Durante mucho tiempo, el desarrollo de la inteligencia artificial ha estado centrado en lo digital: procesadores de texto, generadores de imagen, asistentes virtuales o sistemas predictivos. Sin embargo, una nueva etapa está tomando forma: la IA física, una corriente que busca dotar de cuerpo a las capacidades cognitivas de la IA. Esto implica que máquinas inteligentes puedan no solo pensar, sino también actuar en el mundo real, con movilidad, destreza y adaptación al entorno.
El concepto se está materializando en proyectos como los de Enactic, una compañía japonesa que ha desarrollado brazos robóticos entrenados mediante realidad virtual. En su visión, estos robots podrían encargarse de tareas cotidianas como lavar platos o poner una lavadora, aliviando la carga de trabajo en residencias de mayores con escasez de personal.
Robots que aprenden como humanos
Lo que distingue a esta nueva generación de robots no es solo su forma humanoide o su habilidad para caminar o levantar objetos. Su verdadero avance reside en su capacidad para aprender observando y practicando. Hiro Yamamoto, CEO de Enactic, explica que sus dispositivos «OpenArm» aprenden a ejecutar tareas tras apenas 30 a 50 demostraciones, combinando visión por computadora, comprensión del lenguaje y acción motora.
Este modelo de enseñanza recuerda a cómo aprendemos de niños: viendo a otros hacer algo, probándolo y ajustando nuestros movimientos. En lugar de programar cada acción de forma detallada, se entrena al robot mediante experiencias reales. Este aprendizaje práctico permite que las máquinas puedan actuar en entornos complejos como hogares o centros de cuidado, donde cada día es distinto.
Asia lidera la carrera de los humanoides
Japón y China están marcando el ritmo en esta nueva frontera tecnológica. Mientras Enactic apunta a implementar sus robots en residencias japonesas el próximo verano, empresas chinas como XPeng están sorprendiendo con demostraciones de humanoides que caminan y bailan de forma autónoma. Aunque aún no han mostrado una manipulación precisa de objetos complejos, la evolución es rápida.
El CEO de XPeng, He Xiaopeng, incluso sugiere que en unos años se venderán más robots que automóviles. A pesar de que hoy una sola mano robótica cuesta lo que el salario de varios años de un trabajador chino, la expectativa es que los costos bajen y la funcionalidad aumente. El co-presidente de XPeng, Brian Gu, afirma que, con suficiente entrenamiento, estos robots podrán asumir «casi cualquier rol humano», desde jardinero hasta cocinero.
Entre el entusiasmo y el escepticismo
Los videos virales de androides bailando al ritmo de Taylor Swift o cargando pesadas cajas pueden hacer que el futuro parezca a la vuelta de la esquina. Sin embargo, los desafíos técnicos siguen siendo significativos. Un ejemplo revelador fue el estreno fallido de un robot humanoide ruso que se cayó al intentar caminar sobre un escenario, mostrando cuán frágil puede ser la integración entre software e infraestructura mecánica.
Sara Adela Abad Guaman, profesora en la University College London, destaca que hay un desfase importante entre las capacidades de procesamiento de la IA y el diseño físico de los robots. «La naturaleza nos muestra que para adaptarse al entorno se necesita el cuerpo adecuado», señala, usando el ejemplo de una cabra montesa resbalando en el hielo. No basta con tener inteligencia; el cuerpo también debe ser eficiente.
Aprendizaje sobre el terreno
Tanto Enactic como otras startups, como la noruego-estadounidense 1X, están apostando por una estrategia basada en el aprendizaje en el trabajo. Es decir, utilizan robots teledirigidos por humanos en entornos reales para recopilar datos y afinar modelos de IA que luego podrán actuar de manera autónoma.
1X planea lanzar el próximo año su robot NEO para el hogar, aunque sus primeras pruebas no han sido del todo prometedoras: en una de ellas, el robot no lograba cerrar una puerta de lavavajillas, ni siquiera con asistencia remota. El camino hacia una asistencia robótica confiable está en marcha, pero los tropiezos siguen siendo parte del proceso.
Inversión y futuro del trabajo
El interés económico está creciendo rápidamente. Nvidia, una de las empresas clave en el desarrollo de chips para IA, y SoftBank, que recientemente adquirió ABB Robotics por 5.400 millones de dólares, han declarado su apuesta por la IA física como la próxima frontera.
Estas inversiones, sin embargo, despiertan preguntas inevitables sobre el impacto en el empleo humano. Aunque por ahora los robots son torpes comparados con nosotros, la posibilidad de que asuman tareas rutinarias plantea un reto social y económico importante. Aun así, como dice Abad Guaman, «nuestro sentido del tacto es incomparable», lo que sugiere que todavía hay espacios donde la intervención humana sigue siendo insustituible.
