Flox Intelligence, la IA sueca que ahuyenta a la fauna de aeropuertos y vías de tren, busca 10 millones

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Un zorro se aleja de una carretera al oír una bocina, símbolo del sistema acústico de Flox para proteger infraestructuras.

Flox Intelligence fabrica dispositivos con IA que detectan animales cerca de pistas de aeropuerto, vías de tren o carreteras y los ahuyentan con sonidos adaptados a cada especie, sin dañarlos. La empresa nació en 2020 como spin-off del KTH Real Instituto de Tecnología de Estocolmo, tiene ya su sede en el estado de Nueva York y, según contó a TechCrunch el 13 de octubre, está abriendo una Serie A de 10 millones de dólares (≈ 8,7 millones de euros).

La ronda todavía no está cerrada. Lo que sí hay son unos 150 dispositivos instalados en Norteamérica, Europa y Australia, y un problema con un coste muy concreto.

¿Cómo funciona el dispositivo Edge?

Es una unidad autónoma, alimentada por batería, que procesa todo en el propio aparato y no en la nube. Se instala en postes, árboles u otras estructuras. Según TechCrunch, un sensor de movimiento despierta una cámara; modelos de IA que se ejecutan en el dispositivo identifican al animal, y el aparato reproduce un sonido apropiado para esa especie para alejarlo.

La clave está en que el sistema varía sus respuestas para que los animales no se acostumbren, que es el gran fallo de los espantapájaros acústicos clásicos. «Estaba convencida de que la respuesta no era un disuasorio más ruidoso», explicó a TechCrunch su cofundadora y consejera delegada, Sara Nozkova, que antes pasó 13 años en el sector del transporte y los vehículos autónomos.

Flox vende además una plataforma de software que muestra dónde están los dispositivos y qué detectan, y genera informes de cumplimiento normativo y de seguimiento de biodiversidad. Según la empresa, Edge ha registrado más de 60.000 eventos de fauna de 27 especies, una cifra que recoge Pulse 2.0 y que no ha sido auditada de forma independiente.

¿Por qué los aeropuertos son su mejor cliente potencial?

Porque el problema está medido y es caro. El último informe de la FAA sobre impactos con fauna, publicado en agosto de 2026, contabiliza 24.447 impactos notificados en la aviación civil estadounidense en 2025, un 9,3 % más que el año anterior. El 94,4 % fueron con aves.

El mismo informe estima para 2025 unas 74.372 horas de aviones parados y 391 millones de dólares en pérdidas, aunque advierte de que esas cifras pueden estar en la parte alta por cómo se notifican los costes. TechCrunch, citando a la FAA, da una media de unos 272 millones de dólares al año entre 1990 y 2025.

Flox ya tiene presencia en el sector. Entre sus clientes y socios figuran el aeropuerto internacional Gerald R. Ford y el Departamento de Agricultura de EE. UU., según Pulse 2.0. Antes, la empresa probó drones autónomos para despejar fauna en aeropuertos suecos (Malmö, Kiruna y Umeå) y preparó una demostración en un aeródromo del condado de San Mateo, en California, según el programa sueco Future Mobility.

Más allá de las pistas

El aeropuerto no es su único mercado. Los dispositivos también están en corredores de carretera y ferrocarril, parques nacionales, explotaciones agrícolas, minas y subestaciones eléctricas. Con Alstom tiene un acuerdo de tipo OEM: el fabricante paga una cuota anual por integrar el software de Flox en sus vehículos. Nozkova habla de una «IA física» que sale de la fábrica al exterior y sostiene que esas máquinas necesitarán una capa de «inteligencia de la naturaleza» que «casi nadie está construyendo».

Cuánto dinero ha levantado y cuánto factura

Unos 5 millones de dólares (≈ 4,4 millones de euros) entre presemilla y semilla, según TechCrunch. La secuencia, reconstruida con varias fuentes, es esta:

  • Verano de 2025: ronda semilla de casi 1 millón de dólares, liderada por Unconventional Ventures, con Norrsken Accelerate, según Tech.eu.
  • Febrero de 2026: ampliación Seed+ de 3 millones de dólares (≈ 2,6 millones de euros), liderada por Tilia Impact Ventures, con Satgana, GENIUS NY y J.O.S.S., según Pulse 2.0.
  • Mayo de 2026: gana el premio de 1 millón de dólares del acelerador GENIUS NY, que obliga a operar en el centro del estado de Nueva York durante al menos un año. Según CenterState CEO, Nozkova anunció que Syracuse sería su sede global; la I+D sigue en Estocolmo, según Techleap.
  • Octubre de 2026: abre la Serie A de 10 millones para pasar de 150 dispositivos a «varios miles».

Su modelo combina la venta inicial del hardware con una suscripción anual al software y la IA a partir del segundo año. Flox prevé cerrar 2026 con unos 1,5 millones de dólares de ingresos (≈ 1,3 millones de euros), según dijo a TechCrunch. La empresa es una de las finalistas de la competición Startup Battlefield 200 de TechCrunch Disrupt, que se celebra del 13 al 15 de octubre en San Francisco.

¿Qué la diferencia de la competencia?

No está sola. TechCrunch cita a Robin Radar, cuyo sistema Scarecrow emite llamadas de alarma específicas para cada especie de ave, y a iCHASE, que usa visión artificial y un láser móvil. Frente a ellos, Flox se presenta como un sistema para varias especies, mamíferos incluidos, pensado para lugares remotos con poca conectividad y que aprende de la experiencia para variar sus respuestas. Nozkova lo resume como «la verdad sobre el terreno de qué hace que un alce o un oso pardo se mueva de forma segura».

Mi lectura es que Flox tiene algo que muchas startups de IA no tienen: un problema caro, cuantificado por un regulador y con clientes que ya pagan por soluciones peores. Lo discutible está en la escala. Pasar de 150 a varios miles de dispositivos en entornos tan distintos como una pista de aterrizaje, una vía de tren o una mina es un reto de hardware, no solo de modelos, y las cifras de eficacia que maneja son todavía de la propia empresa.

Sería interesante ver datos independientes de algún aeropuerto: cuántos impactos había antes de instalar Edge y cuántos después. Hasta que lleguen, la apuesta tiene sentido, pero es eso, una apuesta. Para situarla en contexto, en wwwhatsnew hemos repasado otros usos de la IA en el campo, como la agricultura de precisión con sensores, drones e IA, y proyectos de conservación como la apuesta de Google por proteger la naturaleza con IA y su modelo SpeciesNet.