La vacuna personalizada de Moderna y Merck reduce un 42 % el riesgo de recaída o muerte en melanoma: lo que demuestra el ensayo y lo que todavía no

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Un brote protegido por un escudo representa una vacuna personalizada contra el melanoma.

La vacuna de ARN mensajero personalizada de Moderna y Merck, combinada con la inmunoterapia Keytruda, reduce un 42 % el riesgo de que el melanoma vuelva o de que el paciente muera, frente a Keytruda sola. Es el resultado principal del ensayo de fase 3 INTerpath-001 con 1.137 pacientes, presentado en el congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) que se celebra en Madrid del 23 al 27 de octubre. Lo detallan las dos compañías en su nota oficial y lo cuenta New Atlas.

Conviene precisar el titular que circula estos días: el ensayo todavía no demuestra que la vacuna reduzca las muertes. Mide la supervivencia sin recaída, que cuenta como evento tanto la vuelta del cáncer como el fallecimiento. Los datos de supervivencia global aún no están maduros. Que la noticia sea buena no justifica contarla más grande de lo que es.

¿Qué ha demostrado exactamente el ensayo?

Tras una mediana de seguimiento de 24,6 meses, la combinación redujo el riesgo de recaída o muerte un 42 % (cociente de riesgos de 0,58; intervalo de confianza del 95 %, 0,45-0,75; p<0,001), según la nota de Merck y Moderna. También redujo un 38 % el riesgo de metástasis a distancia o muerte (cociente de 0,62; intervalo de confianza del 95 %, 0,45-0,85).

Traducido a pacientes: a los dos años seguía vivo y sin recaída el 82,2 % de quienes recibieron vacuna y Keytruda, frente al 70 % del grupo que recibió placebo y Keytruda. Sin metástasis a distancia estaba el 88,5 % frente al 80,2 %.

Sobre la supervivencia global, las compañías solo hablan de una «tendencia favorable» y de que el estudio sigue en marcha para evaluarla. Han empezado a hablar con las autoridades reguladoras, y los resultados han sido aceptados para su publicación en The New England Journal of Medicine.

¿Cómo funciona una vacuna hecha para cada paciente?

Se fabrica a partir del tumor de cada persona. El fármaco, llamado intismerán autogén (también V940 o mRNA-4157), parte de una muestra del tumor extirpado y la compara con el ADN normal del paciente para localizar mutaciones exclusivas del cáncer. Con esa información se diseña un ARN mensajero sintético que codifica hasta 34 neoantígenos, las proteínas alteradas que el sistema inmunitario puede reconocer como extrañas.

Una vez inyectado, el organismo produce esas proteínas y entrena a los linfocitos T para atacar las células que las llevan. Keytruda (pembrolizumab) completa el trabajo bloqueando el freno PD-1 que los tumores usan para esquivar al sistema inmunitario, una línea en la que la investigación sigue buscando cómo ampliar el alcance de la inmunoterapia contra el cáncer. La vacuna usa la misma familia de tecnología que se popularizó con las vacunas de la COVID-19, cuya situación en EE. UU. repasamos en el futuro incierto de la medicina basada en ARN mensajero tras la retirada de apoyo en EE. UU.

En el ensayo participaron pacientes con melanoma cutáneo de alto riesgo, en estadios IIB a IV, a los que ya se les había extirpado por completo el tumor. Se repartieron dos a uno: una dosis de 1 mg de vacuna cada tres semanas, hasta nueve dosis, junto con Keytruda cada seis semanas durante aproximadamente un año.

¿Por qué el efecto aparece a partir del sexto mes?

La explicación más plausible es que la vacuna necesita tiempo para entrenar al sistema inmunitario, aunque las compañías solo dan las cifras. Durante los seis primeros meses, la combinación funcionó prácticamente igual que Keytruda sola (cociente de 0,99). A partir de ese momento, en un análisis de sensibilidad previsto de antemano, la reducción del riesgo de recaída o muerte subió al 58 % y la del riesgo de metástasis a distancia o muerte, a la mitad.

Mi lectura es que este es el dato más interesante del ensayo, más que el 42 % global. Encaja con el mecanismo propuesto: primero se completa la pauta de inmunización y después llega el beneficio. Es una forma de coherencia biológica que da más credibilidad al resultado que una cifra aislada.

El trabajo encaja además con lo que la investigación lleva años buscando para evitar que el cáncer reaparezca tras el tratamiento: no destruir el tumor visible, que ya se ha operado, sino las células que quedan escondidas.

¿Qué efectos secundarios tiene?

Los efectos adversos graves fueron casi iguales en los dos grupos: el 14,2 % con la combinación y el 13,4 % con Keytruda sola, contando los de grado 3 a 5 relacionados con el tratamiento. Ojo con cómo se ha contado esto en algunos medios: ese 14,2 % no es la frecuencia de fiebre o cansancio, sino la de efectos de grado alto.

Los efectos leves son mucho más habituales. Según la nota de las compañías, el 52,2 % de quienes recibieron la combinación tuvo fiebre, el 51 % dolor en el punto de inyección y el 38,5 % fatiga. En total, hubo efectos relacionados con el tratamiento en el 95,8 % del grupo de la vacuna y en el 90 % del grupo de control. No se detectaron nuevas señales de seguridad.

¿Cuándo podría llegar a los hospitales?

No hay fecha. Merck y Moderna solo dicen que están en conversaciones con los reguladores. New Atlas cita a expertos consultados por New Scientist que creen que algunos países podrían aprobarla ya en 2027, aunque el calendario es incierto y el coste de fabricación podría complicar el acceso.

Ese es el cuello de botella real. Cada paciente necesita un análisis de su tumor, un diseño, una fabricación y un control de calidad propios. Y conviene recordar que no es una vacuna preventiva para la población general: se da a personas que ya han tenido un melanoma, para reducir la probabilidad de que vuelva. Para reducir el riesgo del primero, la protección solar sigue siendo la herramienta.

El melanoma no es un problema menor. Según la nota de Merck, en 2024 se diagnosticaron más de 338.000 casos en el mundo, y en EE. UU. se esperan unos 112.000 nuevos y más de 8.500 muertes en 2026. La compañía añade que el programa INTerpath ya suma nueve ensayos de fase 2 y 3, tres de ellos de fase 3 en cáncer de pulmón no microcítico.

Mi postura: es probablemente el avance más sólido en el tratamiento complementario del melanoma desde la llegada de la inmunoterapia, y lo es por la calidad del ensayo (fase 3, aleatorizado, doble ciego, con un beneficio que aparece justo cuando el mecanismo dice que debería aparecer). Pero el titular honesto es «menos recaídas», no «menos muertes», hasta que lleguen los datos de supervivencia global. Y el reto que decidirá su impacto no es científico, sino industrial: fabricar un medicamento distinto para cada paciente a un precio que los sistemas públicos de salud puedan pagar.