Polí­tica y Social media, cómo deberí­a ser esta relación

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No deja de resultar sorprendente el análisis de las tendencias, marcadas por los sucesos, que nos llevan a vislumbrar una única espiral conformada por los paradigmas tradicionales y los nuevos paradigmas sociales. Una espiral en la que, mientras la crisis estructural, sistémica y global, se consolida como una crisis provocada por el abuso y la vulneración de los valores inherentes a los seres humanos y últimos responsables de la convivencia pací­fica y eficiente de las sociedades, el mundo virtual vive su momento de esplendor y sigue caminando hacia un ciclo de maduración que aún no se vislumbra.
Dentro de las grandes contradicciones con las que enfrentamos ésta dicotomí­a entre el mundo real y el virtual, existen varios conceptos entre los que destaca la confianza o más bien, la falta de confianza.
Una falta de confianza que ha acrecentado la debacle que se vive en la vieja economí­a y que ha alcanzado su grado máximo de exposición pública tras el salto de la sociedad que construye el entramado social al mundo real.

Un proceso que comenzó con el mí­tico “Yes We Can” utilizado por Obama en su carrera hacia la Casa Blanca y que vive la debacle definitiva de la clase polí­tica a través del rechazo social hacia los gobernantes que subyace en cada marcha pací­fica, cada pancarta abogando por democracias 2.0 y cada tienda de campaña donde las personas depositan la confianza de lograr un orden social más horizontal en el que no se tenga que luchar por derechos logrados por generaciones anteriores.

La clase polí­tica se ahoga en un mar de rechazo y desconfianza que amenaza con mantener la senda ascendente en el rechazo en tanto en cuanto, la clase polí­tica no sea capaz de mantenerse alejada de la corrupción, la especulación y el abuso continuado de las sociedades que los alimentan.

Resulta ciertamente confuso que en un ciclo en el que los social media alcanzan un nivel óptimo en términos de medición de la fidelidad, la reputación y la confianza, la clase polí­tica sigua siendo incapaz de tomar el pulso al peso especí­fico de la sociedad 2.0.
Acuñado para la historia, el concepto Spanish Revolution, no sólo marca un antes y un después en la integración de “ambos mundos”, sino que supone un desafí­o ineludible para la clase polí­tica”¦ ciertamente no se podrá evitar el tránsito hacia la democracia social y horizontal que busca, simplemente, rescatar conceptos como justicia, reparto eficiente de recursos y protección social.
La clase polí­tica ha errado en sus estrategias de marketing polí­tico, más que errar no le tomó el peso especí­fico a las plataformas sociales. Escándalos como el vivido de la mano del FMI llevan a la polí­tica al abismo de la falta de confianza y el mantenimiento del poder bajo la amenaza constante de sociedades cada vez más unidas y exigentes.
El marketing polí­tico ha sido hasta el momento ineficiente y, aunque la ciencia polí­tica es esencial para el orden social vigente en el momento actual, éste, el orden social ya ha iniciado el cambio.
Las sociedades hoy, encuentran en las redes sociales la fortaleza del grupo y con ella, la defensa de la ética y el retorno hacia una acepción más cercana a la ciencia, son exigencias que trasladan a una clase polí­tica que sigue ejecutando y operando bajo esquemas verticales que han quedado obsoletos.
Promesas incumplidas que pretenden minimizarse con un golpe de impacto y que no sirven al presidente de los estados Unidos para lavar su imagen ante quienes depositaron su confianza en el Yes We can cuando estamos ad- portas de dar por finalizado el periodo de gobierno y se ha tomado conciencia que, en realidad era No We Can´t.
La clase polí­tica ha visto despertar a los catalogados como “nini” a los acongojados desempleados y desalojados”¦ la clase polí­tica enfrenta la humillación pública a la que la expone el valor de las sociedades que ”“ a pesar de ser las grandes damnificadas de la crisis- logran a través de la fortaleza construida sobre la confianza, la calidad y el respeto, la fuerza suficiente para decir No.
Ejercicio de introspección y necesidad de hacer una vuelta a los orí­genes, la filosofí­a, la justicia y la sociedad, son esenciales para rescatar el concepto compromiso del abismo y situarlo en el primer objetivo de la polí­tica. Las redes sociales ya no desaparecerán y las sociedades ya no permanecerán más en anonimato, el marketing polí­tico tiene ante si el gran desafí­o de dejar atrás la protección de la manipulación subyacente en los medios tradicionales para ahondar en los preceptos a través de los cuales se construyen entramados eficientes que arrojan un nuevo orden social, mucho más justo y más cercano a lo que se enseña en la Universidad donde la ciencia polí­tica sigue centrada en teorí­as totalmente utópicas.
Finalmente es esencial que la clase polí­tica tenga presente que los medios sociales pueden ser grandes aliados pero también enemigos feroces incapaces de oculta la falta de confianza y muy eficientes en el relación a la gestión de la reputación. Y ésta, la reputación”¦ sigue siendo hoy el principal desafí­o para la polí­tica. Ninguna estrategia de marketing puede ”“ por muy eficiente que sea- minimizar el impacto de la falta de confianza y la ausencia de cumplimiento en los compromisos adquiridos.

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