Anthropic se valora en 380.000 millones tras captar 30.000 millones: lo que dice esta cifra sobre la fiebre de la IA

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Crecimiento etéreo: ilustración surrealista del valor y talento en la inteligencia artificial

La start-up Anthropic ha cerrado una nueva ronda de financiación que la sitúa en una valoración de 380.000 millones de dólares, según ha informado The New York Times. La cifra llama la atención por dos motivos: por el tamaño del cheque —30.000 millones— y porque supone más que duplicar la valoración de su ronda anterior, cerrada en septiembre, cuando se hablaba de 183.000 millones. En el lenguaje de las startups, esto equivale a pasar en pocos meses de “empresa muy grande” a “peso pesado del mercado”, algo que normalmente se ve en ciclos más largos.

Para aterrizarlo con una metáfora cotidiana: es como si una cafetería de barrio que ya funciona bien levantara capital para abrir de golpe decenas de locales, comprar tostadores propios, asegurar el suministro de café durante años y, de paso, pagar por adelantado las máquinas más caras del mercado. La escala es comparable. En inteligencia artificial, el “local” no es una tienda física, sino infraestructura, datos, talento y, sobre todo, capacidad de cómputo.

Quién pone el dinero y por qué importa tanto el “quién”

La operación ha estado liderada por GIC, el fondo soberano de Singapur, y por Coatue, una firma de capital riesgo con peso en Silicon Valley, de acuerdo con The New York Times. Junto a ellos aparecen nombres que ayudan a entender la estrategia de Anthropic: Nvidia y Microsoft figuran como inversores, lo que encaja con el papel central que juega el hardware y el ecosistema de nube en esta carrera. También se citan MGX, una firma centrada en IA creada por Emiratos Árabes Unidos, y QIA, el fondo soberano de Catar, que ya había invertido previamente.

En el sector, el perfil del inversor no es un detalle de color: es parte del producto. Cuando entra un fondo soberano, suele estar comprando exposición a una tecnología que percibe como estratégica a largo plazo. Cuando entra un actor como Nvidia, el mensaje implícito es que la demanda de computación (y de chips) seguirá creciendo. Cuando aparece Microsoft, se refuerza la idea de alianzas industriales, integración con plataformas y acceso a clientes empresariales. La financiación, en suma, no solo aporta dinero: puede traer “carreteras” para que el producto circule.

El coste real de crear modelos: por qué la IA quema capital

Desarrollar chatbots y modelos de IA generativa no se parece a lanzar una app ligera que se puede mantener con un equipo pequeño. Entrenar y operar modelos punteros exige centros de datos, electricidad, redes, almacenamiento, seguridad y equipos muy especializados. Si una startup tradicional es como montar un taller con buenas herramientas, una compañía de modelos avanzados se acerca más a levantar una fábrica y pagar la materia prima por toneladas.

Por eso la conversación sobre una posible burbuja de la IA vuelve una y otra vez. The New York Times recoge que el frenesí inversor ha reactivado dudas sobre la viabilidad económica de muchos negocios de IA. La pregunta de fondo es sencilla: ¿cuánto tardan estas empresas en convertir su potencia tecnológica en ingresos recurrentes capaces de sostener el gasto? Para el usuario final, un chatbot es una pestaña del navegador. Para quien lo construye, es un sistema que consume recursos cada vez que alguien escribe “¿me lo puedes explicar?”.

Claude, OpenAI y la carrera por dominar el mercado

Anthropic es conocida por Claude, su chatbot, y se mueve en el carril rápido donde también circula OpenAI. La rivalidad no es solo técnica; es financiera, comercial y geopolítica. Según The New York Times, OpenAI estaría en conversaciones para una ronda que podría valorarla en torno a 750.000 millones de dólares, con una valoración actual señalada de 500.000 millones. En paralelo, se menciona que ambas compañías contemplan una salida a bolsa en los próximos años; en el caso de Anthropic, la especulación apunta a un horizonte de 12 a 18 meses.

