El cometa interestelar 3I/ATLAS: un visitante antiguo y misterioso que no es una nave alienígena

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cometa interestelar 3I/ATLAS:

El cielo nocturno acaba de recibir una nueva visita que ha capturado la atención de astrónomos y curiosos por igual. Se trata de 3I/ATLAS, un cometa con una trayectoria que lo delata como un objeto interestelar, es decir, proveniente de fuera de nuestro sistema solar. Este descubrimiento ha generado no solo fascinación científica, sino también teorías extravagantes que NASA se ha apresurado a desmontar.

El objeto fue detectado en julio por uno de los telescopios del sistema ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System), ubicado en Chile. Desde entonces, se ha seguido de cerca gracias a diversos instrumentos, incluyendo los telescopios espaciales Hubble y James Webb. Su paso ha ofrecido una oportunidad única para estudiar de cerca una reliquia de otro sistema planetario.

Por qué sabemos que es un cometa y no una nave espacial

Ante la especulación pública sobre la posibilidad de que se tratara de una nave extraterrestre, NASA fue clara: no hay ninguna evidencia de tecnofirmas ni se han detectado patrones que sugieran un origen artificial. Como explicó Nicola Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas de la agencia, todo en el comportamiento de 3I/ATLAS apunta a un cometa convencional: una mezcla de roca y hielo que se evapora al acercarse a una estrella.

Tanto su forma, que parece casi esferoidal, como su cola de polvo y gas lo encajan perfectamente dentro de lo esperado para este tipo de cuerpos. Los científicos han identificado en su composición elementos comunes en otros cometas, como dioxido de carbono, agua, monóxido de carbono, cianuro y níquel. Este último ha resultado interesante por su abundancia, aunque no inédito, ya que también se detectó en el cometa interestelar anterior, 2I/Borisov.

Un cometa con historia antes del Sol

Uno de los aspectos más fascinantes de 3I/ATLAS es que probablemente sea más antiguo que nuestro sistema solar, formado hace aproximadamente 4.500 millones de años. Esto significa que estamos ante un fragmento helado que ha viajado por el espacio interestelar durante eones, portando consigo pistas sobre la formación de otros sistemas planetarios.

El hecho de que su composición tenga diferencias sutiles respecto a los cometas autóctonos sugiere que proviene de un entorno con condiciones químicas distintas. Es como si un viajero nos trajera una muestra de agua de un río de otro continente: similar en apariencia, pero con matices propios.

Su recorrido y lo que ha revelado

La trayectoria de 3I/ATLAS no encaja con las órbitas típicas de objetos ligados gravitacionalmente al Sol. Viene de un lugar desconocido del espacio y está en tránsito, con una ruta que lo llevará a alejarse nuevamente del sistema solar. Su aproximación más cercana al Sol ocurrió en octubre de 2025, y su momento más próximo a la Tierra se espera en diciembre, a unos 275 millones de kilómetros, lo cual representa una distancia segura.

Durante este tiempo, NASA ha utilizado más de una docena de plataformas para observarlo. Las nuevas imágenes divulgadas muestran al cometa con una envoltura difusa y brillante, conocida como coma, y su estela característica. La publicación de estas imágenes se había retrasado debido al reciente cierre del gobierno de EE. UU.

Lo que significa para la ciencia

3I/ATLAS se une a un club exclusivo de visitantes interestelares observados: 1I/’Oumuamua en 2017 y 2I/Borisov en 2019. Cada uno de estos objetos ha aportado nuevas preguntas y datos valiosos. Mientras que ‘Oumuamua generó muchas más dudas por su forma alargada y comportamiento inusual, ATLAS ha mostrado características más convencionales que refuerzan su identidad como cometa.

Este tipo de hallazgos refuerza la idea de que nuestro sistema solar no está aislado, sino que forma parte de un vecindario galáctico donde materiales, fragmentos y tal vez incluso semillas de vida viajan entre estrellas. El estudio de estos objetos permite comparar la química y la física de otros sistemas con el nuestro, y afina las herramientas que usamos para buscar signos de vida o de procesos planetarios comunes en la galaxia.

Una visión desde la Tierra hacia lo desconocido

Los científicos, como Chris Lintott de la Universidad de Oxford, han dejado claro que los componentes detectados en 3I/ATLAS no son nada fuera de lo común para un cometa. Lo que cambia es su procedencia. Es como encontrar una botella con un mensaje en una playa remota; el mensaje puede estar en nuestro idioma, pero el sello indica que fue lanzada desde un lugar muy lejano.

Este visitante interestelar se alejará pronto, dejando tras de sí una estela de datos y reflexiones. Y aunque no se trate de una nave alienígena, su presencia nos recuerda que el cosmos sigue siendo un lugar lleno de misterios por descifrar.