Investigadores de la Universidad de Texas en Austin y Stanford han confirmado que una constelación de satélites militares rusos en órbita alta ha estado perturbando las señales GPS en Europa en al menos 75 ocasiones desde 2019. Cada interferencia duró menos de 10 segundos. Cubrió áreas desde España hasta Canadá. Y ocurrió sistemáticamente los martes, miércoles y jueves en horario de trabajo, lo que sugiere que era parte de una operación programada, no un accidente técnico. Lo reporta Passant Rabie en Gizmodo hoy, 10 de junio.
¿Cómo funciona una interferencia GPS desde el espacio?
La interferencia de GPS terrestre es bien conocida: Kaliningrado, el enclave ruso en el Báltico, tiene instalaciones de jamming documentadas que afectan a zonas del norte y centro de Europa. Las interferencias desde el espacio son otra categoría. Para que una perturbación simultánea afecte desde España hasta Canadá (un área de miles de kilómetros), la fuente tiene que estar en órbita. Un transmisor en tierra no puede cubrir esa superficie de forma simultánea.
El equipo de Todd Humphreys, que dirige el Laboratorio de Radionavegación de UT Austin, construyó un sistema de monitorización basado en datos de 165 estaciones de referencia que miden continuamente la calidad de la señal GPS. Las perturbaciones identificadas mostraban una caída simultánea en la relación portadora-ruido de más de 5 dB, en un slice estrecho de frecuencias centrado en 1.577,5 MHz: exactamente la banda L1 que usan el GPS americano y el Galileo europeo.
El resultado del análisis: tres satélites de la constelación rusa EKS (Edinaya Kosmicheskaya Sistema, sistema unificado de alerta espacial) en órbitas Molniya —trayectorias elípticas de alta excentricidad que permiten permanecer sobre Rusia y Europa del Norte durante períodos prolongados— son la fuente de las interferencias. El primer satélite EKS se lanzó en octubre de 2019. El primer evento de interferencia documentado ocurrió ese mismo mes.
¿Por qué son relevantes las órbitas Molniya para esta historia?
Las órbitas Molniya son peculiares: muy elípticas, con un apogeo de unos 40.000 km sobre el hemisferio norte y un perigeo de unos 1.000 km. Un satélite en esta órbita pasa la mayor parte de su tiempo sobre Rusia y las regiones árticas, exactamente la geometría que quieres si eres un sistema de alerta temprana diseñado para detectar misiles lanzados desde el hemisferio norte.
La misión oficial de los satélites EKS es detectar lanzamientos de misiles y explosiones nucleares. Su función declarada no tiene nada que ver con la interferencia de GPS. Pero el trabajo de Humphreys y sus colegas —Zach Clements (UT Austin) y Argyris Kriezis (Stanford)— demuestra que las señales emitidas por estos satélites caen en la banda de GPS y degradan la señal hasta 10 dB. Si es intencional o un efecto secundario de sus transmisiones de alerta temprana es lo que Rusia no confirma ni desmiente. La embajada rusa en Washington respondió con «sin comentarios».
Un detalle que hace improbable el accidente: las mismas interferencias afectan al sistema chino BeiDou de forma casi idéntica desde junio de 2020, según el mismo equipo. GPS, Galileo y BeiDou degradados; GLONASS, el sistema ruso, intacto. La validación taiwanesa de drones sin GPS para resistir el jamming publicada esta semana cobra un significado distinto en este contexto: los países con mayor exposición al jamming ya están desarrollando navegación alternativa.
¿Qué consecuencias tiene esto para la aviación, los barcos y las ciudades?
Las interferencias de menos de 10 segundos son imperceptibles en la mayoría de los usos civiles del GPS: un teléfono recalcula la posición en milisegundos, un coche navegando pierde brevemente la señal y la recupera. El problema es diferente para sistemas que dependen de GPS de precisión centimétrica en tiempo real: aterrizajes de precisión en aviación, sistemas de posicionamiento de barcos en zonas concurridas, sincronización de redes eléctricas y telecomunicaciones.
Los investigadores advierten que la potencia de transmisión de los satélites EKS es suficiente, con un ajuste menor de frecuencia, para bloquear el GPS en áreas continentales completas si Rusia lo decidiera. La diferencia entre lo documentado hasta ahora y un corte total es esencialmente de intensidad y duración. La FCC modernizó en mayo las reglas del espectro satelital precisamente para gestionar el creciente tráfico en órbita, pero esas reglas no tienen mecanismo para gestionar interferencias militares deliberadas de estados soberanos.
Llevo siguiendo la geopolítica espacial desde que SpaceX lanzó sus primeros satélites Starlink, y lo que este hallazgo cambia es la percepción del espacio como dominio neutral. No lo es. Rusia tiene capacidad demostrada de degradar la navegación del GPS en todo el hemisferio norte. Eso tiene consecuencias directas para la doctrina militar de la OTAN.
Mi valoración
Lo que más me convence del estudio es la robustez metodológica. 165 estaciones de referencia, siete años de datos, correlación espacial y temporal con las órbitas de satélites concretos identificados. No es especulación; es ciencia de datos aplicada a un problema de seguridad nacional.
Lo que más me preocupa es la respuesta institucional. El New York Times publicó los hallazgos la semana pasada. La OTAN y los gobiernos europeos no han emitido ninguna declaración oficial. La asimetría entre la certeza científica y el silencio político es desconcertante, aunque quizá esperada en un contexto de tensión diplomática con Rusia.
Lo más estructuralmente significativo es lo que implica para el futuro de la guerra electrónica. Si los satélites de alerta temprana pueden interferir el GPS como función secundaria de su misión principal, el umbral para una acción de denegación de GPS a escala continental es sorprendentemente bajo. Starlink está reduciendo la altitud de miles de satélites para mejorar la seguridad operativa en parte por razones de congestión, pero el dominio de la órbita baja tiene ahora una dimensión estratégica adicional.
La pregunta a 12 meses no es si Rusia continuará con estas interferencias, sino si la OTAN responderá con algún tipo de capacidad de navegación de respaldo para sus miembros. Mi predicción: el programa Galileo de la UE acelerará sus planes de independencia del GPS americano usando exactamente este argumento.
Preguntas frecuentes
¿Puedo notar estas interferencias GPS en mi teléfono?
Probablemente no. Cada evento duró menos de 10 segundos y afecta a la señal de forma que un smartphone recalcula automáticamente. Los dispositivos de consumo cuentan con múltiples satélites y sistemas de corrección que compensan pérdidas breves. Los sistemas de precisión profesional (aviación, agrimensura, barcos de carga) son los que más riesgo tienen en caso de interferencias más largas o intensas.
¿Son intencionales estas interferencias o son accidentales?
Los investigadores no han podido confirmar la intencionalidad. Lo que sí pueden demostrar es que las interferencias se producen en horario laboral (martes a jueves), con frecuencias coincidentes con la banda GPS/Galileo/BeiDou, y que el sistema ruso GLONASS no se ve afectado. La pauta temporal y la selectividad de la frecuencia hacen que el accidente técnico sea una explicación difícil de sostener.
¿Por qué afecta a GPS y Galileo pero no a GLONASS?
GPS americano, Galileo europeo y BeiDou chino operan en frecuencias específicas de la banda L. GLONASS ruso usa un esquema de frecuencias ligeramente diferente. Si la interferencia afecta a los tres primeros y respeta el cuarto, sugiere que la señal está calibrada para no degradar el sistema de navegación propio. Un fallo técnico no tendría esa selectividad.