La lógica es clara: cuando el gasto para competir es tan alto, la salida a bolsa aparece como una vía para acceder a más capital y dar liquidez a inversores iniciales. Aun así, cotizar implica escrutinio público, métricas trimestrales y una presión distinta, algo delicado en un negocio donde la inversión en investigación no siempre se traduce en resultados inmediatos.

También hay un matiz importante: los grandes actores tecnológicos ya no son simples “clientes” de estos modelos, sino socios o inversores. Ese cruce de intereses puede acelerar la adopción, pero también hace que el tablero se parezca a una partida donde algunos jugadores son, a la vez, árbitros, patrocinadores y contrincantes.

Los fondos soberanos entran en escena: capital con agenda estratégica

Que varios fondos soberanos estén presentes no es casual. La IA se está tratando como infraestructura crítica, comparable a redes eléctricas o telecomunicaciones, por su impacto en productividad, defensa, educación y competitividad industrial. Cuando un país invierte a través de su fondo soberano, suele buscar exposición financiera, pero también aprendizaje, posicionamiento y capacidad de influencia.

The New York Times apunta que OpenAI también explora levantar dinero de fondos soberanos y menciona viajes de Sam Altman a Oriente Medio para mantener conversaciones con varios de ellos. No es solo “buscar dinero donde lo hay”; es reconocer que la IA se ha convertido en un asunto de estrategia nacional para muchos estados, que quieren asegurar acceso a tecnología y participar del retorno económico.

Un origen marcado por la seguridad: la identidad de Anthropic

Anthropic fue fundada en 2021 por Dario Amodei y Daniela Amodei, tras salir de OpenAI por desacuerdos relacionados con cómo se financiaban y se publicaban tecnologías a través de Microsoft, según relata The New York Times. Desde el inicio, la compañía se ha presentado como una apuesta por construir IA con guardarraíles de seguridad, y se organizó como public benefit corporation, una figura orientada a equilibrar objetivos comerciales con un propósito público y social.

En términos sencillos: es como diseñar un coche muy potente con un sistema de frenos y ayudas a la conducción especialmente cuidadas. No elimina el riesgo de conducción, pero intenta reducirlo de forma deliberada. En IA, esos “frenos” suelen traducirse en políticas de uso, evaluación de riesgos, técnicas para reducir respuestas dañinas y procesos internos de revisión.

Este enfoque ha sido parte de su narrativa frente a clientes y reguladores, justo cuando crece el debate sobre sesgos, privacidad, propiedad intelectual y usos indebidos. En ese contexto, The New York Times incluye un recordatorio relevante: el propio periódico mantiene una demanda contra OpenAI y Microsoft por presunta infracción de copyright relacionada con contenidos periodísticos, algo que ambas empresas niegan. El detalle refleja que el sector avanza rápido, mientras el marco legal y social intenta ponerse al día.

Amazon, Google, Microsoft y Nvidia: alianzas que dibujan el mapa

Anthropic no llega a esta ronda desde cero. Según The New York Times, desde su fundación ha recaudado más de 57.000 millones de dólares, con participación de firmas de capital riesgo como Menlo Ventures y Lightspeed, y de gigantes tecnológicos como Amazon y Google. Se recuerda, por ejemplo, que en 2024 Amazon aportó 8.000 millones, y que Google habría invertido en torno a 3.000 millones, con aproximadamente un 14% de la compañía citado a partir de documentos judiciales.

También se menciona que, a finales del año, Microsoft y Nvidia dijeron que invertirían alrededor de 15.000 millones en Anthropic, cantidad incluida en la ronda actual. Esta mezcla de inversores sugiere un equilibrio delicado: Anthropic necesita recursos y socios para competir; al mismo tiempo, mantener independencia y capacidad de decisión es clave para su identidad, sobre todo si se plantea una salida a bolsa.

El gran interrogante que queda flotando es qué significa “ganar” en esta carrera. Para algunas compañías será dominar el consumidor final con un asistente omnipresente. Para otras, ser el motor invisible que impulsa herramientas empresariales, atención al cliente, programación, análisis y creación de contenido. Con una valoración de este tamaño, el mercado está apostando a que la IA no será un “extra” en la economía digital, sino un componente estructural.