Hallazgos bajo las olas: lo que tres naufragios revelan sobre el comercio en la Edad del Hierro

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La costa del Carmelo, en Israel, ha sido testigo de un descubrimiento que está transformando la comprensión del comercio en la Edad del Hierro. En el fondo de la laguna de Dor, un antiguo puerto que en su tiempo fue cruce de rutas entre egipcios, fenicios, asirios y babilonios, arqueólogos han localizado los cargamentos de tres barcos naufragados. Lo sorprendente no es sólo que se halló, sino que cada uno de estos pecios corresponde a una época distinta del período comprendido entre los siglos XI y VI a.C., ofreciendo una secuencia temporal casi narrativa de la evolución comercial en la región.

Los trabajos de excavación, llevados a cabo por equipos de la Universidad de California en San Diego y la Universidad de Haifa, combinaron tecnologías de punta como modelado 3D, imagen multiespectral y cartografía digital con las técnicas clásicas de la arqueología submarina. Aunque sólo se ha explorado cerca del 25 % del banco de arena que cubre la zona, los hallazgos ya revelan un panorama vibrante de actividad marítima.

Dor: un termómetro geopolítico flotante

Cada uno de los cargamentos hallados ofrece pistas claras sobre los cambios políticos y económicos que afectaron al puerto de Dor, actuando como si fueran cápsulas del tiempo de su contexto histórico. El pecio Dor M, datado en el siglo XI a.C., contiene jarras de almacenamiento y un ancla con inscripciones en escritura chipro-minoica, lo cual sugiere vínculos activos con Chipre y Egipto, además de conexiones con la costa fenicia. En esta etapa, Dor se muestra como un nodo comercial activo bajo influencias múltiples.

En cambio, el hallazgo Dor L1, que corresponde al periodo entre los siglos IX y VIII a.C., revela una situación distinta. Aunque todavía se encuentran jarras de estilo fenicio y cuencos de paredes delgadas, no hay evidencia clara de comercio con Chipre o Egipto. Esto coincide con estudios anteriores que indican una caída en las importaciones durante la dominación israelita, reflejando una etapa de aislamiento relativo o al menos de intercambio más local.

El más reciente y completo de los hallazgos, Dor L2, fechado hacia los siglos VII-VI a.C., muestra un escenario mucho más sofisticado. Incluye ánforas de estilo chipriota con asas tipo cesta (una de ellas contenía semillas de uva), un ancla con elementos de madera y plomo, y restos de hierro metálico y escoria de fundición. Estos últimos elementos indican una participación activa en el comercio de metales a gran escala, lo cual es coherente con el auge de la actividad bajo dominio babilónico o asirio.

Comerciantes entre imperios

El estudio de estos pecios ofrece una perspectiva valiosa sobre la dinámica cambiante de las rutas comerciales durante varios siglos. Lo que antes se deducía solo a partir de hallazgos terrestres o referencias textuales, ahora se confirma de forma tangible en el lecho marino. Dor, al pasar por distintas manos imperiales, parece haber actuado como un barómetro de la situación regional: cuando estaba en manos fenicias, florecía como punto de conexión internacional; bajo control israelita, su papel se replegaba hacia lo local; y con los imperios mesopotámicos, se transformaba en un nodo industrial-marítimo.

Un detalle clave en Dor L2 es la combinación de tecnología naval (como el ancla híbrida de madera y plomo) y evidencia de carga industrial. Este dato sugiere que las naves no solo transportaban bienes de consumo o alimentos, sino que formaban parte de una infraestructura logística de producción y distribución de metales, que podría compararse a las cadenas de suministro modernas. La presencia de semillas de uva en las ánforas refuerza la idea de un comercio diversificado, donde los productos locales se intercambiaban junto con materiales estratégicos.

Historia sumergida, tecnología emergente

Este proyecto también demuestra cómo la arqueología está evolucionando gracias a las herramientas digitales. Tecnologías como la imagen multiespectral permiten detectar residuos orgánicos, como las semillas, mientras que el modelado tridimensional facilita el análisis estructural de objetos sin extraerlos del entorno marino. A esto se suma el trabajo paciente de excavación tradicional, que sigue siendo esencial para interpretar el contexto de cada objeto hallado.

Los investigadores estiman que hay aún mucho por descubrir bajo la arena de Dor. Se espera encontrar restos de los cascos de los barcos, lo que permitiría entender mejor las técnicas de construcción naval de la época. Con cada nuevo hallazgo, se enriquece la historia de una región cuya importancia geoestratégica ha sido constante a lo largo de los siglos.