En Broken Bow, Nebraska, acaban de poner la primera piedra de algo que hace dos décadas hubiera parecido un ejercicio de marketing ecológico: transformar el estiércol de un feedlot de ganado bovino en gas natural renovable de calidad suficiente para inyectarse directamente en la red de distribución. Ameresco y su subsidiaria Neogenyx Fuels celebraron la ceremonia de inicio de obras el 26 de agosto de 2026 en las instalaciones de Adams Land & Cattle, uno de los principales corrales de cebo del Midwest americano. Lo informa hoy Interesting Engineering. El proyecto de la planta, cuando entre en operación, utilizará ocho digestores anaerobios para procesar el estiércol del feedlot y producirá más de 4.400 pies cúbicos estándar por minuto (SCFM) de biogás, que se purificará hasta alcanzar calidad de red. La producción anual proyectada: 1,2 millones de MMBtu. La reducción de emisiones estimada: 63.700 toneladas métricas de CO₂ al año, el equivalente al carbono secuestrado por aproximadamente 63.800 acres de bosque en Estados Unidos, según los cálculos de Ameresco.
El proceso central —la digestión anaerobia— no es tecnología nueva. Los microorganismos en ausencia de oxígeno han estado descomponiendo materia orgánica para producir metano desde mucho antes de que tuviéramos reactores para capturarlo. Lo que ha cambiado en los últimos años es la economía: la combinación de créditos fiscales del Inflation Reduction Act, los mercados de certificados RNG (Renewable Natural Gas) y el aumento del precio del CO₂ en los sistemas de comercio de emisiones han hecho que proyectos de esta escala sean financieramente autosostenibles sin necesitar subsidios directos. Eso es lo que ha desencadenado el ciclo actual de construcción de plantas agrícolas de biogás en el Midwest.
¿Qué ocurre con el estiércol después del proceso?
La digestión anaerobia no solo produce biogás —deja también subproductos sólidos y líquidos que tienen valor por sí mismos. En este caso, los digestatos se reutilizan en el propio feedlot: la fracción sólida como cama para el ganado, que en corrales de este tipo es un insumo relevante y costoso; la fracción líquida como fertilizante para la agricultura local. Abram Babcock, CEO de Adams Land & Cattle, lo describe sin rodeos: «Estamos convirtiendo un recurso que siempre hemos gestionado en gas natural de calidad de red, mientras creamos un fertilizante más consistente para los agricultores locales.»
Esta economía circular —un residuo se convierte en energía, y los subproductos de esa transformación regresan como insumos agrícolas— es precisamente lo que hace que el proyecto sea técnicamente distinto de una planta de generación eléctrica convencional. No hay vertido; hay un ciclo.
El mercado marítimo como destino inesperado
Michael Bakas, CEO de Neogenyx Fuels, incluye en la nota de prensa una mención que llama la atención: el RNG producido en Nebraska podría servir como materia prima para bio-LNG para mercados marítimos globales. No hay un acuerdo de suministro confirmado, pero la mención no es casual. El sector de la navegación marítima lleva años buscando combustibles de bajas emisiones con la urgencia que marcan los objetivos de descarbonización de la IMO para 2030 y 2050. La alianza de Ammobia y Lummus para producir amoníaco verde más barato apuntando a los 441 barcos que ya esperan combustible sin carbono es otra señal del mismo fenómeno: la demanda de combustibles marítimos verdes es real y estructural, y está generando proyectos de producción en localizaciones que hace cinco años nadie hubiera asociado con el transporte marítimo global.
Las nuevas tecnologías de energía renovable están conectando sectores que antes no tenían ninguna relación: un feedlot de Nebraska puede convertirse en proveedor de combustible para barcos en Asia a través de una cadena de valor que hace 10 años no existía. Eso es lo que está pasando con el biogás agrícola cuando la economía de carbono lo hace viable.
El gobernador de Nebraska, Jim Pillen, y el senador federal Pete Ricketts estuvieron presentes en la ceremonia de inicio, lo que dice algo sobre el peso político del proyecto en un estado donde la ganadería no es un sector secundario. No hay fecha de puesta en marcha confirmada —el anuncio habla de «inicio de construcción» y las cifras de reducción de emisiones se proyectan «una vez que la instalación esté en operación». Proyectos de digestión anaerobia de esta escala tienen ciclos de construcción de 12 a 24 meses típicamente.
La presión de los centros de datos de IA sobre la red energética de EEUU —Amazon, Meta y Microsoft construyendo plantas de gas natural propias para garantizar suministro— paradójicamente está elevando el precio del RNG en el mercado de créditos, lo que mejora la rentabilidad de proyectos como este. En un mercado donde la demanda de energía crece más rápido que la capacidad de generación renovable, el biogás agrícola tiene una ventaja que no tenía antes: hay comprador para todo lo que produzca, y a mejores precios.
El proyecto de Nebraska es también un caso de cómo el biogás agrícola ha dejado de ser una tecnología de nicho para pequeñas explotaciones y se ha convertido en infraestructura energética viable a escala industrial. Con 1,2 millones de MMBtu anuales de capacidad, la planta puede abastecer a decenas de miles de hogares con gas de red. La diferencia con las primeras instalaciones de digestión anaerobia en España y Europa de hace 15 años —que producían cientos de metros cúbicos diarios— es de varios órdenes de magnitud. La escala importa: los costes de procesamiento y conexión a red se distribuyen mejor, los contratos de suministro son más atractivos para los compradores, y la credibilidad del sector como alternativa real al gas fósil se consolida con cada proyecto de esta envergadura que entra en operación. En wwwhatsnew.com hemos comprobado que los proyectos de biogás agrícola a escala industrial que consiguen contratos de suministro a largo plazo tienen tasas de finalización mucho más altas que los proyectos piloto de la década anterior. El modelo Nebraska —feedlot integrado verticalmente con la infraestructura de biogás, sin depender de subvenciones directas para la viabilidad operativa— puede ser la referencia que el sector necesitaba.
