En plena conversación global sobre el futuro de la tecnología, Google DeepMind quiso mandar un mensaje tranquilizador: Gemini no tiene planes inmediatos de incorporar anuncios. La afirmación llegó durante el World Economic Forum en Davos, en una charla con el periodista Alex Heath, y la pronunció Demis Hassabis, máximo responsable de la división de IA de Google. El matiz “por ahora” es importante, porque en tecnología pocas cosas son promesas para siempre, pero el gesto marca una diferencia clara respecto a lo que está empezando a ocurrir al otro lado del ring.
El contexto no podía ser más oportuno: apenas una semana antes, OpenAI había reconocido que empezará a probar publicidad en ChatGPT. La noticia tocó un nervio sensible porque, hasta hace relativamente poco, la idea de ver anuncios dentro de un asistente conversacional sonaba a algo lejano, casi como imaginar una conversación con un amigo que, de repente, te recomienda un detergente a mitad de frase. La IA, que se vende como herramienta “neutral” y útil, se enfrenta a la tensión de siempre: alguien tiene que pagar la cuenta.
De “último recurso” a plan de negocio
En 2024, Sam Altman llegó a calificar los anuncios como un “último recurso” para su compañía. Ese tipo de frases suelen envejecer rápido cuando el crecimiento se acelera y los costes también. Mantener y entrenar modelos, operar centros de datos y escalar un servicio global como ChatGPT no se parece a sostener una app pequeña con un par de servidores. Es más bien como abrir un restaurante que siempre está lleno: cuanto más éxito tienes, más personal, ingredientes y cocina necesitas.
Si a eso se suma la transición de OpenAI hacia una estructura más orientada al beneficio, la presión por encontrar fuentes de ingresos estables se vuelve inevitable. Las suscripciones ayudan, los acuerdos empresariales también, pero la publicidad sigue siendo uno de los mecanismos más probados para monetizar productos digitales masivos. No es que sea la opción más elegante; es, sencillamente, una que funciona cuando tienes una audiencia gigantesca.
Google puede esperar porque ya gana dinero en otros frentes
Aquí es donde la posición de Google cambia las reglas del juego. Su negocio publicitario no depende de que Gemini tenga anuncios mañana. Google ya tiene autopistas consolidadas por las que circula la mayor parte de su economía: Search y YouTube. Dicho de forma cotidiana, si tu casa ya tiene una calefacción central potente, no necesitas comprar un calefactor portátil para cada habitación de inmediato. Puedes permitirte experimentar, iterar y priorizar el crecimiento de usuarios sin exigirle rentabilidad inmediata a cada nuevo producto.
En ese sentido, mantener Gemini sin anuncios puede ser una táctica para ganar confianza y cuota de mercado. Cuando una tecnología aún está construyendo hábitos, meter publicidad demasiado pronto es como colocar un torno de pago en la puerta de un parque recién inaugurado: te arriesgas a que la gente se dé la vuelta antes de entrar. Y en IA, el hábito lo es todo. Quien se convierte en el asistente “por defecto” se queda con la rutina diaria de millones de personas.
¿Anuncios en un chatbot? No es solo “un banner”
Hablar de publicidad en un asistente conversacional no es lo mismo que hablar de anuncios en una web o en un vídeo. Aquí la interfaz es una conversación, y eso cambia la psicología del usuario. Un anuncio clásico se puede ignorar con la vista o saltar; en un chat, la publicidad puede sentirse más invasiva si aparece integrada en la respuesta, sugerida como recomendación “natural” o colocada en un momento delicado.
También está la cuestión de la confianza. Un usuario pregunta “¿qué portátil debería comprar?” y espera criterios: precio, autonomía, rendimiento. Si sabe que hay anuncios de por medio, aparece la sospecha: “¿me lo recomienda porque es lo mejor para mí o porque alguien pagó por salir?”. Ese tipo de dudas no destruye un producto de golpe, pero erosiona la relación, como cuando descubres que una reseña supuestamente espontánea era patrocinada.
Por eso, cuando Google recalca que Gemini seguirá sin anuncios “de momento”, no solo está hablando de monetización; está hablando de percepción. En IA, la sensación de imparcialidad es parte del valor.
Gemini suma victorias: viralidad, iPhone y Siri
En paralelo a este debate, la narrativa de mercado se está moviendo. Según lo contado por Lifehacker, Google ha encadenado éxitos recientes que alimentan la idea de que Gemini está ganando impulso. Uno de ellos fue la popularidad en redes de un modelo de edición de imagen apodado Nano Banana, que se volvió viral y acercó la IA a un público más generalista. Cuando algo se hace viral, ocurre un fenómeno simple: personas que nunca habrían instalado una app “de IA” terminan probándola por curiosidad, igual que pasa con un filtro de fotos o un juego casual.
El otro movimiento, mucho más estratégico, es el acuerdo para integrar la IA de Google en el ecosistema de Apple. Si Gemini pasa a formar parte de la experiencia del iPhone y llega a influir en el funcionamiento de Siri, el acceso a usuarios se multiplica. No hace falta que la gente “elija” usar IA; la IA llega ya incorporada, como la cámara del móvil. Esa es la ventaja de las integraciones: convierten lo opcional en cotidiano.
ChatGPT: liderazgo con señales de desgaste
Del lado de ChatGPT, el panorama sigue siendo fuerte en términos de notoriedad y base de usuarios, pero aparecen señales interesantes. Lifehacker menciona un descenso aproximado del 6% en usuarios tras una actualización de Gemini, y eso habría ocurrido incluso antes de la llegada de anuncios. Aunque el liderazgo global de ChatGPT no desaparece por un bache, estos movimientos importan porque muestran que el mercado no está congelado. La gente compara, prueba, cambia.
Y si la publicidad en ChatGPT entra en escena, la pregunta es obvia: ¿será un precio aceptable para una herramienta que muchos usan a diario o será un empujón para explorar alternativas? La respuesta dependerá de cómo se implementen esos anuncios, de si se sienten “separados” y transparentes o si se confunden con recomendaciones.
Dos estrategias que parecen opuestas: exprimir o expandir
La diferencia de enfoque se entiende con un ejemplo sencillo. OpenAI parece más cerca de la lógica de “monetizar lo que ya tengo”: convertir la enorme atención de ChatGPT en ingresos sostenibles, con suscripciones, acuerdos y ahora con anuncios. Google, en cambio, puede apostar por “expandirme donde ya estás”: integrarse en productos y flujos de trabajo existentes, desde resultados de búsqueda hasta servicios del móvil.
Ese segundo camino tiene algo de “piloto automático”. Mucha gente no se despierta pensando “voy a usar IA hoy”, pero se encuentra con una respuesta generada en una vista general de Google o con una sugerencia inteligente en una app. La adopción ocurre sin ceremonia, como cuando te acostumbras a pagar con el móvil porque un día lo probaste y funcionó.
Lo que viene: promesas prudentes y un “nunca digas nunca”
Que Gemini no tenga anuncios hoy no significa que no los tenga mañana. La propia industria demuestra que, cuando un producto se convierte en infraestructura, la presión por monetizar sube. Lo relevante es el calendario y la intención: Google puede permitirse esperar; OpenAI parece necesitar moverse antes.
En el corto plazo, la ausencia de anuncios en Gemini funciona como mensaje competitivo: “puedes usarlo sin interferencias”. En el medio plazo, la gran batalla será quién se convierte en el asistente predeterminado en el móvil, en el navegador y en las tareas diarias. En el largo plazo, la discusión será qué modelo de negocio acepta mejor el usuario sin sentir que la conversación se convirtió en escaparate.
