engancha a base de estímulos, el ideal sería que funcione como un buen dependiente de ferretería: te atiende, te da lo que necesitas, y no intenta retenerte con pasillos infinitos para que compres más. En un producto conversacional, esto importa porque la frontera entre “interacción útil” e “interacción que solo suma minutos” puede ser muy fina.

Consecuencias para usuarios y para pequeñas empresas

OpenAI apunta otra motivación: la publicidad podría ayudar a pequeñas empresas y marcas emergentes a competir. En un entorno donde los gigantes compran visibilidad, la promesa de anuncios “conversacionales” suena a escaparate más inteligente: no solo ves un banner, también podrías preguntar dentro del propio anuncio lo que necesitas para decidir una compra.

Si eso se hace bien, el usuario podría sentirlo como cuando un amigo te recomienda una tienda y tú le haces dos preguntas rápidas antes de ir. Si se hace mal, podría sentirse como el comercial que se cuela en mitad de tu conversación y no se va. El equilibrio dependerá de la claridad del etiquetado, la calidad de la segmentación y la capacidad real del usuario para controlar la personalización.

Para el público, el cambio más tangible será elegir entre pagar para eliminar anuncios o aceptar publicidad para tener más uso. Para OpenAI, el movimiento diversifica ingresos: mantiene fuertes suscripciones Business y Enterprise sin anuncios, mientras abre una vía para sostener el crecimiento de los niveles masivos.

Una apuesta de confianza que se medirá en detalles

Lo relevante de este anuncio no es que ChatGPT vaya a incluir publicidad; eso era un “cuándo”, no un “si”. Lo relevante es el contrato social que OpenAI intenta firmar con sus usuarios: respuestas independientes, conversaciones privadas, control de datos, límites por edad y exclusión de temas sensibles. La empresa dice que aprenderá del feedback y ajustará cómo aparecen los anuncios, sin cambiar su compromiso de “poner al usuario primero”, según su comunicación oficial.

A partir de aquí, la confianza se jugará en microdecisiones: qué cuenta como “relevante”, cómo se explica “por qué ves este anuncio”, qué tan fácil es desactivar la personalización, cómo se audita que las respuestas no se sesgan, y si de verdad se mantiene esa separación nítida entre el consejo útil y el contenido patrocinado. En la práctica, será como poner una máquina de café en una biblioteca: puede mejorar la experiencia si está en el rincón correcto y bien señalizada; puede arruinarla si invade las mesas de lectura.