El primer subdirector ejecutivo de Sberbank, Alexander Vedyakhin, ha trazado una comparación que puede parecer exagerada a primera vista, pero que refleja la intensidad del momento tecnológico global: la inteligencia artificial es el nuevo poder nuclear. En su visión, expresada durante el evento AI Journey celebrado en Rusia, los países que desarrollen sus propios modelos de lenguaje de gran escala (LLM) estarán en un club exclusivo y estratégico, similar al de las potencias nucleares.
Rusia, asegura Vedyakhin, ya forma parte de ese grupo restringido de siete países que han logrado crear modelos de inteligencia artificial propios, sin depender de versiones extranjeras. Este avance, en el contexto geopolítico y tecnológico actual, no es menor. Como ocurre con los secretos de Estado, entregar datos confidenciales a modelos desarrollados fuera del país puede acarrear riesgos enormes, especialmente si se trata de sectores como la sanidad, los servicios públicos en línea o la educación.
Soberanía tecnológica y presión por avanzar
El discurso de Vedyakhin no es solo técnico, sino político. La soberanía digital se ha convertido en una bandera clave para el Kremlin. El propio presidente Vladimir Putin ha declarado recientemente que los modelos de IA nacionales son fundamentales para mantener la independencia del país frente a las potencias tecnológicas dominantes.
La presión para avanzar rápidamente es clara. Según Vedyakhin, Estados Unidos y China lideran esta carrera con una ventaja de entre seis y nueve meses, y cada día que pasa sin invertir en este campo significa retroceder mucho más que un simple día en términos de competitividad.
Sin embargo, el ejecutivo reconoce que alcanzar a estas potencias será muy difícil. Las sanciones impuestas por Occidente limitan el acceso de Rusia a componentes tecnológicos clave, como procesadores de alto rendimiento. Esto plantea un desafío estructural para el desarrollo de modelos avanzados, que requieren enormes cantidades de potencia computacional.
GigaChat y la estrategia de Sberbank
Sberbank, el banco más grande de Rusia, se ha transformado en una especie de laboratorio tecnológico con ambiciones propias en IA. Su modelo GigaChat 2 MAX ya se compara con ChatGPT 4.0, mientras que su nuevo desarrollo, GigaChat Ultra Preview, apunta a rivalizar con ChatGPT 5.0. Aunque estas comparaciones deben tomarse con cautela, marcan una declaración de intenciones clara: competir de tú a tú con los gigantes estadounidenses.
Parte de la estrategia incluye liberar algunos de estos modelos como código abierto, permitiendo incluso su uso comercial. Esta decisión tiene doble propósito: acelerar la innovación local y posicionar a Rusia como proveedor de herramientas avanzadas en el ecosistema global de IA, aún bajo presión internacional.
Costes energéticos y talento como alternativa
Desarrollar IA no solo implica codificar algoritmos; requiere infraestructura, energía y talento. Aquí surge otro de los grandes retos que Vedyakhin señala: la demanda energética. Se estima que Rusia necesitará invertir cerca de 570.000 millones de dólares en generación eléctrica y redes durante los próximos 16 años, solo para poder soportar el crecimiento que implica el desarrollo de IA a gran escala.
Mientras que potencias como Estados Unidos pueden compensar esta inversión con flujos de capital e innovación corporativa, Rusia apuesta a maximizar su capital humano: programadores, matemáticos e ingenieros que, según Vedyakhin, pueden lograr con ingenio lo que otros alcanzan con volumen.
Es una lógica parecida a la de una orquesta sinfónica con menos músicos, pero que ensaya con más disciplina. Para compensar la falta de medios, se necesita excelencia y coordinación, algo que Vedyakhin cree que el ecosistema ruso puede ofrecer.
¿Riesgo de burbuja tecnológica?
En contraste con otros países que están lanzándose de cabeza a invertir en infraestructura para IA, Rusia mantiene una postura más cauta. Vedyakhin advierte que el entusiasmo global por la inteligencia artificial podría derivar en una «burbuja» de expectativas e inversiones. Al ritmo al que avanza la tecnología, lo que hoy es vanguardia mañana puede quedar obsoleto. Invertir en exceso en infraestructuras que tal vez no se usen plenamente puede tener retornos inciertos o muy lejanos en el tiempo.
Rusia, sostiene, está relativamente protegida frente a este riesgo porque no ha destinado aún cifras desorbitadas. Ha preferido avanzar con pasos más medidos, apoyándose en sus recursos humanos y en una estrategia de desarrollo nacional.
Un nuevo paradigma tecnológico en disputa
El desarrollo de la inteligencia artificial ya no es solo una cuestión de eficiencia o innovación, sino de poder geopolítico. Vedyakhin lo describe como una nueva carrera armamentista digital, donde los países que no logren entrar a tiempo a este club de élite quedarán permanentemente rezagados.
Pero también plantea que el futuro de la IA puede alejarse del modelo dominante actual, basado en los transformadores preentrenados (GPT). El caso del proyecto chino DeepSeek, que en 2024 propuso una arquitectura distinta para el aprendizaje automático, es un ejemplo de que todavía hay margen para sorprender al mundo con nuevos enfoques.
Mientras tanto, Rusia avanza entre la presión de las sanciones, la ambición tecnológica y una creciente necesidad de consolidar su autonomía digital. Y lo hace con un objetivo claro: formar parte de esa nueva «élite nuclear» de la inteligencia artificial.
